Opinión
El puente de Cedillo y el fin de la última frontera
La región más olvidada de España gira la página de la historia para mirar al futuro con optimismo. Nuevas inversiones y proyección empresarial en sectores muy diversificados

La presa de Cedillo, ubicada en el tramo internacional del río Tajo, entre España y Portugal / 'ACTIVOS'
El puente de Cedillo finalmente será una realidad. Esta semana, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (como si alguien quisiera moverse de forma insostenible) de España firmó el último y necesario trámite para invertir 20 millones de euros que permitan unir España y Portugal allí donde se unen los ríos Tajo y Sever. Una de las reclamaciones, entre tantas, de Extremadura, finalmente se hará realidad. El puente permitirá acortar la distancia entre la ciudad de Cáceres y Lisboa en media hora, unos 70 kilómetros.
Este punto era conocido como la última frontera dentro de la Unión Europea. Hasta 1995, los ciudadanos de ambos países podían circular por la coronación de la presa que tiene allí Iberdrola. Citando medidas de seguridad, el acuerdo de Schengen obligó a cerrar el paso, excepto los fines de semana, cuando la compañía abre las barreras para permitir la circulación de coches en un horario determinado y bajo control para que no se cuelen paseantes. De lunes a viernes, los habitantes de los municipios situados a ambas orillas de este territorio que quieren moverse de un lado a otro deben dar un rodeo de 120 kilómetros.
El caso del puente de Cedillo fue uno de los ejemplos más llamativos que escuché a lo largo de la primera edición del Foro Suroeste Impulsa, organizado por Prensa Ibérica en Badajoz. Lo comentó el presidente de la Diputación de Cáceres y concejal de Cedillo, Miguel Ángel Morales. Miembro del PSOE, no tuvo pelos en la lengua para acusar al Congreso de los Diputados de vivir de espaldas a la realidad de los ciudadanos y en la bronca constante.
Extremadura cuenta con un millón de habitantes y una fuerte sensación de agravio, de sentirse la comunidad más olvidada de España. Como si existiera solo para recordar su pasado como tierra de conquistadores y templarios. Un lugar ideal para pasar un rato, ya sea en la dehesa, el valle del Jerte o la orilla del Guadiana, y para perderse por Mérida, Trujillo, Guadalupe o Cáceres.
La necesidad de tener mejores infraestructuras apela a todos los ámbitos. Desde un aeropuerto, como el de Badajoz, que carece de procedimientos de baja visibilidad (necesarios para que los aviones puedan despegar y aterrizar en medio de la niebla), hasta la falta de conexión por tren de alta velocidad y la insuficiencia de conexiones logísticas para el transporte de mercancías. Desde Extremadura hay interés en reforzar la salida de las mercancías a través del puerto portugués de Sines, al sur de Lisboa.
El Gobierno español ha anunciado que espera que el AVE entre Madrid y Badajoz (con opción de paradas en Plasencia, Cáceres y Mérida) esté completado en 2030. Este sería el primer paso para seguir ruta hasta Lisboa, facilitando la unión entre las dos capitales peninsulares en tres horas. El objetivo es que esto ocurra en 2034, aunque eso dependerá ya del Ejecutivo luso. En construcción está el AVE entre Lisboa y Oporto y, para 2032, se espera unir Oporto con Vigo. Esta es una de las demandas que también se realizan desde Galicia, lo que también permitiría llegar al norte de Portugal desde Madrid en alta velocidad.
Una región debe tener una clase empresarial y/o sociedad civil implicada en defender sus intereses y mirar hacia el futuro
Que se vayan a cumplir estos plazos es una incógnita y mejor no apostar. Los antecedentes del corredor ferroviario del Mediterráneo y los compromisos constantes incumplidos sirvan de ejemplo. En el foro, Carlos Moedas, alcalde de Lisboa, pidió adelantar la conexión con Madrid a antes de 2034. Buena suerte y buena espera.
El caso de Extremadura manifiesta la necesidad de que, además de tener políticos regionales influyentes en Madrid (el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, es de Badajoz), un territorio debe tener una clase empresarial y/o sociedad civil -incluyendo grupos editoriales ligados a la región como Prensa Ibérica- implicados en defender sus intereses, reivindicando con argumentos y mirando al futuro.
Grupo CL -antigua Cristian Lay-, Conesa, Apis, Vitaly, entre otros, incluyendo filiales de multinacionales, son algunas de las empresas extremeñas que han asumido un liderazgo en el que hay que incluir al CEO de Merlin, Ismael Clemente, y al presidente de Mapfre, Antonio Huertas, ambos nacidos en la región. Merlin ya ha anunciado inversiones inmobiliarias por valor de 2.000 millones para desplegar centros de datos en Navalmoral de la Mata.
Sin decisión, nunca habrá buenas conexiones ni inversiones, obligando a los empresarios a acabar yéndose a otros lugares. Elecciones mediante, Extremadura ha pasado una página y empieza otra. Favorecerá a todos.
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