ENERGÍA
España se abraza al petróleo y al gas de Trump
Estados Unidos refuerza su papel como principal proveedor de crudo de la economía española y segundo mayor suministrador de gas en el caótico año del regreso a la Casa Blanca del presidente ultra y en plena crisis atlántica
La UE 'pactó' con Washington compras de gas y crudo por más de 750.000 millones de dólares en los próximos tres años para contener la amenaza de nuevos aranceles, pero ahora Bruselas plantea diversificar los suministros con otros países tras la escalada de tensión por Groenlandia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Europa Press/Contacto/Kent Nishimura - Pool via CN

España ha redibujado su mapa energético en los últimos años. El doble terremoto que supuso la crisis energética -primero- y las nuevas y variadas tensiones geopolíticas -después y aún ahora- han provocado una sacudida del puzle comercial de los hidrocarburos en toda Europa, de la que España no ha sido ajena. Una reconfiguración que se ha traducido en un peso cada vez mayor de las importaciones de petróleo y de gas natural procedentes de Estados Unidos. Un peso que se ha visto reforzado durante el caótico primer año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
La dependencia española de las compras de crudo y gas norteamericanos se ha consolidado durante el agitado 2025, en plena crisis atlántica por las continuas amenazas arancelarias de Washington, y con los acuerdos comerciales casi impuestos a la Unión Europea para evitarlas, con repercusiones también en lo energético. Estados Unidos se ha asentado como principal suministrador de España de petróleo y como segundo mayor proveedor de gas natural, confirmando una relevancia que arrancó ya con la crisis energética y con pocos visos de que vaya a aplacarse siquiera a medio plazo.
Estados Unidos ha pasado en poco más de una década de tener que comprar petróleo y gas a otro países (lo que condicionaba, y mucho, los objetivos de su política exterior desde siempre) a ser uno de los grandes exportadores del planeta de ambos hidrocarburos (lo que sigue teniendo una incidencia crucial y directa en su política internacional, y más en la nueva ‘era Trump’ de diplomacia agresiva, autoritaria, y con ansias de tener un mayor control sobre el comercio energético, como se ha demostrado con el ataque militar en Venezuela y el protectorado impuesto sobre Caracas).
La revolución del polémico ‘fracking -una técnica de extracción de gran impacto ambiental- permitió a EEUU aprovechar sus enormes reservas de los hidrocarburos no convencionales (shale oil y shale gas). Y ahora la Administración Trump pretende disparar la producción de petróleo y gas abriendo por completo el grifo de las autorizaciones de exploración que se entrecerró durante el mandato de Joe Biden. Al grito de drill, baby, drill (perfora, cariño, perfora), esgrimido con insistencia por el propio Donald Trump antes y después de las últimas elecciones, Estados Unidos busca abrir una nueva etapa con mayor producción y dominio comercial en el mercado comercial. De comprador a gran vendedor de crudo y gas en tiempo récord. Un giro en el que se han embarcado de lleno las compañías energéticas que operan en España.
De la nada a ponerse en cabeza
Hace una década no llegaba ni una gota de petróleo estadounidense a las refinerías españolas. Ni a ninguna otra fuera de las fronteras de EEUU. Fueron cuatro décadas de veto a las exportaciones, desde la crisis del petróleo de 1973, que no se levantó hasta 2015. El primer barco con crudo norteamericano atracó en España ya en 2016, pero durante los primeros años las importaciones eran casi testimoniales. En plena crisis energética, poco después de la invasión militar rusa sobre Ucrania y con las primeras sanciones de la UE que ya vetaban las compras del crudo a Rusia para cortar la financiación del Kremlin, la avalancha transatlántica de crudo se desbocó. Estados Unidos en 2023 ya se convirtió en el principal proveedor de crudo de la economía española, desbancando del liderato a Nigeria. Y así sigue.
En los últimos doce meses los envíos de petróleo de Estados Unidos a España superaron los 9 millones de toneladas, un 13% menos que el máximo histórico alcanzado el año anterior con más de 10 millones de toneladas, según los registros de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), con datos del año móvil entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025, los últimos disponibles a la espera de la información del año 2025 completo que se publicarán en los próximos días. Pese al descenso, en el marco de un recorte general de las llegadas de crudo al país, Estados Unidos se asienta como principal suministrador concentrando un 15% del total de las importaciones españolas de crudo, por delante de Brasil (cerca del 14%), México (13%) y Nigeria (10%). Repsol es el principal actor importador de crudo norteamericano con destino a sus refinerías españolas.
Tras la sacudida en el sector petrolero global por la guerra de Ucrania y con Europa cerrando sus puertas al petróleo ruso, España ha encontrado al otro lado del Atlántico a sus nuevos proveedores de crudo de referencia. No sólo en EEUU, de hecho. Las importaciones de crudo procedentes de toda Norteamérica y de América Latina concentran desde hace dos años más de la mitad de todas las compras del país. Casi cuatro años después sin llegar (oficialmente) una gota de crudo ruso a España, la importancia del continente americano como proveedor de crudo ha ido creciendo de manera constante, con un peso del 28% de todas las importaciones en 2021, del 37% en 2022 y del 46% en 2023, hasta convertirse origen mayoritario en los dos últimos ejercicios.
