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Opinión. Fernando Botella

Conectar con las vacaciones

Fernando Botella es consultor, formador, experto en liderazgo, CEO de Think&Action y Top 100 conferenciante de Thinking Heads

Fernando Botella

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“Desconectar” del trabajo es el objetivo prioritario de muchos profesionales cuando llegan las ansiadas, (y siempre cortas), vacaciones de verano. Y es algo perfectamente lógico y humano. La temporada ha sido larga, intensa y con mucho desgaste, tanto físico como emocional. Cuerpo y mente están pidiendo a gritos un descanso que permita reponer fuerzas para un curso siguiente que promete ser tan exigente o más que el anterior. La tentación de dejar cualquier asunto relacionado con la actividad laboral encerrado en un armario, echar la llave y no volver a abrir esa puerta hasta el día en que nos toque reincorporarnos es grande. Según yo lo veo, esa opción presenta grandes inconvenientes. Para empezar, que la idea de que nuestra dimensión profesional se puede desligar completamente de la personal, como si se tratara dos clones que comparten apariencia y DNI, pero tienen intereses, aspiraciones, anhelos, miedos y problemas diferentes es, en mi modesta opinión, falsa. Lo que hacemos para ganarlos la vida no nos define como personas, es cierto, pero indudablemente forma parte de esa amalgama de rasgos que trazan nuestra personalidad; elección en la que tenemos una participación muy activa.

El segundo problema tiene un carácter más pragmático. Y es que una desconexión total puede hacer mucho más dura la vuelta a la rutina, cuando el verano pase, que pasará, y provocar así lo que llamamos síndrome postvacacional. Los seres humanos no somos coches que puedan acelerar de cero a 100 en cuestión de segundos. Ni frenar de golpe. Necesitamos un periodo, aunque en algunos casos sea pequeño de adaptación para pasar de un estado a otro, de trabajo a descanso o al revés.

¿Cómo resolver este dilema? Aquí va una propuesta, a modo de dos verbos, que además de mejorar nuestro descanso vacacional nos puede ayudar a afrontar la temporada entrante con nuevos proyectos e ilusiones. Son dos conceptos no excluyentes, sino perfectamente complementarios: reconectar y desconectar.

Reconectar. Muchas de mis mejores ideas y proyectos se han gestado tumbado sobre una toalla y tostándome al sol. Cuando la pausa de las vacaciones propicia que el pensamiento y la creatividad discurran libres de ataduras y de las preocupaciones cotidianas. Y eso no quiere decir que no haya disfrutado a tope de mis vacaciones. Así que, ¿desconectar del todo? ¡Por nada del mundo!

Más eficiente que apretar el botón de “off” es aprovechar el periodo de descanso laboral para reconectar con aquellas parcelas de nuestra vida que teníamos olvidadas o aparcadas, estén relacionadas o no con nuestra actividad laboral. Para reconectar con nuestras pasiones, con nuestros seres queridos, amigos, hobbies, intereses, aprendizajes, con la curiosidad, con la escucha, con la pausa, con la reflexión, con el disfrute, con proyectos eternamente procrastinados por culpa de los fuegos y las urgencias del día a día. En definitiva, para dedicar tiempo y atención a aquello que realmente es importante para nuestras vidas, para lo que resulta realmente esencial para nosotros.

En un mundo acelerado, hiperconectado y exigente, las vacaciones se han convertido en mucho más que un simple descanso del trabajo. Son una oportunidad vital para reconectar con lo esencial: con lo que somos, con lo que realmente importa, con aquello que no necesita notificaciones, reuniones ni resultados inmediatos.

Esa es mi propuesta, una proposición que es útil tanto para el CEO de una gran multinacional como para un becario que afronta su primer trabajo. Al fin y al cabo, antes de liderar a otras personas, todos debemos empezar por aprender a liderarnos a nosotros mismos. ¿Y si comenzamos a hacerlo estas vacaciones?

Desconectar. Mi propuesta también abre un espacio para la desconexión. En estos periodos vacacionales también debemos aprender a desconectar de lo que, sencillamente, no aporta un verdadero valor a nuestra vida, ni a la profesional, ni a la personal. Cosas que nos consumen tiempo y energías sin un verdadero propósito y que nos apartan de lo que realmente es importante.

Desconectar de lo accesorio no significa ignorar el mundo, sino liberarnos temporalmente de lo superficial y urgente para poder ver con claridad lo profundo y lo importante. Al silenciar el ruido exterior —la prisa, el deber constante, las distracciones digitales—, podemos volver a escuchar nuestra voz interior, prestar atención a nuestras necesidades reales, redescubrir la belleza de lo simple: una conversación sin relojes, una caminata sin destino, un silencio que no incomoda.

Conectar con lo esencial es volver a sentir el paso del tiempo sin medirlo, es recordar quiénes somos más allá del rol profesional, es recuperar la mirada curiosa y abierta con la que mirábamos el mundo antes de llenarlo de obligaciones. Porque descansar no es solo dormir o no trabajar: es recuperar energía vital, creatividad, sentido vital. Y eso sólo ocurre cuando nos damos permiso para soltar lo que pesa y aferrarnos a lo que nos nutre. Estas vacaciones, desconectar no es un lujo. Es una elección sabia. Un gesto de cuidado. Un acto de renovación.