El auge del continente asiático
Catalunya mira hacia Corea del Sur para tratar de reproducir su "milagro" económico
Una veintena de empresarios catalanes viajan al país asiático para analizar cómo se ha convertido en una de las mayores economías del mundo en unas pocas décadas
La clave han sido las políticas largoplacistas, el protagonismo del sector privado y la agilidad
Illa reordena las relaciones internacionales de Catalunya y fija a China como "socio prioritario"

La delegación de empresarios y académicos organizada por FemCat en las instalaciones del Centro para la Economía Creativa y la Innovación de Gyeonggi (GCCEI), en Seúl / FemCat

Lo cuenta sin ser consciente de que se convertirá en una especie de mantra toda la semana. “La primera palabra que aprendí cuando llegué a Corea [del Sur] no fue ni ‘hola’, ni ‘gracias’, fue ‘pali-pali’, que quiere decir ‘rápido, rápido’”. La audiencia sonríe y el emprendedor catalán Carlos Kik, primera persona en recibir una visa especial del Gobierno surcoreano para emprendedores extranjeros que quieran instalarse en el país, lo explica más detenidamente. “Es cierto, aquí todo va súper rápido”.
El casi medio centenar de catalanes que le escuchan en el Centro para la Economía Creativa y la Innovación de Gyeonggi (GCCEI), en Seúl, lo comprobarán a cada rato los siguientes días.
El grupo lo conforman 22 empresarios y empresarias miembros de la fundación privada para la promoción y desarrollo de la economía catalana FemCat, los rectores de la Universitat de Barcelona (UB), Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Universitat Pompeu Fabra (UPF) y Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), así como tres miembros de instituciones de investigación como el BIST, además de periodistas, acompañantes de los empresarios y las personas de FemCat que han organizado el viaje. La visita se debe a la voluntad de profundizar en el “milagro coreano”, la receta que ha hecho de uno de los mercados más pobres del mundo –dicho por Wook Sohn, profesor del instituto KDI de gestión y política pública–, una potencia tecnológica mundial y una de las principales economías del globo. Según el FMI, este país de tamaño similar a Andalucía y Murcia juntas, es el 14º mercado más importante en función de su PIB nominal.

