Mercado laboral
La crisis climática puede crear cuatro veces más empleos de los que destruirá y obligará a trabajar diferente
La Generalitat refuerza su catálogo de FP y ofrece 44.000 plazas para formar en oficios relacionados con la transición energética para cubrir la escasez de profesionales
MULTIMEDIA | Las temperaturas y fenómenos climáticos extremos obligan a repensar los sistemas de prevención
La crisis climática multiplica los riesgos de morir de calor en el trabajo

Dos operarios instalan placas solares fotovoltaicas en una vivienda, en Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

La crisis climática se erige como un riesgo directo para las economías y transversal a todos los sectores. Si bien promete impactar más en unos que en otros, con especial intensidad en actividades que hasta ahora han sido clave, como, por ejemplo, el automóvil. Dejará obsoletas parte de las profesiones que hoy existen, mientras que creará de nuevas y a corto plazo puede llegar a requerir la reconversión de uno de cada cinco empleos en Catalunya.
Fenómenos meteorológicos extremos son ya un freno al crecimiento económico. El ejemplo más reciente es la última DANA que ha azotado Valencia, que restará dos décimas al crecimiento del PIB de todo el país este año, según ya ha anticipado el Banco de España. Las lluvias torrenciales han devastado decenas de municipios valencianos y hace tan solo unos meses en Catalunya el Govern restringió actividades económicas por la sequía más dura en años, que todavía no ha remitido.
Trabajar a medida que avancen los efectos de la crisis climática y el planeta se vuelva, por momentos, más hostil será más difícil, con un lastre para la productividad de los trabajadores. Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el aumento de las temperaturas hará imposibles determinadas actividades durante parte del día o del año, lo que provocará que para 2030 se perderá un número de horas de trabajo equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo en todo el mundo.
Si bien Europa, por el momento, será una de las regiones menos afectadas y ese saldo negativo será ‘solo’ de 103.000 empleos. Los estados ya se han ido adaptando legislativamente en consecuencia, como es el caso de España, que acaba de crear un permiso retribuido de hasta cuatro días para aquellos trabajadores que, ante un desastre climático, no puedan acudir a su puesto de trabajo.
La crisis climática supone un riesgo seguro, pero también una potencial oportunidad para los estados que muevan ficha para tratar de paliarla. Según otro estudio de la propia OIT, el potencial creador de ocupación de la transición energética es cuatro veces superior a su efecto destructor de actividad. Las proyecciones realizadas por dicha entidad estiman que para 2030 la inversión en placas solares, industrias de reciclaje o tecnologías para capturar CO2, entre otros, permitirían crear hasta 24 millones de empleos en todo el mundo (medio millón de estos en Europa), frente a los seis millones que destruirá la obsolescencia energética.
En general, la mayoría de estudios publicados coinciden en que la transición energética supondrá un saldo positivo, si bien entre las fuentes consultadas hay cierto recelo. No tanto por la potencialidad, que reconocen, sino por la dirección y la velocidad de la misma. "No hay una transición energética, la hacemos nosotros", apunta el profesor de la UPF y coautor del libro 'Sustainability for a Warming Planet', Humberto Llavador. "La clave para mí es más quién gane y quién pierde en esa transición. Es difícil dibujar un perfil, pero las cualificaciones van a ser clave. Y no hablo tanto de cuántos títulos tenga esa persona, sino cuántas competencias haya adquirido y cómo de flexible sea. Los trabajadores hipercualificados pueden ser los que más sufran", añade.
"No hay nada escrito", coincide la secretaria de acción sindical de CCOO de Catalunya, Cristina Torre. “Los cambios serán de mucho calado y para ello son necesarios grandes acuerdos de país y estables. Cuanto más tarde se tomen las decisiones, más bruscas y traumáticas serán las transiciones”, añade.
