Director de Asuntos Corporativos y Regulatorios de BAT España y Portugal
Andrés Martín (BAT): "Prohibir no funciona. Regular y diferenciar productos reduce daños"
Defiende que la transición hacia un "mundo sin humo" pasa por reconocer la reducción del daño y diferenciar la regulación de los productos sin combustión frente al cigarrillo tradicional
Pide "diálogo abierto" con la Administración y alerta de que equiparar restricciones o apostar por un enfoque prohibicionista puede alimentar el mercado negro y frenar el cambio de los fumadores a alternativas "de menor riesgo"

Andrés Martín, director de Asuntos Corporativos y Regulatorios de BAT España y Portugal. / José Luis Roca

BAT habla de "un mañana mejor" y de avanzar hacia un "mundo sin humo". ¿Qué significan estos conceptos?
En BAT estamos inmersos en una transformación de la compañía: venimos de productos tradicionales que, por su combustión, sabemos que contienen sustancias nocivas y nuestro objetivo es avanzar hacia una industria en la que podamos comercializar alternativas que, por un lado, satisfagan la necesidad del consumidor y, por otro, reduzcan la exposición a componentes tóxicos. La idea es ir migrando a nuestros consumidores desde el cigarrillo tradicional -que sabemos que tiene una nocividad asociada- hacia productos que reduzcan esa nocividad, es decir, que disminuyan los componentes tóxicos derivados del consumo. En ese marco ofrecemos productos de vapeo y bolsas de nicotina. Según nuestros datos, el vapeo supone una reducción significativa de sustancias químicas inhaladas frente al cigarrillo, y las bolsas de nicotina presentan una reducción del riesgo muy elevada respecto al cigarrillo convencional.
El objetivo del grupo es que en 2035 al menos el 50% de los ingresos procedan de productos sin combustión. ¿Es compatible que una gran tabacalera se plantee un futuro sin cigarrillos tradicionales?
Sí. Nuestro objetivo a medio y largo plazo es abandonar progresivamente la venta de cigarrillos convencionales e ir cambiando a los consumidores hacia alternativas de menor riesgo. Queremos avanzar lo más rápido posible en esa transformación, siempre enfocados en consumidores adultos que no quieren o no pueden dejar de fumar. A esas personas les ofrecemos alternativas menos dañinas para el consumo de nicotina. La nicotina es una sustancia controvertida: no es cancerígena, pero sí tiene un poder adictivo importante. Y lo que intentamos es que quienes no pueden o no quieren dejar de fumar tengan opciones menos dañinas. Hoy el cigarrillo sigue siendo la piedra angular del sector, pero en nuestro caso ya aproximadamente el 18% de los ingresos netos procede de productos alternativos. Y queremos culminar cuanto antes la transformación, seguir innovando y avanzar hacia productos con una toxicidad cada vez menor.
En 2025 los productos sin combustión representaron ya en torno al 18% de los ingresos de BAT y aspiran a llegar a 50 millones de consumidores en 2030. ¿Qué palancas concretas -comerciales, regulatorias o de comunicación- necesitan para alcanzar esas metas?
La principal palanca es el diálogo. Queremos un diálogo abierto con la Administración para que el enfoque de reducción de daños por tabaquismo sea reconocido y tenga reflejo institucional. En España, hay alrededor de ocho millones de personas que fuman. Nosotros no buscamos nuevos consumidores: queremos que quienes no quieren o no pueden dejar de fumar transicionen a productos menos dañinos. La reducción del daño es un principio conocido desde hace décadas y presente en otros ámbitos. La evidencia empírica también ayuda: el caso de Suecia, por ejemplo, es ilustrativo, con el uso de productos orales durante muchos años y con resultados positivos en indicadores de salud pública. Para avanzar, necesitamos que la regulación española, europea e internacional reconozca estos esfuerzos. BAT ha invertido miles de millones en investigación e innovación en estas alternativas. Y también creemos que hay que abandonar enfoques prohibicionistas: prohibir tiende a alimentar mercados ilícitos, consumos sin control y redes paralelas. Eso sí: hay un principio básico irrenunciable, que es la protección del menor. No queremos que los menores consuman estos productos. Defendemos una regulación estricta de acceso y venta, con controles de edad y canales responsables de distribución.
Ustedes sostienen que los productos de riesgo reducido tienen entre el 90% y el 99% menos de determinadas sustancias tóxicas que los cigarrillos convencionales. ¿Qué evidencia científica respalda esas afirmaciones?
BAT no llega a estas conclusiones sin evidencia científica sólida. Llevamos muchos años investigando estas alternativas con un rigor equiparable al de la industria farmacéutica: analizamos la reducción de tóxicos y, por tanto, la reducción potencial de daño. Tenemos centros de investigación y laboratorios, y desarrollamos estudios en distintas fases y metodologías. Además, contamos con una plataforma científica abierta -Omni- donde ponemos a disposición de reguladores y del público la evidencia disponible. Y buscamos que nuestros estudios sean revisados por terceros independientes.
"Equiparar la regulación condena a muchos adultos a seguir fumando los cigarrillos tradicionales"
¿Se está manteniendo el número de consumidores de tabaco en España o hay nuevos consumidores que llegan al vapeo o al tabaco calentado?
La gran mayoría de los usuarios de estas alternativas son consumidores adultos que ya fumaban y que se trasladan a nuevas categorías. No estamos viendo, en nuestros datos, una entrada relevante de nuevos consumidores no fumadores. En el debate público se citan encuestas sobre jóvenes que han probado el producto, pero cuando se desciende al uso habitual en no fumadores, la proporción es muy reducida. En cualquier caso, insistimos: no queremos menores consumiendo estos productos y pedimos regulación y control para evitarlo.