El grupo de empresarios, investigadores y catedráticos organizado por FemCat que ha viajado a Corea del Sur / FemCat
“Cuando vine la primera vez, allá por los 80, me recordó a la Catalunya de los años 60; ahora, en cambio, es como podría ser la Catalunya del futuro”, arranca Oriol Guixà, presidente de la metalúrgica La Farga y actual presidente de Femcat.
Hace esos mismos 40 años, era habitual ver a la mujer andar detrás del hombre y en muchos casos ni siquiera le preguntaban a ella lo que quería en un restaurante. Tan cerca como hace una década, era común que las fondas ofrecieran perro para comer, mientras que ahora es raro ver a mascotas que no vayan en carrito o en brazos. Igual que en Catalunya, el animal de compañía es un miembro más de la familia. También allí, por cierto, la natalidad va dramáticamente a la baja, algo que pretenden resolver con tecnología, mejor que con inmigración.
Sea como sea, ¿Qué ha pasado para que todo esto cambie? Tal como explicarán en distintas sesiones el profesor Sohn; el vicepresidente de la oficina internacional del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (KAIST), Young Kim; o el investigador sénior y director del equipo de gestión de riesgo global del Instituto de Investigación Económica de Corea (KERI), Taekyu Lee, varias cosas.
Guerra e inversión de EEUU
Para empezar, el fenómeno no se entiende sin la guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur en los años 50, cuyo impacto fue equivalente al 86% del Producto Nacional Bruto que tenía un país que tuvo que reconstruirse por completo.
A esto se respondió lanzando un “ambicioso” plan de desarrollo que Estados Unidos (EEUU) ayudó a financiar. Esta estrategia colocaba a la empresa privada en el centro de todo, algo factible porque la relación entre Gobierno, sector privado, academia y ciudadano funciona. Nadie esconde que la amenaza económica que suponen China o Rusia, o la impresión generalizada de que el país podría verse inmerso en otro conflicto bélico en cualquier momento, ayudan a que todos remen en la misma dirección, pero la cuestión es que funciona.
La estrategia pública, de hecho, se basó en empujar la globalización de los sectores financieros e industriales, y en simplificar al máximo la regulación para que las compañías pudiesen abrirse al mundo. Y como la economía coreana descansa en gran medida sobre las grandes fortunas familiares dueñas de empresas insignia del país (Samsung, LG, Hyundai…), éstas, las llamadas ‘chaebol’, respondieron creciendo dentro y fuera todo lo que pudieron. “El Gobierno dotó de la visión y la infraestructura, y las corporaciones privadas ejecutaron con velocidad e innovación”, resume el investigador Lee.
El Gobierno dotó de la visión y la infraestructura, y las corporaciones privadas ejecutaron con velocidad e innovación
Todo esto, acompañado por unos Juegos Olímpicos, en el 88, que pusieron al país en el mapa, políticas largoplacistas que se mantienen independientemente de los cambios en el Gobierno (“Una política desordenada, raramente generará los resultados esperados”, enfatiza el profesor Sohn), y por un foco evidente en las industrias que han sido críticas en todo este tiempo: el textil, la agroalimentaria o la construcción en la década de los 50; la química en los 70; los semiconductores o los móviles en los 90; y, desde 2010, las baterías, la inteligencia artificial (IA) y la transformación digital.
La 'ola coreana' cultural y la digitalización
De hecho, esta flexibilidad y rapidez transformativa es otra de las claves que saldrán a relucir durante el viaje. Sin ir más lejos, Samsung nació como fabricante de azúcar o textiles; LG de jabones, y Hyundai, como constructora. También es prueba de ello que, vista la reputación internacional actual de la producción audiovisual coreana (entre el Gangnam Style y El Juego del Calamar, Parásitos o las KPop Demon Hunters, las exportaciones de la “industria del contenido” han crecido un 313%), el Gobierno haya lanzado ya varios planes estratégicos para sacar partido de todo esto. El último, vigente hasta 2030, valorado en 30.000 millones de euros.
Lo llaman 'Hallyu' (algo así como ‘la ola coreana’), profundizará la doctora de la Fundación Coreana para el Intercambio Cultural Internacional (KOFICE), Hyunji Lee, y sospechan, por muy difícil que sea de comprobar, que es uno de los motores de crecimiento de los sectores de la gastronomía o la belleza.

El Hyundai Motorstudio de Seúl, un centro de exhibición de las innovaciones de Hyunday / FemCat
La tercera muestra de agilidad y de lo bien sintonizados que están sector público y privado, es el alto nivel de digitalización de la administración pública. Según el responsable de la Agencia de Información Nacional para la Sociedad, Hyeongsoon Kim, el 89% de la población utiliza las herramientas digitales del Gobierno y el país ha liderado dos veces el índice de Gobiernos digitales de la OCDE.
“Corea es una sociedad súper tecnológica, todo el mundo va con el móvil, todo está hiper conectado y la gente no pone problemas a probar cosas nuevas”, reflexiona el emprendedor barcelonés Carlos Kik. “Las ayudas están muy bien, pero no sirven de mucho si no sabes qué hacer con ellas en el tiempo adecuado; necesitas gente que sepa lo que está haciendo y dónde quiere llegar, además de facilidades burocráticas, porque te tienes que mover súper rápido”, insiste.
No miente, visto todo lo que han visto estos días esta veintena de empresarios (primeros espadas de BonÀrea, La Mallorquina, Marlex, Mullor, Parlem o el Racc, entre muchos otros).
Desde un centro de demostraciones de Hyundai donde todo son tecnologías inmersivas para vivir en carne propia como ven el futuro de la movilidad –spoiler: vehículos voladores, robots gestores de emergencias o vagones de autobús y metro autónomos que dicen prever lanzar entre 2028 y 2030–, hasta la Eco Delta Smart City, una villa ya nacida como ‘smart city’ en la que viven gratis una treintena de familias desde hace cuatro años a modo de prueba piloto. En las oficinas de Naver, el Google surcoreano, hay un Starbucks dentro y son robots los que reparten el café en los distintos pisos de un edificio que tiene hasta un centro médico de uso privado para los trabajadores.

