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Aranceles

Almirall advierte de que las políticas de Trump están acelerando el “declive” de la industria farmacéutica europea

El presidente ejecutivo de esta farmacéutica y vicepresidente de la asociación europea de la industria, Carlos Gallardo, sugiere reforzar la propiedad intelectual, modernizar la regulación o desarrollar una política industrial con incentivos parecidos a los de Estados Unidos o China

Cosmética, farmacia y maquinaria, los sectores más expuestos a los aranceles a empresas de Catalunya

Carlos Gallardo, presidente y consejero delegado de Almirall

Carlos Gallardo, presidente y consejero delegado de Almirall / JORDI OTIX

Paula Clemente

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Barcelona
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“Estamos muy preocupados”. El presidente ejecutivo de la farmacéutica catalana Almirall y, al mismo tiempo, vicepresidente de la Federación Europea de Asociaciones de la Industria Farmacéutica (EFPIA), Carlos Gallardo, no diluye sus pesares. Los hace públicos solo empezar su discurso y se explayará para concluirlo. “En los 90, éramos la farmacia del mundo, pero hace dos décadas que este liderazgo se ha ido erosionando”, se explica, antes de señalar la que, para él, ha sido la estocada final: “Este declive se está acelerando con las políticas de Trump, y eso es algo que nos preocupa”.

Gallardo ha sido el protagonista, este jueves por la mañana, de los Matins Esade, un formato en el que altos ejecutivos de grandes compañías imparten una conferencia a socios y exalumnos de esta escuela de negocios. En su ponencia, el directivo ha repasado el momento que vive Almirall, que se encuentra frente a un lustro clave al poder empezar a recoger pronto los frutos de la decisión que tomó hace años de convertirse en una farmacéutica exclusivamente centrada en producto para enfermedades dermatológicas.

A modo de ejemplo, la compañía estima que ha terminado 2025 facturando ya más de 1.000 millones de euros y su previsión para 2030 es que dos medicamentos que están lanzando justo ahora facturen ellos solos 800 millones de euros. Además, tienen 6 pruebas de concepto lo suficiente avanzadas como para afirmar, Gallardo, que “solo que dos o tres salgan bien, será un punto de inflexión en el valor y futuro de esta compañía”.

Así que los nubarrones son geopolíticos. Al ponerse el gorro de vicepresidente de EFPIA, el consejero delegado de Almirall ha apuntado que Europa ha pasado de contribuir con la mitad de los medicamentos innovadores globales a aportar solo uno de cada cinco, que la cuota europea de i+D global ha caído un 25% por los mejores incentivos en Estados Unidos y China, que el Viejo Continente está por detrás de estas dos potencias también en nuevos lanzamientos (la Agencia Europea del Medicamento tarda 426 días más que la FDA americana en aprobar un tratamiento y, superada esta fase, en España suelen pasar otros 600 días hasta que el medicamento llega al mercado, incluso más en Francia) o que la investigación clínica se está yendo hacia allí.

Planes de Almirall en EEUU

Gallardo ha lamentado que Trump haya instaurado una política que se basa en amenazar a las fabricantes con "aranceles estratosféricos" si no instalan plantas allí, mientras Europa sigue perdiendo notoriedad. De hecho, como presidente de Almirall, el directivo ha reconocido que una de las prioridades de su empresa es crecer en Estados Unidos, donde tienen presencia comercial pero que quieren ampliar considerablemente. Y que, una vez logrado esto, pondrán el foco en China.

“Yo no veo conflicto”, ha afirmado, en relación con cómo eso casa con su demanda de que Europa se ponga las pilas para competir con ambas potencias mundiales. Su rol como empresario, ha dicho, es generar valor a su empresa; su rol como alto cargo en la asociación europea de la industria es ayudar a Europa a solucionar sus problemas.

En este sentido, su receta pasa porque la Unión Europea refuerce la propiedad intelectual, acelere y modernice la regulación, mejore el acceso al mercado, cierre la brecha en la investigación clínica (que no haga falta sacar un permiso en cada país para realizar ensayos clínicos en cada uno de ellos, por ejemplo) o que desarrolle una política industrial estratégica que incluya incentivos similares a los que tienen Estados Unidos o China. Eso y que, además, haya un reconocimiento casi simbólico. “Se nos tiene que ver como una industria estratégica y como uno de los pilares de crecimiento europeo, ya lo somos, pero se nos tiene que reconocer”, ha terminado.

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