Opinión | TRIBUNA
Profesor de Economía de la Universidad de Alcalá
Trumplación

Donald Trump / Archivo
En las universidades enseñamos teoría económica basaba en la evidencia empírica, y los modelos que usamos se basan en un orden internacional acordado en 1945, en un hotel en Bretton Woods en el estado de New Hampshire muy cerca de donde llegaron los primeros colonos a las costas de Nueva Inglaterra y del puerto de Boston, donde los primeros patriotas se rebelaron contra el ejército inglés en el puerto de Boston. EEUU asumió en 1945 el liderazgo mundial en el desarrollo de los flujos de comercio, de los flujos migratorios y de los flujos financieros. Ayer, Donald Trump apretó el botón nuclear económico y demolió toda la arquitectura institucional de la economía mundial de los últimos 80 años.
Trump quiere que EEUU sea una economía autárquica que comercie poco con el mundo y que produzca sus propios bienes y con obreros industriales americanos que son los que le dieron la victoria tanto en 2016 como en las pasadas elecciones. Ese modelo ya fue probado por Mussolini en Italia, por Franco en España y por Perón en Argentina. Los economistas sabemos que el resultado es desastroso para la riqueza de las naciones en el largo plazo, por eso, desde el periodo de entreguerras en los años treinta del siglo pasado, nunca lo había aplicado el líder económico mundial.
El modelo económico que quiere promover Trump ya fue aprovado por Mussolini en Italia, por Franco en España y por Perón en Argentina.
Con la Globalización, desde 1980, ha habido miles de millones de ciudadanos del mundo que han mejorado su nivel de vida pero hubo perdedores, principalmente el trabajador industrial de sectores tradicionales y de bajo valor añadido de EEUU y Europa. Ahora Trump les quiere compensar. Para conseguir su objetivo además de los aranceles debería devaluar el dólar significativamente para que los salarios de esos trabajadores vuelvan a ser competitivos. Eso es lo que su asesor económico, Stephen Miran, ha dicho que van a hacer.
Con la Globalización, desde 1980, ha habido miles de millones de ciudadanos del mundo que han mejorado su nivel de vida pero hubo perdedores, principalmente el trabajador industrial de sectores tradicionales y de bajo valor añadido de EEUU y Europa.
Quieren sustituir a Jerome Powell por otro presidente de la Reserva Federal más bizcochable para que baje los tipos de interés, quieren cobrar a todos los bancos centrales del mundo un peaje por tener reservas de dólares y quieren poner un impuesto al patrimonio mundial a todos los inversores que tengan activos en dólares y que no sean estadounidenses.
EEUU se ha especializado en sectores tecnológicos y de servicios muy competitivos que pagan elevados salarios y la economía de mercado les llevó a importar bienes industriales, principalmente de México, Canadá, Europa y China, para que los consumidores americanos se beneficiaran de salarios más bajos en esos países. El coste de un trabajador en Texas es diez veces superior al de Puebla o Monterrey en México y si tú sustituyes producción mexicana por estadounidense los consumidores tendrán que pagar precios más altos.
El coste de un trabajador en Texas es diez veces superior al de Puebla o Monterrey en México.
EEUU tiene pleno empleo y está en el tramo de la curva de oferta en la que, según el premio Nobel de Economía Milton Friedman, es extremadamente rígida y la mayor parte del impacto de esas medidas irán a aumentar la inflación. Para contener la inflación, Friedman recomendaba contener el crecimiento del dinero en circulación y Trump quiere aumentarlo y provocar más inflación.
Milton Frieman lideró el movimiento neocon en los años sesenta y si viera este esperpento se arrepentiría de muchas de las cosas que pensaba. EEUU tiene 63 premios Nobeles de economía pero el equipo de Trump ha calculado el arancel recíproco con una simple regla de tres, dividiendo el déficit en dólares por país entre las importaciones desde EEUU a ese país, una regla que podría haber pensado un alumno de economía de tercero de secundaria en España.
Para contener la inflación, Friedman recomendaba contener el crecimiento del dinero en circulación y Trump quiere aumentarlo y provocar más inflación.
Nos enfrentamos a un escenario desconocido desde 1945, con una economía mundial infinitamente más endeudada que entonces y es difícil predecir el escenario al que nos enfrentamos pero en el mejor de los escenarios habrá menos crecimiento del PIB y del empleo y más inflación en la economía mundial. El escenario de riesgo es que Trump provoque otro periodo de inestabilidad financiera mundial, como en los años setenta y especialmente a principios de los años ochenta.
En España nos pilla con menos deuda externa y superávit con el exterior que en 2008, gracias al brutal ajuste del sector privado, principalmente de las familias y del sistema bancario. Hoy nuestros bancos tienen más depósitos que crédito y son inmunes a la inestabilidad financiera que se pueda producir en los mercados de capitales, lo cuál es una excelente noticia.
La revolución energética y gracias a las renovables España ha reducido drásticamente su dependencia del exterior.
Otro cambio radical es la revolución energética y gracias a las renovables España ha reducido drásticamente su dependencia del exterior, y la va a reducir aún más. Eso nos hace inmunes a posibles crisis del petróleo como la de los años setenta o la del gas de 2022. Al revés, la guerra comercial global provocará que empresas europeas decidan traer de nuevo producción a Europa para evitar pagar los aranceles y España tiene los salarios y el coste energético más competitivo para localizar esas fábricas. Sólo nos falta reducir la burocracia y permitirles que se conecten a la red eléctrica.
Pero, a diferencia de 2008, nuestra gran vulnerabilidad es nuestra elevada deuda pública y el riesgo es que la inestabilidad se contagie a nuestra prima de riesgo y tengamos problemas para pagar las pensiones y el sueldo de los funcionarios: como le sucedió a Zapatero en 2010, a Rajoy en 2012 y como nos ha sucedido 200 veces en nuestra historia desde 1492. Siempre que ha sucedido a los españoles nos ha ido muy mal. Por suerte ahora nos pilla con el euro, pero en 2012 ni el euro nos pudo proteger. Veremos.
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