Los robots repartidores de Naver descansando en sus estaciones en sus oficinas en Seúl / El Periódico
Precisamente, una de las caras amargas de todo esto es la cultura de trabajo dominante. Este país tiene regulado trabajar hasta 52 horas a la semana, las 40 habituales y un máximo de 12 horas extra, que es lo común, por ejemplo, entre los directivos de Samsung, quienes trabajan de lunes a sábado. También es norma que en las instalaciones de las empresas más punteras haya de todo para lograr que el trabajador esté el máximo tiempo posible en la oficina.
Competitividad desde pequeños
La competitividad es feroz, constatarán Roger Royo, presidente de la Cámara de Comercio de España en Corea; Bekiu Kim Jung, delegado del Govern en Corea del Sur, y algunos de los miembros del equipo que la agencia de promoción empresarial catalana Acció tiene allí. El 40% del presupuesto de una familia suele irse a academias y formación extra para los hijos, y eso que la educación es gratuita en el país. Así ocurre que en Corea del Sur se dé la tasa más alta de suicidios de todos los países de la OCDE: 23 de cada 100.000 habitantes murieron de esta forma en 2022, frente a los 7 de España, por ejemplo.
“Si el modelo que nos tiene que permitir mantener un sistema económico básico es el modelo de crecimiento del este asiático, miremos como son las ciudades [muy poco urbanas y amables con el viandante], como se construyen los edificios, las horas que trabajan… eso es algo que me llevo como angustia”, reflexionará uno de los miembros de la comitiva, en la reunión de cierre del viaje y conclusiones. “Tienen una cultura muy jerarquizada, muy distinta a la nuestra, lo veo poco trasladable en un contexto social y económico como el de Catalunya”, opina otro.

El presidente de FemCat, Oriol Guixà, en su discurso de clausura del viaje / FemCat
“Tiene puntos que no compraríamos, probablemente no vendríamos a vivir aquí, pero lo que han hecho tiene mucho mérito”, reivindica Guixà, para cerrar una reunión que ha servido, en realidad, para enumerar las cosas extrapolables.
¿Qué puede imitar Catalunya?
En sus discursos, los empresarios y académicos destacan la “ilusión” y la “energía” percibida en general, la sintonía entre todas las partes que influyen en el desarrollo de un país, que su Gobierno haya sabido definir las prioridades colectivas y, especialmente, las facilidades (o, si más no, las no-trabas) burocráticas, algo que creen que falta en Catalunya y España.
En Catalunya tenemos muchos de sus ingredientes, pero falta alineamiento e incorporar mucho más la innovación y la tecnología
“Hemos visto una estrategia de país a largo plazo, pero también una estrategia de comunicación de país, podríamos sacar mucho rendimiento de tener una estrategia cohesionada en Catalunya”, lanza uno de ellos, insistiendo en la idea de que, frente a todas las amenazas que tiene Corea del Sur actualmente (el crecimiento de su economía empieza a ralentizarse, los aranceles, la brutal competencia de China…) “no se ve derrotismo, hay espíritu de luchar para conseguirlo”.
“Tienen mucha capacidad de autocrítica, de espabilarse y cultura de no quejarse, hacer y no esperar que sea la administración la que les haga el trabajo”, coincide otro. “No se solapan, entienden que cada cual tiene su rol y se apoyan en las capacidades de cada uno”, destaca una tercera. “En Catalunya tenemos muchos de sus ingredientes, pero falta ese alineamiento e incorporar mucho más la innovación y la tecnología”, opina un cuarto miembro de la comitiva.
En este sentido, una de las propuestas surgidas es la creación de un ‘think tank’ para definir una estrategia de país de este tipo. También apoyarnos mucho más en la figura de Gaudí como reclamo mundial. Y, por supuesto, adoptar en la medida de lo posible la cultura del “pali-pali”. “Parece una broma, pero es esencial”, apuntalan.
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