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Economía espacial

Aistech Space propulsa su plan de crecimiento en 2026: fábrica propia, doble de plantilla y 8 millones de euros de facturación

La empresa celebra su primera década lanzando los primeros satélites de su red comercial, con la que vigilará barcos que pesquen de forma ilegal en el Caribe o movimientos en el estrecho de Gibraltar

Aistech Space lanza el primer satélite de su red comercial e inicia su plan de llegar a los 150 millones de ingresos en 2030

Una de las salas blancas de Aistech Space, en sus oficinas en Sant Cugat del Vallès

Una de las salas blancas de Aistech Space, en sus oficinas en Sant Cugat del Vallès / Aistech

Paula Clemente

Paula Clemente

Barcelona
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Diez años han pasado desde que Guillermo Valenzuela y Carles Franquesa pusieron la primera piedra de la empresa. Se conocieron por entrar el mismo día a trabajar en una multinacional y la sintonía fue tal que acabaron emprendiendo juntos. Una vez. Y otra. Y otra. Hasta que en 2015 decidieron constituir Aistech Space. “Vimos que en Estados Unidos había dos compañías muy grandes que empezaban a trabajar en un nuevo concepto de satélites complementarios a los grandes y tradicionales (lo que demostraba que eso ya era técnicamente viable) y que a nivel de negocio tenían ciertas aplicaciones que podían tener sentido”, rememoran hoy ambos empresarios, que decidieron comenzar atacando un filón sin cubrir: el de la imagen térmica.

Esta década después, Aistech acaba de lanzar el primer satélite comercial (ha lanzado otros antes, pero de prueba), ha puesto oficialmente en marcha el plan para acabar teniendo medio centenar de estos aparatos en órbita, ha comenzado a facturar y prevé quintuplicar su cifra de ingresos este año, trabaja en doblar el tamaño de su plantilla hasta las 100 personas en este mismo periodo y está perfilando la apertura de una planta de producción que multiplique también por cinco o seis su espacio actual.  

Los primeros elementos que explican que hayan logrado llegar hasta aquí son tener experiencia emprendedora previa y, consecuentemente, contactos; y que la Agencia Espacial Europea (ESA) abriera una incubadora de proyectos en Castelldefels. Formaron parte de la segunda generación de ‘startups’ que pasaron por allí, algo que les dio un sello de reconocimiento que hoy saben clave. Lo que probablemente convenció a la ESA fue que “había una necesidad de mercado brutal con la imagen térmica, pues no había ningún tipo de solución”, recuerda Valenzuela.  

La particularidad de su propuesta

“Un satélite está dividido en dos grandes partes: la plataforma, que es lo que hace que el satélite funcione (la estructura, los paneles solares, los ordenadores, la radio…) y la carga útil, que es el corazón, es el porqué de ese satélite”, teoriza el mismo. Ese corazón, en su caso, es un telescopio térmico capaz de detectar el nivel de actividad de una planta industrial, movimiento en zonas donde no tendría que haberlo, vertidos tóxicos… Su propuesta de negocio, sin embargo, no fue simplemente desarrollar la tecnología: fue ofrecer a las empresas o Gobiernos la información que pudiesen extraer con una solución así, y que ese telescopio térmico fuera el medio innovador para lograrlo.

Guillermo Valenzuela y Carles Franquesa, cofundadores y co-consejeros delegados de Aistech Space

Guillermo Valenzuela y Carles Franquesa, cofundadores y co-consejeros delegados de Aistech Space / Cedida

“Quisimos ser los dueños de la tecnología que suministrara estas imágenes y eso ha sido terriblemente complicado, probablemente infravaloramos la complejidad, pero hemos seguido apostando por ello porque creemos que es un valor para la compañía y que eso proporcionaba esta soberanía tecnológica [que tanto busca Europa]”, reflexiona Franquesa.

Así han logrado adjudicarse un proyecto con el Gobierno de un país del Caribe que quiere monitorizar el tráfico marítimo para detectar la pesca ilegal y vigilar más intensamente la salud de sus corales. También participan en una iniciativa europea, junto a la Guardia Civil, para monitorizar y controlar los movimientos no declarados en el estrecho de Gibraltar. Tienen proyectos de este estilo en cola –y  esperando a que haya más satélites en órbita–, equivalentes a 60 millones de euros.

Recursos y futuro

Se han financiado con fondos propios, con ayuda del CDTI y con inversores minoritarios de su entorno. Hasta el año pasado no se abrieron a inversores profesionales, cuando cerraron una ronda de inversión en dos fases de 10 millones de euros, y ahora están atando los últimos detalles de una segunda operación de financiación que subirá hasta los 46 millones de euros.

Todo esto les ayudará a sostener su plan estratégico hasta 2030: producir y lanzar 48 satélites, lo que tendría que traducirse en una facturación de entre 150 y 180 millones de euros al año para entonces. Solo en 2026 pasarán de los 1,4 millones de euros facturados este año pasado a los 8 millones de euros de ingresos anuales. Y prevén duplicar su plantilla para terminar el año con 100 personas en nómina, y superar las 200 de cara a 2030.

El otro gran objetivo a corto plazo es la ampliación de superficie de oficinas, laboratorios y planta de producción. Actualmente, cuentan con 1.000 metros cuadrados y calculan que tendrían que disponer de un espacio de mínimo 5.000 o 6.000 metros cuadrados para poder internalizar toda la producción de este medio centenar de satélites. Con ella en marcha, Valenzuela y Franquesa se abrirán también a la producción para terceros. “Todo esto es nuestra visión 2030”, zanjan, preguntados por donde se ven de aquí a otros diez años. “Tendremos que darle muchas vueltas [a la visión 2035], porque la IA habrá llegado para quedarse y va a transformar todas las industrias de una manera radical: nuestra compañía tendrá que estar preparada para estos cambios y estas modificaciones”, concluyen.

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