Opinión | Liderazgo político
Y usted, ¿de quién de ellos se fía más?
Generar confianza y empatía sirve tanto para el éxito empresarial como para el político y el personal. En tiempos acelerados y confusos, los liderazgos sólidos son más necesarios que nunca

De izquiera a derecha y arriba abajo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Emmanuel Macron, presidente de Francia; Giorgia Meloni, primera ministra de Italia; Friedrich Merz, canciller de Alemania; Pedro Sanchez, presidente del Gobierno de España y Donald Tusk, primer ministro de Polonia.
En el número de ‘activos’ de esta semana, Daniel Romero-Abreu reflexiona sobre la necesidad de recuperar la confianza, la necesidad de generar empatía, de que el liderazgo consiste tanto en saber como en reconocer aquello que no se sabe, de diferenciar la relación los medios de comunicación o con los seudomedios que no distinguen entre información y propaganda.
Si en el pasado interesaba qué hacía una empresa, explica el presidente de la consultora estratégica Thinking Heads, luego importó el cómo y ahora el quién. Acostumbrado a tener como clientes y a conocer a pensadores, políticos y empresarios de todos los colores, reconoce muy bien quién es flor de un verano y quién mantiene una solidez argumental en el tiempo. Algo que también pasa, por cierto, en el ámbito artístico, empezando por la música.
El nivel reputacional de una compañía depende también de la persona (¡y de los accionistas!) que la dirige y de quien la financia. No tiene nada que ver tener detrás de la empresa a una familia que un fondo de capital riesgo con sede en un paraíso fiscal o a un jeque de una dictadura del golfo Pérsico. Todo acaba afectando.
La relevancia de quién hay detrás del negocio no es un tema nuevo. Ha funcionado siempre en los pueblos y en los barrios. En el comercio de toda la vida, en la panadería o pastelería, siempre vendía más quien caía mejor, quien tenía mejor reputación, quien generaba confianza. No solo era el producto que ofrecía. Si no, piense en las dificultades que supone abrir mercado en otro sitio, ya sea en otra población, provincia o país. Las artes de la diplomacia empresarial han sido ampliamente estudiadas. Ser el más sabio e inteligente no es suficiente; hay que saber adaptarse.
En las grandes multinacionales cotizadas, aquellas cuyo accionariado está atomizado en cientos de fondos y cuya gobernanza se deposita en un presidente ejecutivo o consejero delegado, el primer directivo es el responsable de dar la cara. La historia de General Electric, el holding que llegó a ser la empresa más admirada del mundo en la última década del siglo pasado, cambió el día que abandonó la presidencia el carismático Jack Welch. Su error, curiosamente, el nombramiento de su sucesor. En el examen que un consejo de administración de una gran empresa realiza a un candidato a liderarla no solo se observan los elementos técnicos; también, sin necesidad de llegar a la intimidad, los personales que, en la mayoría de las ocasiones, tienen que ver con la educación recibida.
En un mundo acelerado, ruidoso, altamente competitivo, sujeto a la dependencia cada vez mayor, adictiva y enfermiza, a las redes, la imagen que desprende el líder (o lideresa) ante la sociedad y los grupos de interés puede definir la ruta de la empresa. Un mal paso, un error, por tonto que pueda parecer, puede amplificarse y manipularse a través de cualquier red informativa.
A la apelación a mantener un equilibrio entre las virtudes cardinales clásicas (prudencia, templanza, justicia y fortaleza) para dirigir equipos y tomar decisiones se le une la capacidad de contar interna y externamente la visión y la misión de la empresa. Tanto para dar buenas como malas noticias, con guante de seda o con el cuchillo entre los dientes, el buen líder debe generar credibilidad y solidez. Hablar claro. Enseguida se pilla al gurú de turno que vende humo o al que amaga su inseguridad con sonrisa reptiliana.
Sin generar confianza no hay éxito. Ni en el terreno personal ni en el profesional ni a nivel de ciudadanía. Repito siempre las cinco preguntas que recomiendo antes de ir a votar a alguien: ¿iría con esta persona a un viaje de alto riesgo? ¿Haría negocios con él/ella? ¿Le dejaría dinero prestado? ¿Le dejaría a sus hijos/nietos para que los cuidara 24 horas? ¿Se iría a cenar o de copas? Mire a su alrededor y aplíquelo a sus relaciones en varios ámbitos. Y piense, también, cuántas veces se ha equivocado y le han dado agua por vino. «Con lo bien que me caía...»
En tiempos de zozobra a nivel mundial, con la sensación de que Europa sigue siendo el queso del sándwich que va camino de fundirse, ¿a quién se valora más? ¿Al líder que, desde la incorrección política, dice hablar en nombre del "pueblo" manifestando su presunta autenticidad? ¿O al que, desde el sosiego y el análisis, prefiere contar las verdades sin necesidad de levantar la voz? ¿Existe un camino medio para cruzar con éxito las alambradas cada vez más altas que nos van instalando los matones, ayatolás, talibanes y dictadorzuelos de nuestro planeta? En la foto que encabeza esta página se reflejan los principales líderes políticos de la UE, teniendo en cuenta los más poblados más la presidenta de la Comisión Europea. Sus liderazgos son muy distintos y sus problemas diversos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Llega a España un nuevo fármaco para el tratamiento del TDAH en niños y adolescentes
- Protección Civil enviará un ES-Alert esta tarde para informar de las medidas activadas por el episodio de viento
- Renfe despide a una trabajadora que buscaba trenes retrasados para quedarse con las indemnizaciones sin reclamar
- Miguel Ángel, jubilado de 78 años: 'Comparto piso desde hace seis años porque cobro 650 euros al mes
- Francesco Tonucci, pedagogo: 'La escuela está ocupando todo el tiempo de los niños, hay demasiadas horas de colegio
- Los propietarios de viviendas en alquiler deberán asumir los gastos de mantenimiento
- Barcelona inicia las obras de su primera rampa mecánica que estrenará en verano de 2027
- Alerta del sector de la dependencia: 'El sistema no está preparado para el impacto demográfico que se avecina
