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InCom, la firma alicantina que mueve los molinos de viento europeos

La compañía produce el 40 % de los kits para la fabricación de palas eólicas que se producen en el continente y también cuenta con plantas en Marruecos y la India

El presidente de InCom, Carlos Vidal, y el CEO de la compañía, Luís Azorín.

El presidente de InCom, Carlos Vidal, y el CEO de la compañía, Luís Azorín. / Héctor Fuentes

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La historia de InCom es una de esas historias irrepetibles y fruto de la casualidad. La de un informático portador del gen emprendedor, Carlos Vidal, que supo aprovechar la oportunidad cuando le pasó por delante para acabar creando uno de los mayores fabricantes de componentes para molinos de viento de toda Europa.

Corría el año 1997 cuando la danesa LM Powerwind instalaba su fábrica de palas eólicas en Toledo, tras cerrar un acuerdo con el INI. Eran los albores de la energía eólica en España y, prácticamente, en toda Europa, y la compañía se encontró con que las instalaciones que había adquirido eran demasiado pequeñas para realizar todos los procesos necesarios.

Así que decidió externalizar parte de la producción y buscó a alguien que pudiera cortar la fibra de vidrio que adquiría de una empresa de Alcoy, en Alicante. Aquello llegó a oídos de Vidal, que vio una ocasión para dar trabajo a la firma familiar, dedicada al textil y la fabricación de adornos para el calzado, aunque la cosa no salió como se esperaba.

"Me dijeron que me fuera de allí con aquello, porque la fibra de vidrio manchaba todos los materiales que tenían", recuerda el empresario. Así que, ni corto ni perezoso, se puso a cortarla a mano, ayudado de su madre y sus hermanos.

Una de las factorías de Incom en Elda. e

Una de las factorías de Incom en Elda. e / HECTOR FUENTES

Fue el nacimiento de la entonces Ingeniería de Compuestos, que en sus inicios trabajaba en exclusiva para LM, hoy integrada en General Electric (GE). "Entonces se fabricaban palas de 14 metros, nada que ver con las de 115 metros que hacemos ahora", señala Vidal.

A remolque

Los primeros años fueron frenéticos –"crecíamos a medida que lo hacían los pedidos de LM, para seguir su ritmo", señala el presidente de InCom- y establecieron el inicio de la industria de producción de kits para el sector. "Hasta entonces los fabricantes realizaban todo de forma interna", relata el emprendedor.

Lo que hace exactamente la firma con sede en Elda es fabricar todas las piezas que componen las palas que se instalan en los aerogeneradores: una primera capa de fibra de vidrio que supone el recubrimiento, el núcleo que se fabrica con PET o madera de balsa y los productos necesarios para la infusión, es decir, para unir todos estos componentes.

Todos estos materiales se cortan en piezas a modo de puzzle en las factorías que tiene la empresa y se empaquetan en kits, que luego se mandan a las instalaciones de los grandes fabricantes de molinos, como GE, Vestas o Siemens-Gamesa, que son los que se encargan de montarla, como ocurre en las factorías de automóviles.

El departamento de ingeniería de InCom.

El departamento de ingeniería de InCom. / HECTOR FUENTES

La eficiencia es una de las claves, por lo que cada pieza se guarda en las cajas en un orden determinado, de forma que al desembalar puedan sacarse en el orden en que se pondrán en el molde.

Salto al exterior

El éxito de la fórmula permitió a LM crecer, hasta el punto de que decidió exportar este sistema a otros países a los que se estaba expandiendo. Esto supuso el fin de la exclusividad de InCom con la firma danesa -lo que le permitió buscar otros clientes-, aunque no de su colaboración.

Por ejemplo, la firma organizó un concurso para contratar a un suministrador de kits en Polonia, que acabó ganando la compañía eldense, lo que le llevó a abrir su primera fábrica en el extranjero en este país. Hoy en día, además, tiene también factorías en la India y en Marruecos, junto con un segundo centro en España, en Albacete. Y en casi todas estas ubicaciones está ampliando su capacidad para acometer un ambicioso plan de expansión, de la mano de su CEO, Luis Azorín, un ejecutivo externo a la familia que se incorporó al proyecto hace cinco años y medio, en plena pandemia.

El CEO

Originario de Elda, este ingeniero industrial -aunque iba para futbolista- había trabajado en diversos proyectos a nivel nacional e internacional, ocupando cargos en diversas empresas hasta que le llegó la oferta del presidente de InCom. A pesar de tener un buen trabajo en Madrid, decidió aceptar, tanto por motivos sentimentales -el regreso a su ciudad natal-, como por el interés que le generó el proyecto.

