Economía azul
Un arrecife artificial catalán, entre los 100 inventos del siglo según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual
Underwater Gardens International tiene proyectos en el Mar Rojo, Noruega, Dinamarca o Sudamérica, además de España, lo que espera que les dé conocimiento suficiente para convertirse en una empresa de inteligencia de la regeneración marina
Barcelona adelanta a Hong Kong, Filadelfia o Moscú y ya es el 33º polo 'startup' más importante del mundo

Varias de las construcciones de Underwater Gardens International antes de entrar en el agua / UGI

Para contar la historia de su empresa retrocede hasta el momento cuando, de niño, se pasaba horas debajo del agua, practicando su apnea en el Maresme. Trae el recuerdo a colación para demostrar una conexión con el mar que no es nada obvia en su carrera: de mayor, Marc García-Durán se convirtió en arquitecto especializado en urbanismo. Nunca dejó, en cualquier caso, el submarinismo y, tras marchar a India con el activista Vicente Ferrer, quedar fascinado con el proceso de reversión de la desertificación que había logrado su ONG, y tras detectar esta degradación del medio también en su día a día, decidió ponerse él manos a la obra.
El resultado de horas de conversación con científicos, ingenieros y biólogos es Underwater Gardens International (UGI), una empresa con sede en Barcelona cuyo producto estrella se ha convertido en uno de los más significativos del siglo según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés).
Este organismo ha elaborado una lista de los 100 inventos más significativos del último siglo, una clasificación en la que figuran los polos de Lacoste, el Golf de Volkswagen, la PlayStation, la Maxi-Cosi, el KitKat, la moto Vespa, uno de los Apple Watch o un set de Lego. Y, entre todos ellos, dos españoles (ambos catalanes): una colección de lámparas de la empresa de iluminación Vibia y los arrecifes artificiales de UGI.
Se trata de una construcción marina que simula, bioquímica y morfológicamente, un lugar donde pueden habitar varios tipos de peces y especies marinas en general. “Hacemos casas de lujos para peces, crustáceos, algas, corales…”, simplifica García-Durán. Se refiere a que son hábitats inteligentes y adaptados a sus necesidades, lo que permite que estos seres vivos crezcan más fuertes y se reproduzcan más y mejor. “Primero analizamos las necesidades de estas especies y, luego, a través de un ‘software’ que genera el conocimiento necesario, diseñamos este sustrato inteligente”, explica el emprendedor, que precisa que cada uno de estos biotopos tiene unas características distintas.
“Nos gusta la idea de la jardinería”, prosigue el mismo, en referencia al nombre de la compañía que, traducido del inglés, sería algo así como Jardines Subacuáticos Internacional. “Es una relación de cuidar la naturaleza, no solo de ser explotador: hay que pasar de esta idea de explotación a una de simbiosis positiva”, agrega.
Financiación y futuro
La empresa ha crecido gracias a haber ido atando proyectos en todas partes del mundo (actualmente, los tienen en el Mar Rojo, Noruega, Dinamarca o Sudamérica, además de en España) y a haber cerrado acuerdos con un inversor privado cuyo nombre prefieren no revelar y alguna que otra gestora de grandes patrimonios. Tampoco se reserva, UGI, su cifra de facturación anual.
Sí explican cómo hacen el dinero. Su empresa bebe de combinar tres modelos de negocio: vender directamente estas construcciones, ejercer de consultores para compañías o entidades que estén interesados en hallar formas de regeneración marina, y generar inteligencia respecto al tema. “En el futuro [cercano], nos imaginamos ocupándonos de todo el ciclo, haciendo el análisis diagnóstico, la estructuración financiera, el monitoreo y el aprendizaje, en varios sitios del mundo”, sostiene el fundador de UGI.
Su idea, más a largo plazo, es nutrirse de todo el conocimiento que vayan a extraer de los distintos ecosistemas internacionales, para acabar convirtiéndose en la “fuente de inteligencia” que guie a cada interesado en la solución que más le convenga, sea o no la suya.
“Lo que hemos entendido es que en la adaptación al cambio climático, hay un tema de escala”, concluye García-Durán. “Hacer proyectos pequeños es interesante, pero nuestra estrategia es la gran escala, porque la restauración y regeneración de estos ecosistemas tiene sentido cuando vas a la gran escala”, termina.
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