Medidas de ahorro

Empresariado y comerciantes reclaman excepciones al plan de choque energético

  • Foment y Pimec argumentan que las medidas impactarán de forma desigual sobre determinadas ciudades y sectores

  • Comertia teme que apagar los escaparates a las 22 horas desincentive el consumo y pide, en cambio, ayudas para la instalación de placas solares

Un profesional del comercio sitúa productos en los estantes de su tienda.

Un profesional del comercio sitúa productos en los estantes de su tienda. / Feed

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Paula Clemente
Paula Clemente

Periodista

Especialista en start-ups, sector emprendedor

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Medidas lógicas, “de sentido común”, pero que habría que limar. La sensación es prácticamente unánime entre representantes de empresas de mayor y menor tamaño, autónomos, comerciantes e incluso en terreno de ingenieros industriales: la crisis energética está llegando tan lejos que se necesitaban reacciones, pero al plan diseñado por el Gobierno le falta negociación, excepciones y algo más de incentivos para las energías renovables.

Para unos, porque poner tope a la temperatura a la que puede estar el aire acondicionado no tendrá el mismo impacto en ciudades que estén a 40 grados (que sí que encontrarán alivio al entrar en comercios que estén a 13 grados menos), que en localidades que ya estén a 27 grados. Para otros, porque prevén que afectará sobre todo a sectores que todavía están en proceso de recuperarse de los efectos de la pandemia.

“Hacemos una valoración parcialmente positiva”, arrancaba este martes el secretario general de Pimec, patronal catalana de la pequeña y la mediana empresa, Josep Ginesta. Este portavoz ha reconocido que estas medidas "pueden producir un ahorro energético”, matizando que su aval está condicionado a que sean actuaciones “de carácter temporal, coyuntural y sujetas a que se cumplan los peores escenarios” en relación a un posible corte del suministro energético.

Pese a todo, esta institución ha reclamado que se negocie con los sectores más afectados por el paquete de medidas, porque la mayoría son ámbitos “que no han acabado de recuperar la demanda y su estabilidad tras la pandemia”. Se refería, Ginesta, a los comercios o a los restaurantes, que están obligados a apagar las luces de sus escaparates a las 22 horas. “Tal como pasó con la pandemia, lo que pedimos es que haya interacción de los Gobiernos con todos los sectores que pueden estar afectados con las medidas, de forma que se pueda excepcionar”, ha sintetizado el representante patronal.

Ayudas a la inversión necesaria

Foment del Treball, patronal que representa a la gran empresa, ha lanzado una reclama parecida. “Se tendrían que establecer mecanismos de ayuda con tal de hacer frente a la inversión que pueda representar la adecuación de algunos locales que no disponen de cierre mediante puertas que puedan regular la climatización”, ha indicado en un comunicado la entidad, en referencia a otras de las medidas acordadas en el Consejo de Ministros de ayer. Además, ha agregado, “la regulación de la temperatura en comercios y espacios de atención al público tiene que tener en cuenta la humedad relativa”.

L’Associació del Passeig de Gràcia también hace hincapié en este factor: "No es lo mismo 27 grados con un 40% de humedad (como suele tener Madrid) que con un 80% (como solemos tener en Barcelona)". Esto, dicen, puede provocar sensación de incomodidad en muchos clientes, especialmente en las tiendas de ropa, "algo que puede acabar favoreciendo el comercio electrónico". 

“Las medidas son poco adecuadas: las empresas estamos de acuerdo en que tenemos que ahorrar, pero en según qué comercios es poco adecuado tener que adaptarnos a temperaturas de 27 o 19 grados”, afirma, a su vez, la directora general de Comertia, asociación catalana de la empresa familiar del comercio minorista, Elisabet Vilalta. Esta portavoz piensa, por ejemplo, en las zonas de cocina de los restaurantes o en ciudades donde la temperatura exterior sea ya de estos mismos 27 grados. “Somos los primeros que estamos de acuerdo en ahorrar –insiste Vilalta-, pero creemos que lo que se tendría que hacer es empujar con medidas importantes todos estos cambios energéticos, por ejemplo, con ayudas para instalar placas solares”.

Y a eso añade, esta representante del tejido comercial, el temor al efecto que puede tener sobre el consumo el hecho de que las calles se queden sin la luz de los escaparates a las 22 horas. “Es una medida desproporcionada”, concluye.

"Cualquier pedagogía es buena"

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No lo ve así, en cambio, el vocal del comité ejecutivo de la Cambra de Comerç, Pere Alemany. "Todas las medidas que nos ayuden a ahorrar energía son bienvenidas, porque la situación es grave y complicada", plantea el portavoz, que asume que este plan podría tener consecuencias negativas sobre el consumo, pero que no ve otra salida ante el escenario actual. "Lo que tenemos que tener en mente es que es difícil seguir viviendo con el ritmo que tenemos, hay muchas cosas que se tendrán que ajustar", resume. Lo único que Alemany se cuestiona es si estas son las medidas más efectivas que se podían tomar y "si hay otras que se tenían que tomar y no se han tomado" porque son más complejas.

“Cualquier acción de pedagogía en este sentido es buena: la gente tiene que tomar conciencia de que estamos en una situación en que hay que hacer un uso racional de la energía”, opina, asimismo, el director general de la Federación de Instaladores de Catalunya y miembro de la comisión de energía del Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya, Raúl Rodríguez. Este experto desdramatiza, de hecho, el asunto argumentando que buena parte del pequeño empresario ya reduce el consumo por pura cuestión de ahorro económico y que las grandes corporaciones han adoptado ya tecnologías como para que su consumo energético sea eficiente. “Quizás no era necesario”, concluye el mismo, en relación a lo acordado en el Consejo de Ministros. “Pero tomar medidas en este sentido ante una situación excepcional, tampoco hace daño”, remata.