En el último año, con cuentas registradas, el de 2024, InCom finalizó el ejercicio con una cifra de negocio de 112 millones de euros y dos millones de beneficio. Una cifra que prevé incrementar hasta una horquilla de entre 180 y 200 millones de facturación para el ejercicio de 2030. Para ello debe crecer en los próximos años al doble de las previsiones que hay para el conjunto del mercado, que se estima que se expandirá alrededor de un 5 % anual.

La compañía está en proceso de ampliación de sus instalaciones.

La compañía está en proceso de ampliación de sus instalaciones. / HECTOR FUENTES

Con el objetivo de apoyar este crecimiento, la compañía acaba de dar entrada a un family office -cuyo nombre no ha trascendido- con una participación minoritaria para reforzar su capital, y ha reordenado su deuda financiera para pasarla de corto a largo plazo. Eso sí, como recalca Vidal, el control de la firma seguirá en manos de los fundadores.

Más producción

Desde el punto de vista de infraestructuras, la compañía está ampliando su capacidad de producción en distintas ubicaciones, empezando por Elda, donde ahora mismo ya ocupa hasta siete naves en el polígono de Campo Alto y está acondicionando una nueva instalación, con la que sumará en total cerca de 40.000 metros cuadrados en este enclave.

Además, también tienen una oficina de ingeniería en China, donde asesoran a los fabricantes locales de palas, en una de las líneas de negocio que quieren potenciar para marcar diferencias con la competencia. Una competencia que, además, está aumentando, ya que muchos fabricantes de materias primas han empezado a ofrecer también sus productos en kit, por lo que el plus que ofrece la incorporación de este servicio de ingeniería resulta clave en este momento.

Operarios de InCom, con varias de las piezas que fabrica la empresa.

Operarios de InCom, con varias de las piezas que fabrica la empresa. / HECTOR FUENTES

Actualmente, InCom tiene una cuota de mercado de cerca del 90 % en el negocio de la producción de kits para palas eólicas en España y de más del 40 % en Europa, donde sirve sus productos desde Elda y Albacete, pero también desde la factoría de Tánger.

El año pasado, del total de facturación, 25,8 millones los consiguió en el mercado nacional; otros 47,5 millones en otros países de la UE; y 38,5 millones, en exportaciones extracomunitarias.

Más allá de su negocio principal, que son las palas, la compañía también produce componentes para otras partes del molino, como las nasas, y se está ampliando su radio de acción. Por ejemplo, también ha fabricado con materiales compuestos (composite) consolas para los trenes de Stadler, además de baños o piezas para la parte exterior de los autobuses, entre otros.

Entre todos sus centros, InCom ya supera el millar de trabajadores, lo que la convierte en una de las firmas con mayor plantilla de su Elda natal. Una nueva esperanza para la que es una de las ciudades con mayor porcentaje de empleo industrial de España, ahora de capa caída por el retroceso de la producción de calzado. Una ciudad que ha encontrado en las nuevas energías su oportunidad.

La carrera por el tamaño

En los casi 30 años de trayectoria de InCom, el negocio de la producción de energía eólica ha cambiado considerablemente. Si entonces la mayoría de proyectos dependían de las subvenciones y las primas para realizarse, ahora se trata de una de las fuentes de electricidad más baratas. Una de las claves para este cambio ha sido el progresivo aumento de tamaño de las palas. Cuanto mayores son sus dimensiones, más aire puede mover y mayor volumen de energía se produce, lo que abarata el kilovatio, como recalca el presidente de InCom, Carlos Vidal.

La propia compañía eldense empezó produciendo kits para palas de 14 metros y ahora ya los fabrica para elementos de más de 115 metros. Unos gigantes que van destinados a los grandes parques eólicos marinos, ya que los instalados en tierra no suele utilizar aspas de más de 90 metros. Eso sí, como ocurre en estos días con casi todo, el récord mundial lo ostentan los fabricantes chinos, que ya han llegado a instalar palas de 148 metros.

Otro de los cambios está en los materiales. Si al principio se utilizaba para el núcleo el PVC, ahora la mayoría se realiza en PET, un derivado del petróleo pero que es reciclable. De hecho, el que utilizan la firma eldense es en un 60 % recuperado, lo que le ha permitido reducir su huella de carbono.