PERFIL
Marta Lacambra: Una solicitada economista a la medida de una gran fundación
La CEO de la Fundació Catalunya La Pedrera hace balance sobre su trayectoria profesional, que comenzó en la Universitat Autònoma de Barcelona tras estudiar Económicas, pasando por el Departament d'Educació de la Generalitat cuando todo estaba por hacer
“La Fundació Catalunya La Pedrera es un gran redistribuidor de renta”

La CEO de la Fundació Catalunya La Pedrera, Marta Lacambra / Elisenda Pons

Sigue disfrutando como el primer día de todo lo que hace. Y no solo lo asegura, también lo transmite. Marta Lacambra i Puig (Tánger, 1957) lleva 12 años al frente de la Fundació Catalunya La Pedrera. En su trayectoria profesional nunca ha tenido que buscar trabajo porque siempre la han reclamado, algo que debe, a su entender, a su habilidad para gestionar y la pasión que pone en todo lo que hace.
Estudió Económicas en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). «En aquel momento, me pareció que era más fácil entrar en el mundo laboral como docente que como economista», apunta, y con esa idea inició el máster de Teoría Económica y Métodos Cuantitativos. «Éramos unos 60 estudiantes, la mitad hombres y la mitad mujeres, muy conscientes de que cursábamos unos estudios en los que al final tenías que decidir tú a qué te dedicabas», rememora.

La CEO de la Fundació Catalunya La Pedrera, Marta Lacambra / Elisenda Pons
Lacambra acabó la carrera en 1975. «Eran tiempos difíciles -indica-, en plena crisis energética del Golfo. No había muchas oportunidades de trabajo pero había muchísima ilusión». En ese contexto, se produjo algo «apasionante» como fue la recuperación de la Generalitat de Catalunya, que comportó tener que buscar técnicos especialistas en derecho, demografía, planificación, educación, etcétera. Cuando finalizó la carrera, pasó dos años dando clases en Esade y la UAB, docencia que compaginó con el máster, y después entró en la Generalitat, en el Departament d’Educació, para dibujar el mapa escolar de Catalunya. «No podía haber una persona más feliz en el mundo». Empezaron trabajando en pisos del Eixample barcelonés porque «todo estaba por hacer».
De aquella época recuerda a grandes mujeres en su vida: Eugènia Cuenca y Carme Laura, «dos ejemplos de luchadoras en mundos con mucha presencia masculina; eran las únicas que estaban en los consejos técnicos del Ministerio de Educación». No era el caso de la directora general de la Fundació Catalunya La Pedrera, que no ha tenido nunca «la sensación de tener que hacerse valer por ser mujer».
Sumar y diferenciar
La Fundació Catalunya La Pedrera es el resultado de la fusión de ocho fundaciones: Un sol món, Fundació Viure i conviure, Territori i paisatge, Fundació Catalunya Cultura, Fundació Caixa Manresa, Fundació Alícia, Fundació Caixa Tarragona y Fundació Topromi (ahora Pas a Pas). «Había que respetar los factores diferenciales de cada una de ellas teniendo en cuenta las propuestas de la Unión Europea», recuerda Marta Lacambra, directora general desde su creación. Con todo, ya desde el inicio detectaron que el trabajo de la nueva entidad debía apostar por abordar el envejecimiento creciente de la población, el cambio climático, la alimentación como condicionante de la calidad de vida «con un lenguaje que entienda todo el mundo» y la educación como palanca de cambio, «entendida como un proceso de retroalimentación entre la cultura y los centros de formación».
Una oportunidad tras otra
Su capacidad de negociación y para conciliar acuerdos motivó que, cuando el entonces el consejero de Educación, Joan Guitart, fue nombrado consejero de Cultura, Lacambra recibiera una nueva propuesta para dejar la gestión educativa y dedicarse plenamente a la gestión cultural. «Una nueva oportunidad preciosa, un sueño: era el nacimiento del MNAC, del Macba, del Arxiu Nacional, de la Biblioteca de Catalunya ...», detalla.
Tras trabajar mano a mano con la Diputación de Girona nombraron a su presidente consejero de Medi Ambient y reclamó a Lacambra para su equipo. «Fue un giro de 180 grados. Pasé al mundo del saneamiento, los residuos y la petroquímica de Tarragona. Cambié un entorno sofisticado y erudito por un sector desconocido y lleno de gestión pero donde también disfruté».
Siendo secretaria general de Medi Ambient le ofrecieron gestionar el conflicto del recibo del agua y, de ahí, asumir la dirección de Aigües Ter-Llobregat (ATLL) y simultáneamente la de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA). «Aquí acabó una época», sentencia.

La CEO de la Fundació Catalunya La Pedrera, Marta Lacambra / Elisenda Pons
Una nueva oportunidad la llevó a liderar la reconstrucción del monasterio de Sant Benet (Sant Fruitós de Bages, Barcelona), que fue la puerta de entrada a la coordinación de la fundación. Desde su creación en 2013, es la directora general de la Fundació Catalunya La Pedrera, que se estructura en tres áreas de trabajo: educación, cultura y medio ambiente. «La hicieron a medida para mi», bromea Lacambra, que añade que estas tres áreas son entornos donde tiene la sensación de «haber picado piedra desde abajo y haber entendido las dificultades en la igualdad de oportunidades».
«Somos una fundación privada, que se financia con recursos propios, con un patronato de lujo, con expertos en cada uno de los ámbitos que la configuran y que nació con un modelo de explotación diseñado para seguir siendo independientes», detalla. El patrimonio de la fundación tiene dos piezas culturales clave: Sant Benet y La Pedrera -que ya en 2012 tenía un millón de visitantes-, y su plan de viabilidad contempla que todos los proyectos de sus cinco ámbitos de actuación (alimentación y salud, ocupación inclusiva, sostenibilidad y territorio, ciencia y educación y envejecimiento digno) sean viables económicamente. La entidad cerrará 2025 «con un equilibrio entre ingresos y gastos de 60 millones de euros» y con «un presupuesto para el año que viene que asciende a 63 millones».
Con estos números, Lacambra ya trabaja en un nuevo reto. Quiere jugar un rol catalizador para limpiar los bosques de la sierra de Collserola y recuperar las cuadrículas de olivos. «Favorecer y transformar un lugar que debe estar preservado».
Firme defensora de la meritocracia, a su entender hoy en día es más necesario que nunca crear redes de networking porque «es agradable que te vengan a buscar y te ofrezcan un trabajo pero es difícil que eso pase si no hay espacios donde puedan hablar de ti». Se define como una persona «exigente y autoexigente» y cree que la recordarán como alguien «apasionada y con una sensibilidad social indiscutible».
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