Aumento de las exportaciones
Catalunya ve una oportunidad en el acuerdo con Mercosur "siempre que se respete la letra pequeña"
Las industrias más previsiblemente beneficiadas serán la del motor, química y farmacéutica, principales exportadoras de Catalunya
Tanto las patronales como los sindicatos piden atención a que se cumplan las salvaguardas previstas si esto tiene un efecto negativo para el sector agroalimentario
El acuerdo UE-Mercosur reordena el mapa comercial: 780 millones de consumidores y 111.000 millones en intercambio comercial

Una lanta de ensamblaje de baterías de Seat S.A., una de las empresas que puede beneficiarse del acuerdo / Seat

Rara es la unanimidad en asuntos tan complejos como el acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur), pero, en Catalunya, el sentir es generalizado. A juzgar por la opinión de patronales y sindicatos consultados por EL PERIÓDICO, este nuevo escenario puede ser una gran oportunidad para las empresas catalanas (grandes y pequeñas), siempre que de verdad funcione el flotador diseñado para que no peligren ciertos sectores sensibles a la entrada masiva de producto extranjero.
“Visto desde la óptica macroeconómica, es el acuerdo comercial más ambicioso que se ha firmado hasta el momento, porque une a los dos bloques comerciales más importantes del mundo”, introduce Kilian García, director del departamento internacional de Foment del Treball. En la cara A de la cinta identifica “un acceso privilegiado a Brasil, Argentina, Paraguay o Uruguay, que son mercados en expansión”, también una apertura de puertas alternativas frente a los aranceles impuestos por Estados Unidos, y más facilidades para que las pequeñas y medianas empresas participen de todo ello. “Cuantas más facilidades para acceder a un mercado y menos aranceles, más fácil será”, se explica.
Para Catalunya en particular –prosigue– los beneficios se harán previsiblemente visibles en la exportación, en aras de la expansión internacional de la innovación autóctona y en sectores como la industria (especialmente la del motor), la química, farmacéutica, productos de alto valor añadido, el textil… “Incluso algunos productos agroalimentarios”, suma Carles Mas, director de Economía y empresa dentro de Pimec y líder de su sectorial agroalimentaria.
Hay 1.500 empresas catalanas que ya exportan regularmente a Mercosur, precisa este portavoz, y 750 que tienen filiales allí. “Los aranceles impedían que se expandiesen todo lo que querían”, ejemplifica, agregando a la lista de ventajas, la mayor seguridad a la hora de invertir.
Posible desequilibrio territorial
En la cara B está la agricultura, que es el sector que más ha alzado la voz contra el acuerdo. “No es un problema económico que no pueda soportar la macroeconomía catalana, es un problema de posible desequilibrio territorial”, profundiza Mas. Se refiere a que este sector “no es etéreo”, está arraigado a provincias muy concretas, que pueden quedarse sin alternativa si una de sus explotaciones de referencia no sobrevive a este auge de la competencia.
Este responsable de Pimec también pone el foco sobre el sector de la automoción: “A corto plazo no hay [en Mercosur] productos que elaboren que sean competitivos y puedan traer aquí, pero, a medio plazo, puede ocurrir que se active la producción y acaben haciendo competencia con productos que antes vendíamos nosotros”.
Su reclamación, en este sentido, es presionar para que las salvaguardas previstas se cumplan, que sean de aplicación ágil y que tengamos mecanismos preparados, en Catalunya, por si todo lo anterior no ocurre.
Los temores del campo
Algo parecido sostiene Alícia Bull, secretaria del sector agro de UGT-Fica Catalunya. Pese a reconocer que es pronto para hacer juicios y valoraciones, la posición es más bien contraria al acuerdo, aunque “con matices”. “Estamos de acuerdo siempre y cuando se respete la letra pequeña”, explica. “Se han puesto condiciones de volumen, de materias primas que vienen hacia aquí y de ayudas a sectores afectados, pero si esto se va perdiendo y cada vez se hace más laxa la normativa, el acuerdo ya está firmado, por eso la preocupación”, expone.
Algo más allá va Carles Vicente, responsable de la cadena alimentaria d’Unió de Pagesos, que critica que el acuerdo que se va a firmar no llega con las salvaguardas plasmadas tal como se promete en público. Además, que las medidas económicas previstas, dice, “son irrisorias” en algunos casos, y no serán suficiente. “No pongo en duda que sea un acuerdo beneficioso para la tecnología o el comercio, pero que no nos hagan creer que hay unas salvaguardas que nos salvaran, o que el aceite y el vino se beneficiarán: lo harán, si acaso, de aquí a 5 años o más”
Bull niega, en este sentido, que se prevea alguna afectación en el mercado laboral catalán. Su temor son las garantías (“¿Qué pasa con la protección de nuestro sistema alimentario? ¿Dónde está la soberanía de Europa?”) y que se esté poniendo atención a unas cosas y dejando otras de lado, como las malas condiciones de muchos trabajadores del campo aquí mismo, en Catalunya: “Mercosur es una oportunidad de negocio para todas las industrias o grandes explotaciones de fruta de hueso, de acuerdo, pero ¿alguien se para a pensar en los trabajadores que recolectan fruta en Lleida?”.
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