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Opinión

Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

¿Se puede llenar España de Valdecarros?

Solucionar la falta de oferta de pisos va por barrios, municipios y autonomías. Importa desde la geografía de cada territorio hasta el mercado de trabajo. No todo es cuestión de falta de suelo

Las obras de Valdecarros vistas desde el aire, con más de 51.000 viviendas en construcción

Las obras de Valdecarros vistas desde el aire, con más de 51.000 viviendas en construcción / 'activos'

Entre la M-40, la M-45, la M-31 y la M-50, a la altura del kilómetro 10 de la A-3, conocida como carretera de Valencia, se está desarrollando el mayor proyecto urbanístico de España. Bienvenidos al sureste de Madrid, más allá del ensanche de Vallecas. Valdecarros es la última parada de la línea 1 del metro. Quince promotoras más los propietarios históricos de unos terrenos que eran baldíos se han unido para construir 51.655 viviendas, casi una tercera parte de las 180.000 que se quieren levantar en Madrid en los próximos años. En teoría, empezarán a entregarse a partir de 2028 y ya se ha vendido una buena parte de ellas sobre plano. Los precios van desde 210.000 euros por 88 metros cuadrados hasta 700.000 euros por un dúplex de 172 metros cuadrados. La Comunidad de Madrid y el ayuntamiento asumen 20.000 de estas viviendas para oferta social.

Descubrí la magnitud de este proyecto escuchando a Luis Roca de Togores, presidente de Valdecarros, en las jornadas inmobiliarias que Prensa Ibérica, a través de ‘activos’ y EL PERIÓDICO, organizó en Madrid esta semana. Entrevistado por Gabriel Santamarina, entre muchos apuntes, me llamó la atención que uno de los objetivos del proyecto es facilitar la movilidad interna del nuevo barrio reduciendo las pendientes.

Durante una larga mañana, los principales expertos del sector en España abordaron el presente y el futuro del sector inmobiliario. Inversores y promotores mostraron su optimismo ante la situación del mercado español, anticipando que la inversión se acercará a un récord histórico de 20.000 millones este año. Hubo un generalizado consenso de que 2026 seguirá por la misma senda de jolgorio siempre que se mantengan las mismas condiciones macroeconómicas actuales y la geopolítica, un cisne negro o un rinoceronte blanco no lo impidan.

El ejemplo de Valdecarros sirve para poner sobre la mesa el debate sobre la falta de vivienda en España. El archianalizado debate sobre el desajuste entre oferta y demanda y cómo debe arreglarse teniendo en cuenta dos factores: el crecimiento demográfico creado por la llegada de inmigrantes (España tocará los 50 millones de habitantes en unos meses) y la dificultad de los jóvenes de acceder a la vivienda debido a sus precios.

Hay que fabricar más suelo, dicen unos; hay que intervenir el sector, dicen otros; hay que levantar más pisos encima de los edificios ya construidos, dicen sesudos expertos. Desde aquellos que piden recuperar todo tipo de beneficios fiscales hasta quienes quieren obligar a que las viviendas sean para vivir, el menú de soluciones abarca todo el espectro ideológico. Al menos, la amplia mayoría está de acuerdo en que solucionar este problema es un trabajo conjunto entre el sector privado, incluidas las entidades financieras, y las administraciones.

Valdecarros es un fenómeno que solo puede ocurrir en Madrid. La capital de las Españas lleva muchos años desarrollándose por cualquiera de sus puntos cardinales. Lo favorece tanto la orografía como ser tractor de inversiones, públicas y privadas, y de creación de empleo. Hasta donde he podido mirar, es un caso imposible de imitar en las ciudades litorales y su entorno metropolitano (pensemos en el área de Barcelona o la de Valencia). Entre las grandes ciudades españolas, fuera del litoral, solo Zaragoza (727.000 habitantes) tendría esta capacidad de terreno disponible. Aunque, a estas alturas, muchos años le quedan a la capital aragonesa para generar la demanda de empleo y vivienda de Madrid.

Los desajustes en el mercado de la vivienda van acorde al mercado laboral y a los desequilibrios territoriales, donde el transporte es el eje que puede facilitar crear nuevos centros de trabajo. Siempre puede haber iluminados -por no definirlos de otra forma- que pidan urbanizar la sierra de Collserola -hoy más situada en el mapa debido a los jabalíes- o pensar en construir islas artificiales llenas de rascacielos frente a Barcelona.

Por ejemplo, para arreglar la falta de oferta de vivienda de la capital catalana (100 kilómetros cuadrados frente a los 600 de Madrid) hay que mirar mucho más allá y buscar otras soluciones. De la Puerta del Sol, centro neurálgico de Madrid, hasta Valdecarros hay 13 kilómetros en línea recta, 15 kilómetros en coche y se tardan 35 minutos en metro. Desde la plaza de Catalunya barcelonesa, a la misma distancia están Montgat y Cerdanyola del Vallès, por poner dos ejemplos. ¿Hay terrenos similares en estos municipios para llevar a cabo proyectos como Valdecarros? No.

¿Más soluciones? Siempre he defendido que las capitales administrativas de los países nunca deberían ser las económicas y/o culturales. EEUU, Canadá, Australia, Italia y Suiza sirven de ejemplo. Quizá habría que empezar por aquí: descentralizar aún más. ¿Quién se atreve?

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