Opinión | Tribuna
¿Se puede hacer más digerible ‘la dolorosa’?
Saber cuánto se paga de IRPF es importante, pero también lo es saber a quién se paga y para qué se paga. Mejorar la información y hacerla más visible y entendible ayudaría a una mayor aceptación

Imagen de la Delegación Especial de Cataluña de la Agencia Tributaria / Archivo
Cada año, a lo largo del mes de junio, nos toca hacer la declaración del IRPF: la dolorosa. El impreso de declaración online se asemeja al de un examen a hacer por los alumnos de grado de cualquier facultad. Y, en este caso, los costes de equivocarse son, si cabe, más punitivos: tener que pagar lo que tocaba más una sanción. Esa naturaleza punitiva es necesaria, pues los incentivos de los contribuyentes, a pesar de intuir que es necesario contribuir para poder disponer de bienes y servicios públicos, van en la línea de intentar minimizar su contribución y de que sean los otros quienes paguen impuestos.
Existe la cada vez más extendida idea de que la comunicación de la Administración Tributaria hacia el contribuyente ha de ser clara al explicar el contenido de cualquier notificación. Esta idea, que sin duda es necesaria, se podría aplicar también al impreso de declaración del IRPF. Como decíamos, este se asemeja a un examen con conceptos tan necesarios como rendimientos brutos, cuota líquida incrementada total y tipo medio autonómico, pero cuya comprensión por parte del contribuyente medio no está asegurada.
Aumentar la afección
La complejidad derivada del aspecto terminológico se da en cualquier ámbito profesional, pero, en la medida de lo posible, debería atenuarse en relación con la situación en que el ciudadano -hay casi 25 millones de declaraciones- tiene que calcular su contribución al bien común. En esta línea, tampoco estaría mal que se le diera al ciudadano algún acicate sobre adónde irán a parar sus impuestos. Si sus intuiciones, antes referidas, sobre los servicios públicos financiados se ven confirmadas por una mera infografía, igual la dolorosa no lo es tanto.
En definitiva, dentro del concepto de comunicación clara debería incluirse la de impresos claros, donde no solo se visualizara la contribución, sino también la contraprestación: ¿qué se hace o qué se puede hacer con los impuestos pagados? No parece que esta sea una cuestión especialmente costosa, de manera que algún rendimiento neto debería producir, cuanto menos de aumento de afección de la ciudadanía ante la contribución al bien común.
Siguiendo con la claridad o con la simple información, el impreso del IRPF denominado Documento de ingreso o de devolución nos indica, por un lado, la cuota líquida autonómica y la estatal, y, por el otro, el resultado a ingresar o a devolver. Probablemente, el 95% de los declarantes irá a comprobar el importe de ese último concepto legal tal que solo se fijará si le toca pagar (más) o bien si le devuelven (lo que es suyo). Y, ahí, el adjetivo autonómico o estatal, que constaba al referirse al término cuota líquida, ha desaparecido. Si, además, añadimos que en el poco amigable impreso de declaración solo aparece el nombre de Agencia Tributaria y el logo de España, es normal que, después de 25 años de descentralización del impuesto, solo el 39% de la población sepa que lo que se paga por IRPF es compartido entre el Gobierno central y el de su comunidad autónoma de residencia. Los demás ciudadanos piensan muy mayoritariamente que el impuesto sólo se paga al gobierno central. Estos datos provienen de una encuesta sobre cuestiones fiscales a mayores de 18 años que hemos realizado para una muestra representativa de todo el territorio nacional.
En ausencia de un conocimiento de a quién pagamos los impuestos, el manido principio de la responsabilidad fiscal en el ámbito de la financiación autonómica pierde cualquier efecto positivo sobre el funcionamiento de nuestro sistema democrático. Y la solución no pasa por ceder más peso a las comunidades autónomas, sino por que el papel de cada nivel de gobierno sea claramente visible y entendible, en especial, en el examen de cada mes de junio: a la hora de rellenar el impreso de declaración del IRPF. Esto es importante. La asunción de responsabilidad fiscal por parte de nuestros políticos, también los autonómicos, es un fin deseable: puede servir para incentivar una mejor gestión al tener éstos que recaudar, además de gastar.
Cambio de opinión
En la encuesta citada, cuando los ciudadanos se equivocaban sobre a qué nivel de gobierno pagan el IRPF, se les informaba de su error y de que también lo pagan a su comunidad autónoma de residencia. Entonces, se comparaba la predisposición antes manifestada a pagar más impuestos con la que manifestaban cuando, ahora sí, sabían adónde iría su dinero, esto es, una vez han descubierto la descentralización. La comparación nos permite concluir que, al descubrir la descentralización, la predisposición a pagar más IRPF aumenta. Sin embargo, cuando el mismo ejercicio se realiza con el IVA (dicho sea de paso, para aquellos que no lo sepan: impuesto también compartido entre el Gobierno central y las comunidades autónomas), la propensión de los contribuyentes a pagar más IVA no aumenta. Por lo tanto, los ciudadanos informados están dispuestos a aumentar la escala del sector público de su CA, esto es, La Dolorosa del IRPF se les hace más digerible. Sin embargo, no sucede lo mismo en el IVA: la composición de lo pagado (más IRPF o más IVA) también importa.
En definitiva, saber cuánto se paga (la cuota líquida) es importante, pero también lo es a quién se paga y para qué se paga. Mejorar la información y hacerla entendible y visible en el mundo de la digitalización y cuando la desinformación está tan presente en las redes sociales ayudaría a una mejor digestión impositiva, algo imprescindible para el presente y el futuro de nuestra democracia.
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