Martín durante un momento de la entrevista. / José Luis Roca
En el debate público hay preocupación por el impacto a largo plazo de estos productos, precisamente porque son relativamente recientes. ¿Cómo gestionan esa incertidumbre científica y qué horizonte temporal consideran razonable para tener datos robustos?
Como con cualquier producto, cuantos más datos y más tiempo pase, más robustas serán las conclusiones. Dicho esto, los resultados a 6, 12 meses y a varios años son alentadores y apuntan a que son menos perjudiciales que el cigarrillo convencional. Además, hay ejemplos de uso prolongado en determinados productos y países -como Suecia en productos orales- que permiten observar tendencias de salud pública durante décadas. Lo que pedimos es que la regulación se base en evidencia y proporcionalidad. Creemos que plantear marcos excesivamente restrictivos o equiparaciones automáticas con el cigarrillo puede desincentivar el cambio a alternativas potencialmente menos dañinas.
Hablaba del caso de Suecia. ¿Qué lecciones concretas se podrían trasladar a España y cuáles no, por cuestiones culturales o climatológicas?
Suecia es un ejemplo de reducción de daños: no se ha logrado bajando el consumo con prohibiciones, sino facilitando alternativas. En el marco europeo, es un caso relevante porque mantiene una excepción histórica para ciertos productos orales y ha mostrado mejoras en indicadores asociados al tabaquismo, además de acercarse a niveles de prevalencia que se consideran compatibles con un "país libre de humo". La lección es que, si quieres reducir el tabaquismo y sus enfermedades asociadas, necesitas alternativas y una regulación que incentive el cambio, siempre con control de edad y responsabilidad.
"En Suecia han logrado reducir enfermedades asociadas al tabaquismo sin vetar el cigarrillo"
BAT opera en más de 170 mercados y factura más de 28.500 millones a nivel global. ¿Qué peso estratégico tiene el mercado ibérico y qué particularidades regulatorias o de consumo lo diferencian del resto de Europa?
En España la regulación del vapeo viene marcada por el marco europeo. En bolsas de nicotina, de momento, no hay un marco específico y aplicamos autorregulación: advertencias sanitarias, mensajes informativos y comunicación responsable. En términos de consumo, el peso de estas categorías frente al cigarrillo convencional aún es bajo en España. El producto con más penetración es el tabaco calentado, por su mayor recorrido, pero sigue lejos de países como Japón, donde el calentado ha alcanzado cuotas muy elevadas.
Organizaciones sanitarias y algunas oenegés acusan a la industria de usar el discurso de reducción de daños para mejorar su imagen y mantener el negocio de la nicotina. ¿Qué responden y qué compromiso asumirían para ganar credibilidad?
Nuestra propuesta es diálogo con evidencia encima de la mesa: datos, transparencia, rigor y revisión independiente. No con discursos sesgados, sino con ciencia disponible para reguladores y sociedad. Y el objetivo es práctico: si no podemos evitar que exista consumo, lo responsable es reducir el daño. Como analogía: no siempre puedes evitar un accidente, pero puedes reducir sus consecuencias con medidas de seguridad. Salvando las distancias, es un enfoque similar: reducir riesgos para quienes van a seguir consumiendo.
¿Qué medidas concretas aplica BAT para evitar el consumo por parte de menores y cómo evalúan si funcionan?
Vigilamos nuestros canales de distribución -principalmente estancos y tiendas especializadas- y hacemos seguimiento mediante encuestas y controles dentro de lo que permite la legislación.
"Nos preocupa la falta de diálogo"
El anteproyecto de ley antitabaco plantea equiparar muchas restricciones de los productos sin combustión al tabaco tradicional. ¿Qué consecuencias tendría aplicar el mismo marco regulatorio?
Hay que distinguir entre productos distintos: si el riesgo no es el mismo, la regulación no debería ser la misma. Debe reconocerse el principio de reducción del daño y traducirse en marcos diferenciados. El objetivo común debería ser proteger al menor y, a la vez, permitir que el consumidor adulto esté informado y tenga acceso a alternativas. Si equiparas todo y limitas la información y la disponibilidad, muchos consumidores seguirán en el cigarrillo convencional, con el daño asociado.
¿Creen que pueden frenar o revertir el sentido de la futura ley antitabaco? ¿Hay partidos que apoyen a la industria?
No buscamos que un partido "hable bien" de nosotros. Lo que queremos es una postura común basada en la evidencia científica para regular mejor. El hecho es que hay millones de fumadores. La pregunta es qué hacemos con ellos: ¿prohibimos y ya está? Creemos que no es la solución. La alternativa es regular con criterio científico y facilitar productos de menor riesgo para quienes no van a dejar de fumar.
Mirando a los próximos 10 años, con cambios regulatorios y presión sobre todos los productos de nicotina, ¿cuál es su mayor temor?
La radicalización y la falta de diálogo. Sin diálogo no puede haber un punto de encuentro entre industria, reguladores y consumidores. Nos preocupa que se tomen medidas extremas de prohibición sin contar con la industria.
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