Transformación ya en curso
Esas proyecciones macro ya están teniendo un impacto directo en la ocupación de Catalunya. Por ejemplo, el volumen de negocio de las empresas vinculadas al uso sostenible del agua ha crecido un 74% en los últimos cinco años y ya supera los 8.700 millones de euros, según un estudio publicado esta semana por el Departament de Empresa. Otro sector al alza es el de las baterías eléctricas, que movió en 2023 un total de 1.044 millones de euros y está en pleno crecimiento, con un incremento interanual de esa cifra de negocio del 22%, según otro estudio también publicado esta semana por Empresa. En este campo un ejemplo es la implantación de la firma surcoreana Iljin en Mont-roig del Camp (Baix Camp), donde está abriendo una factoría clave para la cadena de producción del vehículo eléctrico y que dará empleo a unas 500 personas.
Mont-roig es la cara de un proceso de reconversión con una cruz especialmente marcada en el caso catalán y español. Y es que España, como segundo mayor fabricante de coches de toda Europa, es una plaza especialmente sensible en el proceso de reconversión del sector del auto. Si Mont-roig es la cara, Zona Franca es la cruz. Allí cerró hace dos años el fabricante japonés Nissan, despidiendo a 2.500 trabajadores. Y allí está renaciendo la marca Ebro, que junto a la china Chery ya ha empezado a fabricar vehículos eléctricos, pero con una intensidad de mano de obra muy inferior. Frente a los 2.500 trabajadores que despidió Nissan, las previsiones de Ebro son emplear, a medio plazo, a 1.250 personas. La mitad.
Y es que en el sector del auto un cálculo consensuado es que el coche eléctrico –más fácil de montar- requiere un tercio de la mano de obra que históricamente ha precisado el motor de combustión. En Catalunya, en 2020, el mismo año que Nissan anunció que cerraba, la Generalitat hizo un cálculo de que 40.000 empleos estaban directamente en riesgo en dicho gremio, especialmente en las empresas proveedoras de los grandes fabricantes.
Transición transitoria
Las tecnologías denominadas verdes precisan un perfil diferente de trabajadores y el impacto de la crisis climática en el empleo no pasa solo por cuántos empleos se crean y cuántos se destruyen, sino también cuántos se transforman. Sobre esta cuestión la Generalitat encargó un estudio de estimación de impacto, liderado este por el catedrático de la UPC Jordi Berenguer, que aventura que alrededor del 20% de las profesiones se verán directamente afectadas por la transición energética. La hipótesis de dicho estudio es optimista, ya que el 82% de los gremios afectados será en sentido positivo.
Algunos de estos perfiles serán transitorios, ya que, por ejemplo, instaladores de placas solares serán necesarios ahora y durante un tiempo a futuro, pero una vez renovado el parque energético, el volumen de profesionales requeridos descenderá en picado. O aquellos vinculados al desmantelamiento de las instalaciones de energías como la nuclear, entre otros. Es decir, determinados perfiles requerirán una segunda reconversión a medio plazo.
“Una parte importante de estas oportunidades pueden presentar cierta temporalidad y, a además, pueden no ser de gran valor añadido”, reconoce el informe de Empresa. Es por eso que la sindicalista de CCOO resalta la importancia de las micro acreditaciones, para permitir el reciclaje, rápido a corto plazo, y la formación continua, a largo. En este sentido, la Generalitat, a través del Consorci per a la Formació Contínua de Catalunya, ha formado durante este año a 6.800 trabajadores en competencias profesionales relacionadas con la gestión energética, de las cuales 3.700 personas han hecho cursos de energías renovables, según explican desde dicho organismo.
También a nivel formativo la Generalitat ha ido reforzado su catálogo de formación profesional (FP) con actualmente un total de 12 grados o cursos específicamente enfocados a energías renovables, desde módulos de instaladores eléctricos, graduados en gestión del agua y químicos y especialistas en salud ambiental. En total agrupan 44.908 plazas, según datos de la Agència Pública de Formació i Qualificació Professionals de Catalunya. "Catalunya tiene que preocuparse por los daños colaterales de la transición energética, sí, pero sufrirá mucho más los efectos de no realizar dicha transición", avisa el profesor de la UPF.
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