Empresas
Soberanía económica: cómo un patrón vasco francés ha conseguido que su empresa pueda venderse o deslocalizarse
A las puertas de la jubilación, Michel Etchebest ha creado una fundación para que la compañía Artzainak, que fabrica piezas para la aeronáutica, para mantener su continuidad

Michel Etchebest, a la derecha, durante una entrega de premios. / El Periódico
Para evitar cualquier deslocalización, un empresario vasco ha cedido gratuitamente su empresa industrial a una fundación accionista, un modelo muy arraigado en el norte de Europa pero todavía incipiente en Francia, donde la venta de activos estratégicos a grupos extranjeros ha generado polémica recientemente. Artzainak, que produce entre otras cosas piezas para la construcción aeronáutica, está valorada entre 20 y 25 millones de euros, pero su fundador, Michel Etchebest, de 64 años, ha renunciado a ese maná. Desde ahora, al estar controlada mayoritariamente por una fundación, la empresa ya no puede venderse. "Cada cual tiene sus convicciones: yo tengo una jubilación decente, me basta para vivir", subraya Etchebest.
Este exalcalde de Mauléon-Licharre (en el departamento de los Pirineos Atlánticos), un municipio de 3.000 habitantes, instaló allí la sede social de la compañía, que emplea a 250 trabajadores en siete filiales implantadas en un radio de 80 kilómetros. A la hora de jubilarse, el sexagenario ha cedido el 76% de las participaciones del grupo -con 40 millones de euros de facturación anual- a una fundación accionista "para ponerse a salvo de la depredación" de inversores o de grandes grupos industriales extranjeros, y evitar cualquier deslocalización de empleos esenciales para los territorios rurales.
"En nuestro valle de montaña, tenemos la obligación de un desarrollo endógeno", considera el empresario, aludiendo al impacto económico de los "600.000 euros en salarios y cotizaciones" que se pagan cada mes. Reconocida de utilidad pública por decreto publicado el 5 de diciembre, la Fundación Artzainak hace que la empresa sea "inalienable y no deslocalizable", y asegura una "misión filantrópica" apoyando iniciativas con un impacto duradero en el territorio y sus habitantes.
Filosofía
En 1985, Michel Etchebest había fundado su primera empresa "para vivir y trabajar en el país". Cuatro décadas después, no ha cambiado de filosofía, afirma, en un momento en el que otros toman decisiones distintas. A unos 50 kilómetros de allí, Lauak, subcontratista de primer nivel de la industria aeronáutica, pasó el año pasado a manos indias al vender el 51% de su capital a un gigante del sector, Wipro, lo que suscitó inquietud por el futuro del empleo local.
A finales de enero, el visto bueno del Estado a la venta de LMB Aerospace -fabricante de Correze de ventiladores para los aviones de combate Rafale y, entre otros, para submarinos nucleares- provocó críticas. "Imaginen la decisión de un consejo de administración en Bangalore o en cualquier otro lugar, después de dos o tres años de malos resultados o de pérdidas en una pequeña filial del País Vasco", comenta Etchebest, a quien le hicieron falta tres años "y mucha energía" para asegurar el futuro de Artzainak, mientras recibía cada semana propuestas de inversores o competidores.
Para Eeva Nordstrom, directora del área de fundaciones accionistas en la consultora especializada Prophil, la patronal francesa todavía muestra reticencias hacia este modelo, "principalmente por desconocimiento". Mientras Dinamarca o Alemania cuentan con un millar de fundaciones accionistas, "en Francia solo se contabilizan entre 30 y 40, con participaciones de peso variable", indica.
En Dinamarca, el 70% de la capitalización bursátil del país estaba compuesta en 2017 por empresas propiedad de fundaciones accionistas, entre ellas gigantes como Novo Nordisk, Carlsberg o Maersk. Según un estudio de KPMG, de aquí a 2033, la mitad de las empresas de tamaño intermedio (ETI) en Francia estará en situación de relevo/traspaso. En ese contexto, las fundaciones constituyen una "vía alternativa pertinente" para preservar empleos, pero también "valores, una visión, una historia", opina Nordstrom. "Es un reto enorme para el tejido industrial francés del mañana", agrega.
El grupo farmacéutico Pierre Fabre, pionero en la materia, está controlado mayoritariamente por una fundación reconocida de utilidad pública que posee el 86% del capital desde hace más de 10 años, y actúa para mejorar el acceso a la salud en una veintena de países. Con 3.000 millones de euros de facturación en 2025 y más de 10.000 empleados, de los cuales 6.000 en Francia, es el "único gran grupo francés que ha adoptado este esquema, sin que haya sido imitado", señala Pierre-Yves Revol, presidente de esa fundación, que asegura comprender la cautela de dirigentes que tendrían miedo de perder la capacidad de gestionar el grupo.
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