Salud laboral
Uno de cada tres trabajadores consume analgésicos debido a su empleo
Los sindicatos alertan de la falta de prevención en las empresas y reclaman mayor vigilancia de los riesgos psicosociales

Trabajadora en su cubículo, en la oficina.

Uno de cada tres trabajadores consume analgésicos de manera habitual debido a su empleo. Y en mayor proporción las mujeres. El uso de fármacos motivado por las condiciones laborales bajo las que opera una parte importante de la población ocupada va al alza y los sindicatos alertan de la falta de prevención en las empresas, especialmente en materia de riesgos psicosociales.
“Desde la pandemia hemos visto un incremento de los problemas de salud, especialmente los de salud mental, y un aumento abrupto de la medicalización”, explica Albert Navarro, investigador del Institut d’Estudis del Treball, profesor de la UAB y coautor del estudio, publicado en 2023, de donde salen los datos anteriormente citados. “Los indicadores nos muestran un deterioro generalizado de la salud en paralelo a una intensificación paulatina, pero constante, de los ritmos de trabajo y sus cargas”, añade.
En un momento en el que las empresas buscan multiplicar las cláusulas ‘anti absentismo’ en sus convenios colectivos para tratar de desincentivar que los empleados vayan al médico a por una baja, existe un malestar extendido entre una parte sustancial de los trabajadores. Un informe publicado hace unas semanas por la Generalitat de Catalunya señala que más de la mitad de los trabajadores que enfermaron en algún momento durante el último año fueron a trabajar pese a esa indisposición.
“Las patronales están obsesionadas con el tema. A nivel sectorial este tipo de cláusulas no están en casi ningún convenio, pero a nivel de empresa, la que puede lo incorpora”, reconoce el secretario de política sindical de la UGT de Catalunya, Óscar Riu.
“Nosotros estamos dispuestos a hablar de todo, pero aquí hay dos problemas. El primero, que a las patronales les preocupa mucho el tema pero luego no quieren negociar una nueva ley de prevención de riesgos laborales. Y, el segundo, pasa por la sanidad pública. El sistema está colapsado, las listas de espera no paran de crecer y parece que la Generalitat no está tan preocupada por eso”, añade. Según el último barómetro del CIS, el tiempo medio para obtener una cita con el médico de atención primaria es de 10 días y para una prueba de especialista, como una colonoscopia, se puede elevar hasta 110 días.
Envejecimiento y sanidad colapsada
Ese “colapso” de los servicios públicos, sumado a un envejecimiento paulatino de la población trabajadora, se está traduciendo en un repunte de bajas médicas. Según datos facilitados por el INE a EL PERIÓDICO, 190.000 catalanes faltan cada semana al trabajo por enfermedad.
El repunte es común en toda España. Durante los nueve primeros meses de 2025, la Seguridad Social registró un total de cinco millones de partes por incapacidad temporal en toda España. De estos, el 26% se concentraron en Catalunya, como se encarga de recordarle a los pacientes la Generalitat a través de una campaña informativa desplegada por los centre d’atenció primaria (CAP).
En Catalunya se registran más bajas, pero de menor duración. La media en toda España es de 44 días, frente a los 30 días en Catalunya. Si bien en Catalunya esa duración media apenas ha variado a lo largo de la última década, sí lo ha hecho en el conjunto de España, donde las bajas tienden cada vez a alargarse más. Durante los últimos 10 años el tiempo medio que un trabajador está de baja ha aumentado un 15%, según las últimas estadísticas disponibles de la Seguridad Social.
Justos por pecadores
Desde la patronal Foment del Treball sitúan las ausencias laborales por motivos de enfermedad como uno de los principales problemas que enfrentan las empresas. No en vano, cada vez más compañías tratan de vincular parte del salario a si se producen o no ausencias. La directora de relaciones laboral de Foment del Treball, Yesika Aguilar, afirma que “si una persona está mal no debe ir a su puesto de trabajo” y reclama abordar las ausencias “desde una óptica multicausal”, de la mano de la representación legal de los trabajadores.
El secretario general de Pimec, Josep Ginesta, concede que este tipo de cláusulas pueden hacer pagar en algunos casos a “justos por pecadores”, pero justifica que las compañías deben aplicar una mirada “macro” e insta a pactar y trabajar toda medida con los sindicatos para “preservar el poder adquisitivo de alguien de baja y diferenciar de quién hace un buen y un mal uso”.
Coste público al alza
Ese progresivo aumento de las incapacidades temporales también preocupa a los gestores públicos, que empiezan a moverse para tratar de contener el gasto. De ahí la campaña informativa de la Generalitat reclamando hacer un “buen uso” de la baja u otras medidas como dar un incentivo económico a los médicos de cabecera que dieran altas. Esta última no prosperó ante el fuerte rechazo que generó entre la opinión pública.
Para costear el sistema de incapacidades temporales, la Seguridad Social ha destinado entre enero y noviembre de 2025 un total de 16.642 millones de euros. Por proyección, el gasto esperado será a final de año, por primera vez, de más de 18.000 millones de euros, el triple que hace una década.
Un presupuesto público al que luego debe sumarse el dinero que destinan las empresas a costear sueldos, pues hasta el día número 21 de la baja del trabajador, es la empresa la que costea parte o toda la remuneración. Lo que, en parte, explica la proliferación de las cláusulas ‘anti absentismo’, que dan pluses a los empleados si no faltan al trabajo.
Corto y largo plazo
“Las empresas deben ver más allá de la pérdida de productividad que les pueda suponer que un trabajador falte un día a su puesto. Que un trabajador vaya a trabajar enfermo puede ocasionar, a largo plazo, una pérdida de productividad mucho mayor, con posibilidad de bajas más largas, más reiteradas y dolores cronificados. Lo que, a su vez, redundará en un mayor coste para la Seguridad Social”, explica el investigador del Institut d’Estudis del Treball y profesor de la UAB, Albert Navarro.
Este docente cita a tal efecto un estudio de referencia mundial que analizó, hace 20 años y en Estados Unidos, los efectos económicos de las empresas del absentismo y de los trabajadores que iban a su empleo enfermos. El mismo, coordinado por James J. Collins, determinó que los coste del primer fenómeno eran casi siete veces inferiores a los del segundo.
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