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Componentes para la industria

El fabricante alemán Igus construye una planta de 8.500 m2 en Vilanova para 240 trabajadores

La compañía ha invertido 13 millones en una instalación que multiplica por 8 su superficie actual y le permite triplicar su plantilla en España

El Govern empieza a perfilar su estrategia industrial hasta 2030

Parte de la nueva planta de Igus en Vilanova i la Geltrú, Barcelona

Parte de la nueva planta de Igus en Vilanova i la Geltrú, Barcelona / Igus

Paula Clemente

Paula Clemente

Barcelona
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Sitúese en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Cualquier día, cualquier hora, cualquier función. Si las inmensas cortinas de este emblemático auditorio se mueven sin ruido ni fricciones es porque las cadenas y cables que van por detrás están compuestas de un material plástico de alto rendimiento y que no necesita lubricación. Es exactamente el mismo que engrana las grúas que mueven contenedores en el Port de Barcelona y también el que ha conseguido que unos robots de Seat sean lo suficiente flexibles como para reparar defectos de pintura en cualquier punto de un coche. Son, estos, algunos de los casos de éxito de Igus, una empresa familiar alemana que ingresa más de 1.000 millones de euros al año, y que, tras más de dos décadas creciendo silenciosamente en España, ha decidido apostar a lo grande por el país.

El grupo está terminando la construcción de una nueva planta de 8.500 metros cuadrados en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), una instalación que casi octuplica la superficie de la que disponía actualmente. Este espacio tiene capacidad para 240 empleados y, hoy en día, la empresa tiene a unos 80 en nómina, entre los que trabajan en su sede actual en Viladecans (Barcelona) y los que tienen repartidos en distintas delegaciones comerciales en Galicia, Madrid o Valencia. Es decir, que obtiene la capacidad de triplicar su plantilla, como mínimo.

No van a contratar a este par de centenares de trabajadores de golpe, pues la mudanza está prevista para finales de este año y el plan es ir creciendo gradualmente, pero sí se trata de toda una declaración de intenciones para una compañía que apenas obtiene un 3% de sus ingresos de este mercado. A nivel mundial, Igus está en 80 países, tiene sucursales en 33 y cuenta con una plantilla de 5.200 empleados. En España facturará en torno a 25 millones de euros este año.

Están aquí desde principios de los 2000, cuando se instalaron con una pequeña oficina técnica en Viladecans. Han ido ganando espacio a medida que las naves vecinas se han ido vaciando, pero ahora, sus planes de crecimiento anual a doble dígito, requerían de mayor infraestructura. Así que han destinado 13 millones de euros a construirse esta planta desde cero y equiparla.

¿Qué hace Igus?

“No somos un fabricante de polímeros de plástico, eso lo hacen las empresas químicas", deja claro Matthias Meier, consejero delegado de Igus España, que define a la empresa como un "líder mundial de componentes de plástico de alto rendimiento para aplicaciones en movimiento ('motion plastics'), libres de lubricación y mantenimiento".

"Combinamos –prosigue– diferentes materiales para conseguir resistencia a la humedad, al agua, a la temperatura, que sean inocuos [para poder trabajar en el sector de la alimentación o los laboratorios médicos]…”. Y no tener que usar lubricantes externos periódicamente para reforzar todos estos atributos o evitarse las fricciones, el desgaste o el ruido y las vibraciones, sobre todo en componentes para máquinas. También para poder fabricar brazos robóticos a menor coste, o incluso bicicletas enteras (con el fin de venderlas a terceros o que las empleen los ayuntamientos en su oferta de movilidad pública), un campo en el que se están adentrando actualmente.

Matthias Meier, director general de Igus España, con la bicicleta que están empezando a fabricar

Matthias Meier, director general de Igus España, con la bicicleta que están empezando a fabricar / Igus

El rol de la planta de Vilanova

Desde aquí seguirán ensamblando los componentes que se fabrican esencialmente en Alemania (tienen dos pequeñas delegaciones de producción en Japón y Estados Unidos, pero el 98% se produce en Europa), y confeccionando los conectores para que los cables se puedan enchufar. Ganarán, eso sí, más espacio para almacenar material, lo que incrementará su capacidad de producción y les permitirá llegar más rápido a los clientes de España y Portugal. Y también infraestructura para empezar a ensamblar aquí cosas para las que ahora no había espacio como cadenas para plataformas petrolíferas.

“Estamos decidiendo qué tiene sentido hacer en cada país”, contextualiza Meier. “Alemania está también cada vez más limitada en espacio, así que estamos haciendo fábricas nuevas en China, Japón e Italia y viendo qué hacer en cada una”, añade. Tal como destaca el mismo, sus materiales se pueden utilizar en casi cualquier cosa que se mueva: elementos de un túnel de lavado de coches, el toldo de un balcón, una grúa con cámara de televisión en un campo de futbol…

En este sentido, las instalaciones de Vilanova tendrán un ‘showroom’ de 200 metros cuadrados que conciben como una especie de estand de feria permanente, donde tendrá mucho peso rbtx, el universo de componentes para la robótica. Además de todo esto, el plan de crecimiento contempla también ganar más espacio de oficina en Bilbao, donde acaban de alquilar un inmueble de 200 metros cuadrados en el que prepararán, también, un ‘showroom’ de este estilo.

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