Avalancha de gas
La Unión Europea ha conseguido aprobar una prohibición total de las importaciones de gas ruso que se completará en 2027. Los estados miembros están cortando el grifo de manera acelerada como medida de presión al Kremlin, en el marco de las sanciones comunitarias al Gobierno de Vladímir Putin por la invasión de Ucrania. Y eso está suponiendo un revulsivo para incrementar las compras de gas natural licuado (GNL), el que se transporta por barco, procedente de Estados Unidos.
La antigua dependencia que tenía Europa del gas ruso (Rusia concentraba un 45% del total de las importaciones de gas de la UE antes de la invasión militar de Ucrania) se está diluyendo, y ahora los Estados Unidos de Trump ya copan más de un tercio de todas las importaciones europeas de gas natural y más de la mitad del volumen de llegadas del GNL que llega en buques metaneros. Y en este contexto, España ha disparado las importaciones de gas estadounidense en el último año, hasta duplicarlas.
Las compañías energéticas españolas dispararon hasta los 111.660 gigavatios hora (GWh) las compras de gas procedente del imperio norteamericano en 2025, un 98% por encima de los 56.435 GWh de 2024, según los datos de Enagás, gestor del sistema eléctrico y gestor de las grandes infraestructuras gasistas. Estados Unidos se confirma así como segundo mayor proveedor de gas natural de España, con un 30% del total de las llegadas (frente al 16,6% de 2024), y solo por detrás de Argelia, origen de un 34,5% de todo el gas que llega a España e histórico principal suministrador por el gasoducto submarino que une ambos países por el Mediterráneo. .
Las empresas españolas se preparan para el veto total al gas ruso y el año pasado ya redujeron con fuerza las compras: las importaciones desde Rusia cayeron un 41% y ahora representan solo un 11% del total del gas recibido el año pasado (frente al 21% del ejercicio previo). Los grupos energéticos toman posiciones de cara al futuro. Naturgy, principal importador de gas del mercado español y hasta ahora también el mayor comprador nacional de gas ruso, firmó el pasado noviembre un ‘megacontrato’ con la estadounidense Venture Global para importar un millón de toneladas de gas natural licuado al año durante las próximas dos décadas.
El negocio de la reventa
No todo este gas se queda para su consumo en España, que es un gran centro de reventa de gas a otros países. Un gran negocio que las compañías energéticas ahora buscan relanzar gracias a las grandes infraestructuras (gasoductos de conexión internacional y plantas de regasificación). En plena avalancha de gas desde Estados Unidos y a las puertas del veto total a las compras de gas a Rusia, las reexportaciones desde España vuelven a crecer, y se empieza a revertir el batacazo sufrido con el fin de la crisis energética tras registrar varios años marcando máximos históricos.
Las reexportaciones de gas desde España alcanzaron el año pasado los 40.488 GWh, con un incremento del 17,3% en relación al ejercicio anterior, según los registros provisionales de cierre anual de Enagás. La reventa de gas a otros países sufrió una fortísima caída en 2024, con 34.506 GWh reexportados y un descenso del 54% desde los récords del año previo, y registrando el peor dato desde el negro 2020, marcado por el frenazo económico provocado por la pandemia. España ahora toma posiciones para volver a erigirse en un centro relevante en el mapa comercial en un momento de cambios de calado en el sector internacional, con especial impacto en el caso de Europa.
Choque atlántico
Tras meses de amenazas recurrentes de imponer altos aranceles de manera generalizada a productos europeos, el Gobierno de Trump accedió a rebajar las tasas de castigo (no a eliminarlas, sino recortarlas del 30% al 15% con carácter general) a cambio de varias cesiones por parte de la Unión Europea que incluían la compra masiva de hidrocarburos norteamericanos durante los próximos años. El compromiso europeo pasa por la adquisición de petróleo y gas por un importe de 750.000 millones de dólares en tres años (unos 628.000 millones euros al tipo de cambio actual).
La crisis atlántica continúa, ahora a cuenta de las pretensiones de EEUU de anexionarse Groenlandia “por las buenas o por las malas”. Está por ver cómo evoluciona el choque en los próximos meses y si se confirma una incipiente unidad y firmeza de los países europeos para plantarse y dar respuesta a la Casa Blanca con medidas comerciales y económicas. De momento está vigente ese acuerdo -negociado y firmado muy en línea con la deriva autoritaria de Trump-, lo que en princiio augura un peso creciente de las importaciones desde EEUU durante lo que queda de segundo mandato presidencial. Y en la que no es previsible que España pudiera ser una excepción.
Sin embargo, la escalada de tensión a cuenta de Groenlandia y el miedo a simplmente sustituir una dependencia energética (con Rusia) por otra (con Estados Unidos) está llevando a Bruselas a anticipar la necesidad de diversificar aún más el origen de los suministros de hidrocarburos y ampliar las llegadas desde otros países. El comisario europeo de Energía, el danés Dan Jorgensen, advirtió esta semana de que Groenlandia ha sido una "llamada de atención muy seria" y que, aunque a corto plazo Europa seguirá necesidando el GNL norteamericano, el objetivo debería pasar por reforzar alianzas con otros países, como Canadá, Catar y algunos del norte de África.
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