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Perfil

¿Quién es Kevin Warsh, el favorito de Trump para presidir la Reserva Federal?

Este abogado de formación, de 55 años, ya fue gobernador del banco central con George W. Bush y es un fiel defensor de la política económica de Trump

Trump propone a Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal de EEUU

Kevin Warsh.

Kevin Warsh. / KEVORK DJANSEZIAN / AFP

Idoya Noain

Idoya Noain

Nueva York
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En 2017, cuando Donald Trump buscaba el relevo para Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, uno de los “finalistas” en su proceso de selección fue Kevin Warsh, antiguo gobernador en el banco central estadounidense. Tras su paso por la institución se convirtió en un crítico y a la vez fue consolidando un perfil que incluye estrechos vínculos tanto con los republicanos como con Wall Street.

Una de las cartas que jugó entonces en contra de Warsh fue su edad, porque tenía 47 años y a Trump le dio la impresión de que “tenía un aspecto demasiado joven”. El republicano acabó optando por Jerome Powell. Este viernes, y tras más de un año asediando con sus críticas y presiones a ese elegido, después de meses alimentando el suspense sobre su sucesión, Trump ha anunciado con un mensaje en Truth Social a Warsh, ahora de 55 años, como su escogido para presidir la Fed. 

El 'casting', una idea heredada de sus años de televisión, que Trump suele invocar para presentar como perfectos para los cargos a sus elegidos, ha acabado. Aunque el nombramiento de Warsh aún debe ser ratificado por el Senado —donde algunos republicanos se niegan a votar mientras siga abierta la investigación del Departamento de Justicia a Powell y no se aclare el intento de Trump de apartar a la gobernadora Lisa Cook—, todas las miradas se dirigen ya hacia este abogado de formación (como Powell), que siempre aspiró a llegar al lugar al que Trump ahora lo eleva.

Formación y contactos

Warsh nació en Albany, capital del estado de Nueva York. Hijo de un fabricante de uniformes escolares, fue a un instituto público antes de estudiar en la Universidad de Stanford, donde se graduó en 1992 con honores con un título de Políticas Públicas. Allí, según su entorno, demostró sus talentos para hacer 'networking' que le permitía llegar a sitios donde había gente que podía ayudarle. Una vez dentro, impresionaba.

Warsh estudió luego Derecho en Harvard y en 1995 empezó como banquero de inversión en Morgan Stanley, hasta que en 2002 fue fichado para trabajar en la Casa Blanca de George W. Bush.

Ese mismo año se casó con Jane Lauder, hija del empresario Ronald Lauder, heredero del emporio cosmético Estée Lauder, que además de gran donante republicano fue compañero de clase de Trump en Wharton y es quien, según libros e informaciones, plantó en la cabeza del mandatario la idea de hacerse con Groenlandia

Bush y la Fed

Bush nombró a Warsh para la junta de gobernadores de la Fed en 2006, y a los 35 años se convirtió en el miembro más joven de la historia. 

Durante todo el tiempo que permaneció allí, hasta 2011, estuvo siempre al lado de Ben Bernanke y fue uno de sus más estrechos asesores durante la gran crisis de 2008. Aprovechando sus buenas relaciones actuó como emisario tanto en Wall Street como con el Congreso y se hizo tan imprescindible que nada se movía en las cámaras sin pasar por él. 

En esa época coordinó la respuesta política y jugó un papel relevante en el rescate de la aseguradora AIG y en la coordinación de la adquisición de Bear Stearns por parte de J.P. Morgan Chase.

Al salir del banco central fue inversor junto al influyente gestor Stan Druckemiller y también empezó a colaborar con el laboratorio de ideas conservador Hoover Institution y con Stanford.

Evolución

Lo más interesante de Warsh a la luz del papel para el que Trump le ha elegido es la evolución de sus ideas, y su discurso, en lo que respecta al banco central y la política monetaria.

En 2010, cuando era aún gobernador y algunos republicanos decían que la Fed estaba con sus tipos bajos ayudando a Barack Obama a financiar grandes déficits, pronunció un discurso titulado 'Oda a la independencia' en el que dijo que “cualquier intento de influir de manera indebida en la conducción de la política de la Fed obtendría una reprimenda contundente y enérgica de cargos de la Fed y participantes del mercado. La única popularidad que los banqueros centrales deben buscar, si es que hay alguna, es en los libros de historia”.

En ese mismo discurso dijo que la credibilidad de la Fed exige “una independencia feroz de los vaivenes de Washington” y antes de abandonar el cargo también proclamó que “la Reserva Federal no es el taller de reparaciones de fallidas políticas fiscales, comerciales o regulatorias”.

Una vez que salió de la junta, no obstante, su crítica a la Fed ha sido constante. Ha pasado además 15 años cultivando círculos cercanos a Trump y alabando la agenda del republicano. Y desde el retorno de Trump a la presidencia ha alzado su voz de forma que hace eco a la del presidente.

En discursos o columnas de opinión, por ejemplo, ha acusado a los banqueros centrales de usar la carta de la independencia para protegerse de errores, proclamando que “no deben ser príncipes mimados” y ha sostenido que merecen “deshonra” por no haber logrado contener la inflación.

Política monetaria variable

Si bien tradicionalmente fue un halcón, partidario de tipos más altos para controlar la inflación, cada vez se alinea más con Trump, que ha llegado a decir que los tipos deberían estar al 1% (en vez de cerca del 3.6% actual).

Warsh defendía este verano, en una entrevista televisiva, que la Fed, al permitir que se disparara la inflación entre 2021 y 2022, “cometió el mayor error en política macroeconómica en 45 años, que dividió al país”. Ha criticado duramente la expansión del balance del banco central con la compra de 6.600 millones de dólares en bonos del Tesoro y títulos hipotecarios, planteando que reducirlo abriría espacio para más recortes de tipos. Además, ha sido crítico con el enfoque de Powell sobre la regulación bancaria que, a su entender, daña el flujo de crédito a los negocios. Y ha denunciado que se ha permitido gasto masivo en el déficit, especialmente con la política monetaria en la pandemia.

Aunque antes fue un firme defensor del libre comercio, con Trump Warsh ha pasado a respaldar los aranceles y otras políticas emblemáticas del republicano, desde la desregulación hasta los recortes aplicados por el DOGE.

La senadora demócrata Elizabeth Warren, que se sienta en el comité del Senado que deberá confirmar el cargo, ha denunciado sardónicamente que Warsh "al parecer ha pasado la prueba de lealtad”. 

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