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La crisis de la vivienda

Así se construye una casa por piezas: en cuatro meses, a precio cerrado y como si fuese un Lego

La vivienda industrializada emerge como alternativa para solventar los problemas de la construcción

La burocracia y la falta de mano de obra agravan el acceso a la vivienda y encarecen su precio

Construcción de un bloque de pisos públicos industrializado y de madera

Construcción de un bloque de pisos públicos industrializado y de madera. / VÍDEO: AJUNTAMENT DE BARCELONA

Sabina Feijóo Macedo

Sabina Feijóo Macedo

Barcelona
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Viviendas hechas por piezas, montadas en tiempo récord y sin sobrecostes o imprevistos en factura final. La construcción industrializada, también conocida como off-site, ya no es una promesa de futuro. Hoy se posiciona como una alternativa real al modelo tradicional, ofreciendo tiempos de ejecución mucho más cortos, costes cerrados desde el inicio y un mayor control sobre todo el proceso constructivo.

Aunque todavía convive con el sistema tradicional, más lento y artesanal, este enfoque se está abriendo paso, sobre todo en el sector privado. Según estimaciones del sector, puede recortar los tiempos de construcción hasta en un 80%: de una media de 12 meses, a tan solo 2 o 4. En obra pública, la reducción se sitúa en torno al 42%, condicionada por los plazos administrativos.

¿Cómo funciona?

Lo primero es el diseño: ¿qué tipo de vivienda quiero? Aquí, a diferencia del modelo tradicional, en el que cada parte interviene por separado, aquí se trabaja de forma integrada desde el primer momento. Se define el proyecto, se calcula el presupuesto total —que no variará— y se planifica cada etapa de producción que dará resultado al montaje de Lego.

A partir de ahí, ya empieza el trabajo en fábrica. Los distintos componentes de la vivienda, esas piezas, —desde la estructura hasta baños o fachadas— se fabrican con precisión industrial. Las piezas pueden ser bidimensionales (paneles) o tridimensionales (volúmenes completos). Luego, se trasladan a la obra y se ensamblan sobre los cimientos, con un montaje que puede hacerse en seco.

El siguiente vídeo corresponde a la empresa Prêt-à-porter Casas, del Grupo PMP.

Inversión, precisión y sostenibilidad

Este sistema requiere una mayor inversión inicial, ya que implica coordinar diseño, planificación y producción antes de empezar. Sin embargo, permite amortizar los costes fijos cuando se construyen varias viviendas a la vez —por ejemplo, en promociones residenciales o parques públicos de vivienda—.

El 60 %–80 % del trabajo se realiza en entornos controlados, lo que reduce errores, mejora la calidad del producto final y acorta plazos. Además, permite aplicar tecnologías como el modelado digital (BIM), cadenas de montaje y soluciones sostenibles: materiales reciclables, aislamientos térmicos avanzados o viviendas con mayor eficiencia energética.

¿Una casa inmutable? No necesariamente

Otro de los puntos fuertes es la posibilidad de diseñar viviendas flexibles. El enfoque modular permite repensar el espacio desde las necesidades de quien lo habita. Así, en lugar de viviendas cerradas e inalterables, se plantea una arquitectura transformable, adaptable en el tiempo y más humana.

Un nuevo paradigma

Más allá de una técnica constructiva, la industrialización implica un cambio de mentalidad. Supone dejar atrás la incertidumbre habitual en obras tradicionales (retrasos, sobrecostes, errores de ejecución) y apostar por un modelo basado en planificación, colaboración y digitalización.

Aunque el reto es estructural, en Barcelona ya empiezan a emerger soluciones palpables. La ciudad cuenta con promociones de vivienda pública construidas con métodos industrializados, más rápidos y sostenibles. Algunos ejemplos son los 12 pisos del APROP del Gòtic o los 42 de Glòries. En el parque d’HPO, se han entregado recientemente promociones como las de Binèfar (24 viviendas), Pallars (42) o Marroc (45, en régimen de derecho de superficie). A finales de mayo se sumarán 56 más en las Casernes de Sant Andreu, y están en marcha nuevas construcciones en puntos como Carrilet o Víctor Colomer. En total, ya hay más de 400 viviendas públicas vinculadas a este modelo en la ciudad. 

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