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Nuevos controles

La primera cola está en la puerta: así funcionan los nuevos filtros de acceso al aeropuerto de Barcelona-El Prat

Aena obliga a mostrar la tarjeta de embarque a las personas que quieran entrar en las terminales aeroportuarias porque asegura que solo pueden entrar en la infraestructura quienes la vayan a usar

Los viajeros deben superar puertas cerradas, cintas que vetan el paso y agentes de seguridad adicionales a los ya habituales en un aeropuerto

El aeropuerto de El Prat blinda su seguridad: incluye controles para acceder a las terminales

La entrada a la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat ha pasado de tener 10 puertas de acceso a 2.

La entrada a la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat ha pasado de tener 10 puertas de acceso a 2. / Ferran Nadeu

Cristina Buesa

Cristina Buesa

El Prat de Llobregat
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Acceder desde el aparcamiento de larga estancia de la T1 supone chocar de golpe con un control. De repente, las tróleis ruedan más despacio porque la gente se pone a buscar la tarjeta de embarque en el móvil o en los bolsos. Deben demostrar, en un momento que no se lo esperaban, qué hacen en el aeropuerto de El Prat. “¿El DNI también?”, pregunta una mujer. La vigilante de seguridad le responde que no. Es mediodía en la principal terminal del aeródromo barcelonés, primer día tras tres jornadas festivas. Ni más ni menos afluencia que otro día, una infraestructura que hace tiempo que es un hervidero cualquier mes del año.

Hace tres semanas que el gestor de los aeropuertos españoles, Aena, ha decidido controlar quién entra y quién no en sus instalaciones de Barcelona. Esto se ha traducido en una serie de controles con agentes de seguridad privada situados tanto en las salidas como en las llegadas (en el piso inferior). Las cintas verdes con el logo de Aena perimetran el recorrido y son pocos los que dan la vuelta o protestan, como mucho lo hacen en voz baja. Cualquier intento por buscar otro paso alternativo topa con nuevas mamparas y otras cintas, estas rojas, con un “No pasar”. Todo el mundo por el embudo, vengas del parking que vengas.

Varios pasajeros buscan sus tarjetas de embarque para mostrar en el control de seguridad de la terminal T1.

Varios pasajeros buscan sus tarjetas de embarque para mostrar en el control de seguridad de la terminal T1. / Ferran Nadeu

Vigilantes comprensivos

“Pero yo no puedo entrar, no tengo billete para volar”, avisa un hombre contrariado a su acompañante. Llega hasta la vigilante, se explica y este lo deja pasar con un gesto comprensivo. En el espacio donde emergen por tres puertas de vidrio quienes acaban de aterrizar, todo sigue igual: gente emocionada, otros cansados de esperar, ramos de rosas y, un poco más retirados, los conductores de los distintos servicios de transporte con los carteles de sus clientes. Ahí no cambia nada. Salir de El Prat cuesta algo menos.

Si se accede por la fachada principal — con vehículo privado, VTC o taxi, estos últimos con dificultades añadidas por la huelga de este martes—, el trayecto también se alarga. De las diez puertas giratorias, agrupadas de dos en dos, solo funcionan las centrales. Es el acceso por donde tiene que pasar obligatoriamente cualquier persona que vaya a volar, y aquí sí se forma un tapón más visible. Como un vendedor de refrescos en la playa, un vigilante de seguridad va cantando en voz alta: “Tarjeta de embarque, tarjeta de embarque”. Los pasajeros rebuscan el documento que les permitirá superar el trámite.

El aeropuerto de El Prat blinda su seguridad: incluye controles para acceder a las terminales

El aeropuerto de El Prat blinda su seguridad: incluye controles para acceder a las terminales / EL PERIÓDICO

Detectores automáticos

Si llegar hasta el asiento del avión hace años que se convirtió en una gincana, ahora se suma una prueba más. La veintena de detectores automáticos de tarjetas de embarque que esperan a los viajeros, cincuenta metros más adelante, agilizarán el flujo, pero después vendrán nuevas colas y los escáneres de maletas de mano, bolsos, chaquetas y calzado. Y, finalmente, la puerta de embarque, donde los tripulantes de la aerolínea volverán a pedir la tarjeta y la documentación.

En las dos plantas del aeropuerto abundan estos días las cintas rojas de “No pasar”, se ven más coches de los Mossos de los habituales por el conflicto de los taxistas y gente despistada que intenta acceder desde fuera sin éxito. Toca caminar más, por fuera y por dentro. Dependiendo del conductor del VTC o taxi —si sabe de la existencia de los nuevos controles—, uno llega a la puerta correcta o al lugar equivocado.

Único acceso a la zona de Salidas desde la fachada principal de la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat, con en control de seguridad.

Único acceso a la zona de Salidas desde la fachada principal de la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat, con en control de seguridad. / Ferran Nadeu

Aplicar el "sentido común"

Los vigilantes de seguridad lo tienen más o menos fácil. A simple vista se distingue quién accede a El Prat para volar o acompañar: equipaje, cojín cervical, papeles en mano. En llegadas, el caos se concentra en la rampa para coger taxis. Tres conductores informan que hoy no se podrá hacer uso del servicio por el parón laboral. Blasfemias, soplidos, preguntas. “Es lo que hay”, dice uno, encogiéndose de hombros. Una mujer, fuera de sí, les arremete: “Me voy a por un Uber, lo que hacéis no tiene nombre”.

Aena sostiene que estos controles no responden a episodios puntuales ni a medidas excepcionales. Explica que se aplican desde hace tres semanas y que su objetivo es garantizar las normas de uso de la infraestructura: verificar que al interior de la terminal solo accede quien deba acceder —viajeros, trabajadores aeroportuarios o personal de suministros— y hacerlo con criterios que cada aeropuerto adapta según su operativa.

El Prat endurece los accesos: nuevos controles para entrar en las terminales

El Prat endurece los accesos: nuevos controles para entrar en las terminales / Manu Mitru

Fuentes de la empresa aseguran que los filtros son permanentes, no temporales, y en parte aleatorios; que se aplican con “sentido común” para permitir la entrada de acompañantes; y que no se han detectado problemas destacables. Por eso tampoco se informó específicamente a los taxistas: forman parte del colectivo que ya tenía autorización habitual para usar la infraestructura. En la práctica, sin embargo, el resultado se resume a simple vista: un control más en una cadena de controles cada vez más larga, y la primera cola del viaje nada más pisar la terminal.

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