Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | TRIBUNA

La visión 360º que nuestro sistema de pensiones necesita

El sistema público de pensiones español afronta un desafío ante la baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida, factores que tensionan su sostenibilidad financiera a largo plazo

Una pareja de pensionistas paseando por un parque de Madrid.

Una pareja de pensionistas paseando por un parque de Madrid. / ARCHIVO

El sistema público de pensiones lleva años en el centro del debate económico y social en España. Y, aunque el análisis no es sencillo y continúa copando múltiples ediciones de foros y jornadas especializadas, parece consolidarse un amplio consenso sobre el diagnóstico: la combinación de una natalidad persistentemente baja y una longevidad creciente está tensionando de forma estructural la sostenibilidad financiera del modelo de reparto actual. No hablamos de un fenómeno coyuntural, sino de una transformación profunda que exige reflexión colectiva y soluciones de largo plazo.

Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística lo ilustran con claridad. En 2024, se registraron 318.005 nacimientos, un 0,8% menos que el año anterior. Por otro lado, la esperanza de vida supera ya los 84 años y las proyecciones apuntan a que la población mayor de 65 años superará el 30% en torno a 2055. En paralelo, aunque el empleo continúa avanzando y la afiliación a la Seguridad Social se mantiene en máximos, la ratio entre cotizantes y pensionistas cerraba el año pasado en 2,44. Todos estos factores redundan en un equilibrio frágil para un sistema diseñado sobre una pirámide demográfica muy distinta a la actual.

La perspectiva histórica ayuda a dimensionar el cambio. Cada generación vive más, llega a la jubilación en mejores condiciones y permanece más tiempo en ella. Se trata de un logro social incuestionable, pero supone también un desafío mayúsculo para un modelo que descansa en un pacto intergeneracional implícito: los trabajadores en activo financian, mediante sus cotizaciones, las pensiones de quienes les precedieron, confiando en que las generaciones futuras harán lo propio. Este equilibrio, basado en la continuidad entre generaciones, se ve hoy tensionado con los nacimientos en mínimos históricos.

Y esta realidad obliga a abrir un debate sereno, técnico y orientado al largo plazo sobre cómo asegurar la estabilidad del sistema público de pensiones español.

Desde una visión de futuro, la cuestión no pasa únicamente por introducir adaptaciones progresivas, sino por consolidar un marco estable que permita planificar con certidumbre y refuerce el relevo generacional. En cualquier escenario, un sistema público debe seguir siendo el primer pilar para la protección del bienestar de la población senior tras su jubilación. Precisamente, por ello, mantener su equilibrio es una tarea de todos.

Este contexto plantea, además, nuevas exigencias para las arcas de la Seguridad Social: la incertidumbre geopolítica, el aumento de las necesidades de gasto en ámbitos como la defensa, la seguridad o la transición energética, y las inversiones estratégicas a largo plazo dibujan un escenario complejo para las cuentas públicas. Garantizar la sostenibilidad del sistema en este entorno requiere priorizar, por tanto, alcanzar consensos amplios y actuar con visión de Estado.

Sin embargo, y a pesar de este consenso, seguimos bastante “encallados” por la ausencia de una visión de largo plazo, que debe ser explicada y compartida con la sociedad, y por la falta de acuerdo en el ámbito político para definir, de una manera lo más consensuada posible, cuáles son las “líneas maestras” de este cada vez más inaplazable itinerario de reformas.

Un camino que, por otra parte, ya han recorrido otros muchos países de nuestro entorno y que nos puede servir de referencia para imitar lo que les ha funcionado, evitar errores que ellos hayan podido cometer, y por supuesto, adaptarlo a nuestra propia realidad como país.

En este escenario, la sostenibilidad del sistema exige actuar sobre el conjunto del mismo, combinando la fortaleza del pilar público con el desarrollo de los pilares privados complementarios que lo refuercen. La experiencia comparada muestra que los países que han logrado un equilibrio más sólido han apostado por un sistema mixto, en el que el pilar público mantiene su función esencial de cohesión social, mientras que instrumentos como los planes de pensiones individuales o los mecanismos de previsión social en las empresas y otras fórmulas de ahorro colectivo aportan diversificación, estabilidad y capacidad de adaptación a largo plazo. Este enfoque permite amortiguar el impacto del envejecimiento sobre las cuentas públicas y facilita una planificación más equilibrada entre generaciones, especialmente en contextos como el actual, en el que la longevidad, los cambios en el mercado laboral y las nuevas presiones sobre el gasto obligan a ampliar la mirada y reforzar el conjunto del sistema.

Estas reflexiones pueden permitirnos avanzar hacia un enfoque más constructivo en un debate que a menudo queda atrapado en el pesimismo o la confrontación. La sostenibilidad del sistema público de pensiones no es únicamente un desafío técnico; es un proyecto de país que requiere responsabilidad institucional, social e individual.

Por ello, más que nunca, resulta imprescindible una mirada a largo plazo que combine una visión equilibrada de las tendencias demográficas y planificación responsable. Promover la educación financiera y la anticipación en las decisiones de ahorro y fomentar una cultura de corresponsabilidad entre generaciones son elementos clave para abordar con éxito un desafío que afecta de manera directa a millones de ciudadanos.

Las tendencias demográficas no pueden cambiarse, pero sí puede gestionarse una adaptación coherente a ellas. En este sentido, para acometer con mayores probabilidades de éxito uno de los desafíos sociales más críticos y trascendentales de nuestro tiempo, debemos contar con el criterio de los expertos en la materia. El reto para la esfera pública es mayúsculo. No porque no cuenten con los medios necesarios, sino por la necesidad de que demuestren un cambio en sus objetivos y abandonen el conflicto en pro del consenso. Solo así podremos resolver este reto.