Opinión | Suponen el 89% de las compañías en España
El arraigo de la empresa familiar, la mejor vacuna contra la incertidumbre
Es hora de reconocer su papel, de apoyarla con marcos regulatorios estables y eficientes, y de acompañarla en su crecimiento

Una imagen de 'Sucession', la serie sobre la empresa familiar / HBO
En un contexto económico marcado por la incertidumbre, la empresa familiar se consolida como un pilar esencial del tejido productivo español. Su capacidad para combinar la visión a largo plazo, el compromiso con el territorio y la agilidad en la toma de decisiones la convierte en un actor clave para afrontar los grandes desafíos que tenemos por delante: el fortalecimiento del gobierno corporativo, el crecimiento no orgánico y la transformación digital.
Las empresas familiares suponen aproximadamente el 89% del total de las compañías en España, generan cerca del 70% del empleo privado, con un total de más de 6,58 millones de puestos de trabajo y son responsables del 57,1 del PIB del sector privado, según datos de Instituto de la Empresa Familiar. Pero su relevancia va mucho más allá de las cifras. Estas organizaciones están profundamente arraigadas en sus comunidades, y ese vínculo con el entorno les otorga una responsabilidad que trasciende lo económico. El arraigo no es solo una cuestión emocional; es una estrategia de crecimiento que permite construir relaciones sólidas, generar confianza y contribuir al desarrollo sostenible de los territorios.
Gobierno corporativo
Uno de los grandes retos que afrontan las empresas familiares es el fortalecimiento de su gobierno corporativo. La reflexión sobre la gobernanza de los órganos de decisión de sus negocios, la organización de la familia y la planificación del patrimonio requieren de la incorporación de consejeros o asesores externos a la familia y de una definición clara de los roles familiares y empresariales, como elementos clave para garantizar la sostenibilidad del proyecto a largo plazo. En KPMG acompañamos a muchas familias en este proceso, ayudándolas a diseñar estructuras que favorezcan la transparencia, la generación de confianza entre accionistas gestores y no gestores y un proceso de toma de decisiones informadas. Un buen gobierno corporativo no solo protege el legado familiar, sino que también facilita el acceso a la financiación, mejora la reputación y prepara a la empresa para afrontar los procesos de sucesión con mayor solidez.
El segundo eje estratégico para las familias empresarias es el crecimiento no orgánico, especialmente a través de operaciones de fusiones y adquisiciones (M&A). En los últimos años, hemos visto cómo muchas empresas familiares han apostado por esta vía para diversificar su actividad, ganar escala o acceder a nuevos mercados. Estas operaciones, cuando se gestionan adecuadamente, pueden convertirse en auténticas palancas de transformación. Pero para que sean exitosas, es fundamental que las partes implicadas compartan propósito, valores y objetivos a largo plazo. En nuestra experiencia, las operaciones que generan mayor valor son aquellas que se basan en una visión común y en un firme compromiso con la creación de valor, tanto económico como social. También las nuevas generaciones asumen diferentes modelos de financiación que hacen posible iniciativas que sólo con recursos propios no serían abordables.
La tercera gran palanca de crecimiento es la transformación digital. La tecnología está redefiniendo los modelos de negocio, los canales de relación con los clientes y los procesos internos. La inteligencia artificial, el análisis de los datos o la automatización de los procesos son herramientas que permiten mejorar la eficiencia, anticiparse a las necesidades del mercado y generar nuevas oportunidades. Pero la transformación digital no es solo una cuestión de inversión tecnológica; es, sobre todo, una cuestión de personas. Son los equipos humanos, con sus capacidades y competencias, quienes pueden sacar el máximo partido a la tecnología. Por eso, es fundamental apostar por la formación, el desarrollo del talento y la creación de culturas organizativas abiertas al cambio.
Agente de cambio
Además, la digitalización tiene un impacto directo en el desarrollo de los territorios. Contribuye a dinamizar la economía local, atraer perfiles cualificados y generar proyectos de alto valor añadido. En zonas donde la despoblación es un reto, la transformación tecnológica puede convertirse en una herramienta clave para revitalizar el tejido empresarial y social. Y aquí, de nuevo, la empresa familiar juega un papel protagonista, porque su compromiso con el territorio la convierte en un agente de cambio con capacidad para generar impacto real.
La empresa familiar es mucho más que una fórmula de propiedad. Es una forma de entender la empresa, el territorio y la sociedad. Su capacidad para combinar tradición e innovación, arraigo y ambición, la convierte en un modelo de referencia para construir un futuro más sostenible, inclusivo y competitivo.
Es el momento de reconocer su papel, de apoyarla con marcos regulatorios estables y eficientes, y de acompañarla en su camino hacia el crecimiento. Porque cuando una empresa familiar crece, también lo hace su entorno. Y ese es, sin duda, el mejor ejemplo de cómo el arraigo puede convertirse en motor de transformación.
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