Sello controvertido
Claves | ¿Cómo pudo un particular registrar a su nombre la marca Cuina Catalana?
La Generalitat consigue la cesión durante cinco años de la marca Cuina Catalana, que estaba en manos privadas
El mundo de la gastronomía celebra que la marca Cuina Catalana pase a ser pública
¿Quién es el dueño de la Cuina Catalana?, ¿y de la Nova Cuina Catalana?

Demostración de cómo se elabora el pan con tomate en un taller organizado por Prodeca en Estados Unidos. / Prodeca
La Generalitat de Catalunya ha estado negociando durante meses la cesión de la marca Cuina Catalana, que había sido registrada en 2001 por la emprendedora Pepa Aymami y que legalmente sigue perteneciendo a una entidad privada creada por la misma Aymamí, la Fundació Institut Català de la Cuina i de la Cultura Gastronòmica. Y es que, cuando la Conselleria d'Agricultura i Alimentació quiso agrupar, bajo un mismo sello, todas las políticas y acciones destinadas a la promoción de la cocina tradicional de Catalunya se encontró con que no podía utilizar la marca, porque esta ya tenía propietario. ¿Cómo era posible?, se preguntaron muchos. ¿Hasta que punto un particular podía hacer suyo un patrimonio que incluye, entre otras cosas, el rico recetario catalán, que es algo de todos? EL PERIÓDICO ha hablado con expertos para tratar de responder a estas preguntas.
El camino para que un particular diseñe una marca no es complejo: se trata de dar con una denominación, un logo o una combinación de ambos y acudir a una oficina de marcas para protegerla. Existen distintos tipos de centros, en función de su ámbito geográfico, como serían la Oficina Española de Marcas y Patentes (OEMP), la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) o la OMPI, que tiene un alcance internacional. Todo ello es una gestión que se puede hacer por una cantidad reducida; en el caso del ámbito español el trámite cuesta algo más de 120 euros. Pablo Ramírez, socio del departamento de propiedad intelectual del bufete Cuatrecasas, explica a EL PERIÓDICO que las marcas no se pueden proteger “"en abstracto", sino que hay que circunscribirse a un ámbito concreto de servicios.

Logotipo de la marca Cuina Catalana registrado por la emprendedora Pepa Aymamí en 2001. / El Periódico
Si el registrador comprueba que la petición cumple con los requisitos (por ejemplo, que no sea ofensiva), da luz verde a un periodo en que terceras personas se pueden oponer a la creación de la nueva marca, por razones como que sea muy parecida a una marca previa. Y una vez este trámite está completado, la marca queda protegida durante un periodo de 10 años que se podrá ir ampliando. De hecho, en el caso de la marca Cuina Catalana registrada por Aymamí, la última renovación data de 2023, según figura en el registro de la OEMP.
El caso de Cuina Catalana ofrece la duda de si un particular puede registrar marcas que afecten, de alguna forma, a un acervo cultural colectivo. Ramírez explica que en este caso, lo que está registrado es la marca Cuina Catalana acompañada de un logo concreto, no el concepto genérico de cocina catalana. Asimismo, apunta que en este caso hablamos de una marca de garantía, las que se emplean aunando una entidad que no tiene actividad empresarial (en este caso una fundación) y crean un sello de calidad para que otras empresas reivindiquen un estándar en función de la calidad el origen del producto.

Aspecto de unos canelones caseros recién elaborados. / Manu Mitru
La marca Cuina Catalana de Aymamí había desarrollado un logotipo propio, un distintivo de calidad que la fundación que la ostenta ha ido entregando a recetas, productos y establecimientos en los que se sirven estos platos. Este logotipo, elaborado con el asesoramiento de la Associació de Directors d’Art i Dissenyadors, es el que a partir de ahora pasará a gestionar la Generalitat para "preservar y prestigiar el patrimonio gastronómico de Catalunya, de manera que se pongan en valor sus rasgos propios, mediterráneos y saludables", según destaca el acuerdo de cesión. El objetivo, indican fuentes conocedoras del proyecto, es construir una imagen de marca de la cocina tradicional catalana, para que pueda exportarse de manera internacional y llegar a tener un reconocimiento mundial del que ahora todavía carece. "La idea es que la gente, además de conocer a los cocineros catalanes, también lleguen a descubrir los platos y recetas que se elaboran en Catalunya", indican las mismas fuentes.
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