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Automoción

Arranca la gigafactoría de Zaragoza: cuenta atrás para las obras, contratos millonarios y el reto de alojar a 2.000 chinos

Con la colocación de la primera piedra este miércoles, el proyecto impulsado por CATL y Stellantis encara su fase decisiva para dejar de ser una promesa industrial y empezar a convertirse en una realidad sobre el terreno, con incógnitas todavía por resolver cono el desembarco sin precedentes de trabajadores asiáticos

Obras en la planta de Stellantis donde se construirá la gigafactoría.

Obras en la planta de Stellantis donde se construirá la gigafactoría. / Jaime Galindo.

Zaragoza
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Aragón afronta desde esta semana uno de los hitos industriales más relevantes de su historia reciente. La colocación este miércoles de la primera piedra de la gigafactoría de CATL y Stellantis certifica la transición definitiva del llamado proyecto Toro desde los trámites administrativos y las obras preliminares hacia una fase de ejecución marcada por la llegada de los primeros ingenieros chinos, la activación de contratos clave y la configuración del ecosistema energético y logístico que sustentará el futuro complejo.

El proyecto va a dejar de ser una promesa para empezar a convertirse en una realidad visible sobre el terreno. Tras la explanación de la parcela anexa a la planta automovilística, que se ha completado en los últimos meses antes incluso de lo previsto, la maquinaria ha comenzado a marcar las huellas de las futuras naves mientras el entramado institucional y empresarial ultima decisiones críticas que influirán en su desarrollo durante los próximos años.

Contratos que toman forma

La obra civil de la futura gigafactoría ya registra sus primeros hitos contractuales. La compañía rumana Synergy Construct ha sido adjudicada para levantar dos de las naves del complejo y asumir la cimentación del edificio principal de celdas, según avanzó Heraldo. Simultáneamente, la empresa aragonesa Consolis-Tecnyconta se encargará de la estructura y de tres edificios auxiliares asociados.  Estas adjudicaciones se suman al conjunto de lotes licitados hasta la fecha —más de 50 millones de euros en contratos— que incluyen la cimentación valorada en 16,5 millones, el paquete de infraestructuras por 25 millones y la obra de oficinas internas de 1,7 millones. 

Ya en el mes de julio, los promotores de la gigafactoría ya pidieron ofertas económicas para el diseño y la construcción de viviendas para los trabajadores chinos, una encomienda valorada en torno a 6,5 millones sobre la que no ha trascendido por ahora el resultado. Todo ello configura el armazón inicial de un complejo cuya ejecución será imponente.

El Gobierno de Aragón aprobó en julio el PIGA del proyecto Toro, una pieza clave para acelerar la tramitación. Esta figura permite que la fase cero -la más crítica para arrancar las obras- quede exenta de evaluación ambiental, evitando retrasos que podrían comprometer la llegada de equipos de producción y la coordinación con los planes industriales de Stellantis.

La documentación presentada detalla que la gigafactoría ocupará 367.000 metros cuadrados en una superficie total de 89 hectáreas repartidas entre Figueruelas y Pedrola. Las obras estructurales comenzarán plenamente en 2026, se prevé una primera producción piloto de celdas en 2028 y la plena capacidad operativa se alcanzará en 2030.  

Las fases del proyecto Toro

El desarrollo del proyecto se estructura en varias fases con plazos específicos. En 2025 se ha finalizado el movimiento de tierras y se han iniciado los trabajos preparatorios para el inicio de las obras antes de que acabe el año. En 2026 arrancará de modo pleno la construcción de las naves, con cimentaciones, estructuras y urbanización interior. En 2028 está previsto que se ponga en marcha la primera fase de producción de celdas y módulos, mientras que en 2030 el complejo alcanzará su plena capacidad operativa. 

Esta hoja de ruta incluye además la construcción de la subestación eléctrica, las conexiones del parque renovable asociado y los servicios complementarios.  

2.000 chinos y un plan por concretar

El foco social del proyecto pasa por el alojamiento temporal de los alrededor de 2.000 empleados chinos que participarán en la construcción y el montaje de la gigafactoría. En torno a 20 trabajadores ya residen en Zaragoza desde octubre y los primeros visados están en trámite.

El reto es que la compañía aún no ha definido la localización definitiva de las viviendas modulares, lo que genera inquietud en los ayuntamientos de Figueruelas y Pedrola. Empresas especializadas han presentado ofertas, pero varias coinciden en que la interlocución con CATL se ha caracterizado por la lentitud en la respuesta final.

La dimensión económica del proyecto es masiva. Con una inversión directa de 4.100 millones de euros y un impacto económico estimado en cerca de 8.000 millones a 15 años, la iniciativa promete transformar la estructura productiva de Aragón.

Las ayudas públicas del Perte del vehículo eléctrico han sido determinantes y suman 270,4 millones de euros en apoyo directo. El empleo previsto contempla más de 6.000 puestos anuales durante la fase de construcción y unos 3.000 empleos directos cuando la planta esté en funcionamiento, junto con miles más de carácter inducido.

Energía para un gigante

El suministro energético del proyecto será también un referente. Forestalia, como principal aliado energético, desplegará 14 parques eólicos y 5 plantas fotovoltaicas, con una capacidad superior al gigavatio, para garantizar el autoconsumo de la planta. Las infraestructuras conectarán estas instalaciones con la nueva subestación que se levantará en el entorno, completando un modelo de fábrica de baterías de nueva generación, más sostenible y con mayor autonomía respecto a la red convencional.

La historia que desemboca en esta primera piedra comenzó en 2017 con los primeros viajes del Gobierno de Aragón a China. Desde entonces, el proceso ha sido una carrera con momentos de aceleración y retroceso. El preacuerdo frustrado con Volkswagen para Zuera, la pugna con Vigo, la competencia con Italia y la irrupción de Tata Motors. Finalmente, la alianza con CATL y Stellantis ha cristalizado con el apoyo público del Estado y una estrategia industrial que convierte a la Ribera Alta del Ebro en un eje de futuro.