Opinión
¿Compra naranjas de Valencia o de Sudáfrica?
El tratado entre Mercosur y la Unión Europea se ha colado en un mundo cuya atención pasa de Groenlandia a Venezuela, de Ucrania a Irán, en cuestión de minutos

Rendimiento del suelo. En rojo, bajo rendimiento; en amarillo, medio rendimiento; en verde, alto rendimiento. Fuente: Departamento de Agricultura de EEUU. / ACTIVOS
Al paso que vamos, Donald Trump querrá anexionarse Europa. O Andorra, ese pequeño estado de los Pirineos, refugio de quienes no quieren pagar impuestos en sus países de origen. Fuera bromas, todos los días nos levantamos con una bengala dialéctica del presidente de Estados Unidos. Su intención de anexionarse Groenlandia, terreno perteneciente a la corona de Dinamarca y con autonomía propia, caiga quien caiga, es su último propósito. Vladímir Putin y Xi Jinping deben estar riéndose a la espera de seguir reivindicando posesiones. Ya sea Ucrania -primer paso antes de seguir con la anexión de otras ex repúblicas soviéticas hoy soberanas- o Taiwán, que un día de estos será invadida. Mientras tanto, a la tragedia y las perspectivas sobre Gaza, la guerra en Sudán y Yemen (en un bando Arabia Saudí y en otro los Emiratos Árabes) se les ha sumado la masacre del régimen de los ayatolás de una población que aspira a vivir en libertad. Al lado de todo esto, la intervención en Venezuela, donde Trump ha designado a Delcy Rodríguez como presidenta títere, es un detalle.
Un espíritu de diálogo. Este es el lema del Foro de Davos que reunirá del 19 al 23 de enero a poderosos y políticos en la ciudad alpina suiza. Los documentos recién publicados por el World Economic Forum alertan sobre la complejidad de los nuevos riesgos y de una geopolítica que ha vuelto a poner el petróleo, como expone la portada de este número de ‘activos’, en la primera línea de interés estratégico. Conjugar el verbo dialogar es siempre una buena manera de aparentar el mejor de los buenismos para intentar convencer a los matones. Estos saben que la mantequilla, aun de la mejor calidad, se derrite con el calor.
De mantequilla, naranjas, vacas y gambas estaríamos hablando más en nuestra querida Unión Europea si el vértigo internacional no generara tanta ansiedad. La firma del tratado entre Mercosur y la UE, salvado in extremis por la nueva estadista continental, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, no ha sido bien recibido por nuestro sector primario. Ha habido cortes en algunas vías -la AP7 antes de Figueres, por ejemplo- por parte de los camioneros y protestas en los países más afectados.
Desde los inicios de la antes llamada CEE (Comunidad Económica Europea) se crearon las subvenciones adecuadas para mantener en pie de paz a los agricultores, especialmente los franceses, siempre los más virulentos. Por ello se creó la Política Agraria Común y un sistema de prestaciones que permitía mantener bien conservado el campo o, como dicen en el país vecino, el terroir.
Unos números. En el caso de España, el sector primario ha pasado de representar el 50% del empleo en 1950 al 3,34% en la actualidad. 747.300 personas trabajan del campo y la pesca, un 2,5% del PIB. En la UE son 9,4 millones de personas, un 4,5% del total del empleo activo. El mapa que ilustra esta página refleja el reparto del rendimiento del campo en el continente. Un país destaca por su alto valor (al menos, hasta 2022): Ucrania. Su, esperemos, futura entrada en la UE será muy discutida por sus consecuencias en el comercio agrícola. Ya está discutida en Francia.
Por resumir, quienes trabajan en el campo consideran que la llegada de más productos procedentes de Latinoamérica pone en peligro sus trabajos porque aumentará la competencia, que venderá a menores precios. Argumentan que la UE se inundará de alimentos elaborados con unos costes mucho menores -laborales y fiscales-, además de carecer de las mínimas garantías sanitarias. Consideran que las exigencias, desde el uso de fertilizantes hasta los controles de aditivos en esos países, son mucho menores que aquí. Desde la UE no para de recordarse que todos los productos que se venden en nuestras fronteras superan los estándares sanitarios europeos. Da igual que sean manzanas de Chile, aguacates de Perú, langostinos de las marismas de Ecuador o tequila mexicano. La UE también ha explicado que el acuerdo comercial está lleno ya de salvaguardas y restricciones, analizando producto a producto.
Llevamos tiempo observando en los mercados naranjas de Sudáfrica y vainas de Marruecos y Kenia. No siempre es posible comprar productos kilómetro cero. No hay suficiente oferta y los precios son caros. Antes, al menos en España, consumíamos los productos de temporada y algunos consideramos poco apropiado comer en invierno sandía o en verano naranjas. El equilibrio es difícil: defender a nuestro sector primario y facilitar las mayores interacciones comerciales. Y que el consumidor decida inteligente y emocionalmente.
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