Opinión | Tribuna
Por qué la IA es un motor propulsor de la empresa familiar
No se trata de sustituir el trato humano por algoritmos, ni de automatizar por automatizar, sino de aprovechar la inteligencia artificial para reforzar las ventajas que ya existen

El Rey Felipe VI posa en una foto de familia durante la clausura del XXVII Congreso Nacional de la Empresa Familiar. / Europa Press
Lo dicen los datos: las empresas familiares representan el 92,4% del tejido empresarial español, generan el 70% del empleo privado y aportan más de la mitad del Valor Añadido Bruto (VAB) nacional, configurándose como la arteria vital de la economía y del tejido productivo del país, según datos recientes del Instituto de la Empresa Familiar. Más allá de su contribución al empleo y al desarrollo económico, es su visión a largo plazo y su vocación de permanencia la que la convierten en fuente de progreso y estabilidad al mismo tiempo. El entorno empresarial actual, eso sí, exige algo más que tradición y experiencia: adaptación rápida a nuevas herramientas y aproximación a los mercados, a la que se le suma un nuevo fenómeno, la tecnología con la irrupción de la inteligencia artificial.
Las empresas familiares se enfrentan hoy a un desafío sin parecido a nada de lo que se hayan enfrentado hasta ahora. Su estructura, basada en la mayoría de casos en la confianza y una cercanía que permite una toma de decisiones ágil, permite reaccionar con rapidez ante los cambios. Pero, paradójicamente, esa misma estructura puede generar resistencia frente a la incorporación de tecnologías disruptivas. Con esto, la IA podría verse como una amenaza al legado, pero realmente debe ser una herramienta para preservarlo y hacerlo crecer en un entorno competitivo cada vez más exigente.
Aplicada con criterio, la IA puede sustituir a la hora de llevar a cabo tareas repetitivas y de bajo valor añadido, permitiendo concentrar esfuerzos en lo que realmente aporta: la estrategia, innovación y servicio al cliente. Por otro lado, agiliza la toma de decisiones a raíz del análisis de datos, prever tendencias de mercado, anticipar la demanda o detectar oportunidades que pasan desapercibidas. Para la empresa familiar, que muchas veces compite con menos recursos frente a grandes compañías, la IA puede ser el gran igualador que potencie su competitividad y permita dar un salto de escala sin perder su identidad.
El desafío no está en la tecnología en sí, sino en la mentalidad y el cambio de cultura empresarial que supone la adopción de la IA, que requiere amplitud de miras para dar ese paso y formación para implementarla. La empresa familiar continúa en parte con procesos poco digitalizados o estructuras rígidas que ralentizan los procesos. Por eso, comprender cómo ayuda la inteligencia artificial y estudiar su integración sin perder un modelo de negocio con propósito.
La inteligencia artificial y hacerla propia fomenta la colaboración intergeneracional y crea una cultura donde la innovación pasa a un primer plano. Las nuevas generaciones tienen la oportunidad de desempeñar un papel decisivo en este proceso, siendo puente entre la tradición y el cambio. La ventaja de hablar un lenguaje digital desde el nacimiento y poder aplicarlo en una organización también es algo a tener en cuenta.
No se trata de sustituir el trato humano por algoritmos, ni de automatizar por automatizar, sino de aprovechar la inteligencia artificial para reforzar las ventajas que ya existen. La empresa familiar debe potenciar sus ventajas de vínculo con clientes sin dejar de lado la eficiencia. En esta misma línea, la IA también puede utilizarse para personalizar los servicios, pero sobre todo para optimizar producción y reducir costes.
El camino hacia la adopción de la IA no está libre de obstáculos, por supuesto. Requiere inversión y, sobre todo paciencia. Son herramientas destinadas a cambiar estructuralmente los procedimientos dentro de una organización y para eso se requiere tiempo. Quienes adopten una actitud abierta al aprendizaje y sepan combinar el conocimiento ya consolidado con la capacidad de innovar serán los que ganen en competitividad en un entorno cada vez más competitivo por su proyección global. La clave está en no quedarse atrás y asumir que la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para asegurar la continuidad y el crecimiento de la empresa familiar.
Mar López es responsable de Bussiness Banking de Deutsche Bank España
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