Desafíos de la revolución digital
Álex Puig: "La inteligencia artificial camina rápido, pero la confianza todavía no está lista"
El experto en tecnología y ex-pionero de la blockchain en España advierte de que sin mecanismos sólidos de confianza la IA no podrá desplegar todo su enorme potencial económico y social
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Álex Puig, fundador de Context Protocol y experto en IA y tecnologías emergentes. / CEDIDA

La inteligencia artificial (IA) avanza a una velocidad sin precedentes, transformando desde servicios públicos hasta procesos productivos empresariales. Sin embargo, Álex Puig, experto en tecnologías emergentes, nos cuenta en una entrevista con EL PERIÓDICO que el mayor desafío ya no es tanto la capacidad técnica, sino la confianza estructural que debe sostener esta transformación.
Puig, con más de una década vinculado a la construcción de ecosistemas tecnológicos basados en blockchain y gobernanza digital, sostiene que la IA está entrando en una fase en la que sus aplicaciones se multiplican, pero también lo hacen las dudas sobre seguridad, veracidad y responsabilidad.
"El progreso tecnológico tiene que ir acompañado de mecanismos que permitan verificar quién hace qué y con qué intención", afirma Puig, destacando que sin esa capa de confianza la IA corre el riesgo de convertirse en una "caja negra" que genere efectos no deseados.
Confianza y riesgo en la IA
La posibilidad de que agentes de IA actúen de forma autónoma plantea preguntas no solo técnicas, sino también económicas y sociales. En el ámbito empresarial y público, los modelos generativos ofrecen beneficios evidentes (automatización, ahorro de costes y personalización de servicios), pero también requieren marcos que garanticen transparencia y responsabilidad.
De hecho, un estudio y análisis de KPMG sobre la adopción de IA ponen el acento en la confianza como factor crítico: solo cerca del 49% de las personas están dispuestas a confiar en sistemas de IA sin garantías claras de transparencia y supervisión, según datos recientes de un informe internacional sobre actitudes y confianza en la IA.
Desde la Administración pública española se han dado pasos hacia la regulación responsable de la IA. El Gobierno está impulsando entornos como el Sandbox de IA para probar soluciones en un contexto controlado, lo que busca facilitar la innovación sin perder de vista la supervisión y el cumplimiento de requisitos de alto riesgo establecidos por el marco regulatorio europeo.
Además, la creación de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) pone el foco en garantizar el uso seguro y ético de estas tecnologías.
El desafío de los agentes autónomos
Para Puig, la próxima frontera en IA son los agentes autónomos. Es decir, sistemas de IA que toman decisiones, interactúan con otros agentes o usuarios y ejecutan tareas de forma independiente. Este fenómeno, que ya empieza a visualizarse en iniciativas globales de grandes tecnológicas, obliga a repensar las reglas de confianza y responsabilidad.
La capacidad de un agente de IA para actuar en un entorno económico o social exige que podamos verificar su identidad, sus intenciones y su comportamiento de manera fiable
Según Puig, sin una infraestructura robusta de verificación y trazabilidad la economía digital basada en IA podría fragmentarse, enfrentando tensiones entre la protección de datos, libertad de innovación y seguridad operativa.
Y es que estamos en un momento en donde, con todo este contexto, está aumentando el potencial de fraudes y ciberataques. Según un estudio de PwC, casi nueve de cada diez inversionistas (88%) coinciden en que las empresas deberían aumentar su inversión en ciberseguridad. Y la IA eleva aún más la apuesta: reduce las barreras para los atacantes, pero también puede reforzar las defensas mediante la detección inteligente y la respuesta automatizada.
España y Europa en la carrera de la IA
Mientras Estados Unidos, China y otras potencias tecnológicas compiten por liderar en capacidades de IA, la Unión Europea apuesta por un enfoque más prudente y regulado. Esta visión prioriza la ética y la gobernanza por encima de la simple competitividad, lo que puede convertirse en una ventaja si se traduce en entornos de confianza que faciliten la adopción empresarial.
Según Puig, este enfoque permitirá que tecnologías complejas, como los agentes de IA, sean "más accesibles y seguras" para sectores críticos como la salud, finanzas y servicios públicos. La confianza no es un añadido opcional, sino una pieza estructural para sostener el crecimiento tecnológico y su impacto económico.
La IA no es solo una cuestión de potencia computacional o modelos sofisticados. Es, fundamentalmente, una historia de confianza, responsabilidad y gobernanza. Ese equilibrio determinará si esta nueva revolución digital cumple sus promesas o si, por el contrario, se queda en un potencial mal aprovechado.
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