Cuando la bolsa se recupere, por Martí Saballs

  • Al final, más tarde o más temprano, se producirá una recuperación. La historia sirve de ejemplo. 

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Martí Saballs
Martí Saballs

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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Los aniversarios de extraordinarios eventos financieros y económicos siempre sirven para poner un poco de perspectiva al cortoplacismo en que estamos sumidos. El jueves pasado, 15 de septiembre, se cumplieron catorce años desde la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers que envió al sistema, tal como lo conocíamos, al borde la quiebra, y generó la gran recesión de 2009 que tres años más tarde estuvo a punto de hacer saltar el euro por los aires. Solamente la intervención sin parangón de los gobiernos, inyectando dinero a la economía, y de los bancos centrales, logró suavizar el golpe. A partir de 2013, las economías mundiales, incluyendo la española, iniciaban un nuevo periodo de expansión que duraría hasta la pandemia, marzo de 2020. Fue un nuevo freno, temporal, del que los mercados se recuperarían con rapidez... hasta el estallido de la guerra en Ucrania.

¿Cómo han reaccionado las bolsas ante estos acontecimientos y cómo están reaccionando ahora? ¿Qué cabe esperar a largo plazo? Unos números. Como punto de referencia considero el índice S&P 500, donde se encuentran las quinientas empresas más capitalizadas de EEUU.

Las semanas previas a la quiebra de Lehman, el S&P 500 se movía alrededor de los 1.300 puntos, por debajo de su récord histórico de 1.570 puntos de finales de octubre de 2007. Tras el 15 de septiembre, en medio de la tormenta global que obligó a muchos gobiernos a rescatar y nacionalizar destacadas entidades financieras, el S&P 500 tocó fondo en marzo de 2009 con 700 puntos. La caída en escasamente seis meses fue del 46%. Aquel marzo nadie estaba seguro de cuánto más podía caer la bolsa. Aún existían muchas nubes negras en el horizonte. En Estados Unidos, Barack Obama apenas llevaba dos meses como presidente y en Europa, Angela Merkel se erigía como la lideresa de hierro. El futuro salvador del euro como presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, aún era gobernador del Banco de Italia.

Lentamente, con altibajos, el S&P 500 empezó a ascender. Los inversores volvieron a apostar por la Bolsa, especialmente por los nuevos gigantes tecnológicos que estaban forjando una nueva manera de vivir y trabajar. Apple se consolidaría como la empresa más valorada del planeta. De aquellos 700 puntos de marzo de 2009 se llegó a los 3.400 puntos de enero de 2020, cuando el covid ya había empezado a gestarse en Wuhan, China. Los primeros quince días de marzo fueron de vértigo para las bolsas mundiales, que acusaron las medidas de confinamiento en todo el planeta y el inicio de una etapa a la que no se le veía solución. Tras la crisis financiera de 2008 llegó la crisis sanitaria. En pocos días de aquel mes de marzo, el S&P 500 caía un 33% hasta 2.300 puntos. Fue el fin de la exuberancia bursátil de los últimos años.

Y... sin embargo, tal como ocurrió en 2009, aquel desesperante marzo de 2020 el S&P 500 tocó fondo y empezó su escalada que se aceleraría a final de año con el descubrimiento de las vacunas y el principio del control de la pandemia (crucemos aún los dedos) gracias a la investigación. En medio de un mundo cuyas principales economías retrocedían una media del 10%, se inició un jolgorio inversor que llevó a los principales índices a récords históricos (excepción: el renqueante Ibex 35). De nuevo, las empresas tecnológicas lideraban ese optimismo inversor. Se hablaba de los felices años veinte. El S&P 500 alcanzaba los 4.766 puntos el 21 de diciembre de 2021. Sigue siendo su récord histórico. Quien hubiese invertido 10.000 euros en ese índice en marzo de 2009, a finales de año pasado representaron 68.000 euros.

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Con esas, llegó Vladimir Putin y los tambores de guerra se convirtieron en realidad. El 24 de febrero de 2022 se iniciaba otra crisis. Esta vez geopolítica y energética, acompañada del regreso de la inflación y de la subida constante de tipos de interés. ¿Cómo está reflejando el S&P 500 la situación? Desde máximos históricos ya ha caído un 18% hasta los 3.900 puntos. Ha sido una regresión menos virulenta que las anteriores, incluso con breves recuperaciones. Esta vez, los valores tecnológicos han sido los principales afectados. En algunos casos, los inversores han tomado beneficios. Las plusvalías han podido ser extraordinarias.

¿Ha tocado ya fondo este índice, punto de referencia de las bolsas mundiales? La respuesta es muy simple: nadie lo sabe. A diferencia de la crisis de 2008 y de la pandemia, donde había motivos racionales para pensar que habría una solución a medio plazo; en esta ocasión se han generado respuestas muy diversas. ¿Quién es capaz de predecir la próxima reacción de Putin? ¿Serán capaces los bancos centrales de controlar la inflación con las sucesivas subidas de tipos? ¿Cómo de dura será la crisis energética? Las variables son muchas y, entre los inversores profesionales, prima más la psicología y las sensaciones de que la capacidad de estimar cuándo se producirá la salida de callejón en que se encuentra el mundo. Para quien ve la botella medio llena siempre le queda el mejor argumento: al final, más tarde o más temprano, se producirá la recuperación. La historia sirve de ejemplo.