Política monetaria

El BCE sopesa nuevas medidas para evitar tensiones financieras en 2022

  • El banco central estudia una ronda especial de inyección de liquidez masiva a los bancos para evitar una reducción y encarecimiento del crédito

  • Su consejo de gobierno también debatirá aliviar la penalización que recibe el dinero que guarda a las entidades para mejorar la rentabilidad del sector

Christine Lagarde ante la prensa, tras la reunión del consejo de gobierno del BCE.

Christine Lagarde ante la prensa, tras la reunión del consejo de gobierno del BCE. / Thomas Lohnes / AFP

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Pablo Allendesalazar
Pablo Allendesalazar

Periodista

Especialista en banca, finanzas, política monetaria y mercados de capitales

Escribe desde Madrid

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La escalada de la inflación hasta niveles no vistos en décadas ha sido sin duda la gran noticia económica de 2021. Para tratar de combatirla, los bancos centrales, cuya principal misión es velar por la estabilidad de los precios, se han visto obligados a aprobar la retirada de parte de los estímulos desplegados para superar la crisis del coronavirus. Así lo ha hecho el Banco Central Europeo (BCE), que a mediados de diciembre decidió reducir sus compras de deuda a lo largo de 2022. Para eludir efectos secundarios indeseados de esta iniciativa, con todo, la autoridad monetaria está analizando nuevas medidas para evitar que los bancos de la zona euro sufran tensiones en el ejercicio en curso que conllevaran una reducción y encarecimiento descontrolados del crédito disponible en plena recuperación económica.

Según confirman diversas fuentes a este diario, el consejo de gobierno tiene sobre la mesa de análisis dos posibles nuevas actuaciones. Por un lado, contempla una nueva y cuarta ronda de inyección de liquidez masiva y barata a los bancos (TLTRO) para evitar efectos precipicio en su financiación, ya que a partir del próximo septiembre y hasta diciembre de 2024 las entidades tendrán que devolver las cantidades recibidas en la tercera ronda, lanzada en septiembre de 2019 (las anteriores comenzaron en 2014 y 2016). Por otro lado, la cúpula del banco central también debatirá -de forma paralela y hasta cierto punto alternativa- aliviar la penalización impuesta al dinero que el BCE guarda a la banca, con el objetivo de mejorar la rentabilidad del sector y preservar así su capacidad de intermediación (es decir, de financiar a empresas y hogares).

Las inyecciones de liquidez TLTRO, que incluyen ventajas para los bancos que más créditos concedan, fueron creadas para que las entidades tuvieran disponible liquidez barata y suficiente, y así hicieran llegar a los agentes económicos los tipos en mínimos históricos con que el BCE trata desde 2014 de que la inflación a medio plazo se sitúe en su objetivo del 2%. Con la misma meta, el banco central penaliza desde entonces el dinero que las entidades depositan en la institución (actualmente con un -0,5%, es decir, les devuelve un 0,5% menos de lo que le dan), con el propósito de que la banca destine sus fondos a compañías y familias, en lugar de guardarlo inactivo.  

Junio, mes clave

No se trata, en cualquier caso, de dos cuestiones sobre las que la cúpula de la autoridad monetaria de la zona euro vaya a decidir a corto plazo. De entrada, porque los seis ejecutivos y 19 gobernadores nacionales que forman el consejo de gobierno del BCE quieren comprobar qué margen de actuación les concede la inflación. Su previsión es que los precios vayan de más a menos en el año, para marcar un 3,2% de media en 2022 y un 1,8% en los dos siguientes. Sin embargo, si el IPC resulta más alto de lo que esperan, podrían verse obligados a reducir los estímulos de forma más rápida y a descartar medidas adicionales. Una situación que se complica por la tradicional división entre los partidarios de una política monetaria más laxa ('palomas') y los defensores de ser más estrictos ('halcones').  

En rojo en el calendario está marcado el próximo 23 de junio. Ese día acabarán las condiciones especiales del TLTRO III que el BCE aprobó por la pandemia. Hasta junio de 2020, los bancos que aumentaran sus créditos a empresas y familias hasta ciertos niveles podían beneficiarse de un tipo de hasta el -0,5%, es decir, devolver al banco central un 0,5% menos de la liquidez que este les inyectase. La crisis del coronavirus llevó a la institución a bajar dicho tipo durante dos años al -1%. Desde el pasado septiembre, las entidades pueden devolver de forma adelantada a la institución parte de los fondos recibidos, pero apenas lo han hecho para poder seguir beneficiándose de ese -1%.

El BCE quiere comprobar qué hacen los bancos una vez acabe ese periodo de condiciones especiales en junio. Máxime cuando a partir de dicho mes también perderán un incentivo regulatorio (relacionado con los requisitos de liquidez que deben cumplir) para no hacer pagos adelantados de la cuarta de las 10 inyecciones de liquidez del TLTRO III, de lejos la más cuantiosa. En junio de 2020, así, el BCE les inyectó 1,3 billones, en torno al 60% de todo lo que les ha aportado desde septiembre de 2019: 2,2 billones

Inyección de transición

Los bancos europeos han acumulado mucha liquidez durante la pandemia y los inversores tienen apetito por comprar su deuda, con lo que en principio no deberían tener problemas para refinanciarse a medida que vaya venciendo el TLTRO III. Además, la demanda de crédito empresarial ha bajado en los últimos meses una vez pasado lo peor de la pandemia, fase durante la que las compañías hicieron acopio de fondos ante la incertidumbre del panorama.

Sin embargo, todavía está por aflorar la morosidad que les provocará la crisis del coronavirus y está por ver el efecto de las menores compras de deuda por parte de los bancos centrales en las condiciones de financiación de los mercados. Por ello, el BCE está abierto a aprobar un TLTRO "de transición" si es necesario, explican las fuentes consultadas.

Reservas penalizadas

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Relacionado con ello está la posibilidad de aliviar la penalización al dinero que el BCE guarda a los bancos. Las entidades están obligadas a depositar en el banco central unas reservas mínimas (actualmente 154.234 millones, de los que 15.278 millones son de bancos españoles) equivalentes al 1% de ciertos pasivos, principalmente depósitos de clientes. Las reservas por encima de esos requerimientos están penalizadas en su mayoría (2,76 billones pagan el 0,5% y 919.554 millones están exentos; 254.422 y 91.444 millones en el caso de los españoles). 

Lo que el banco central debatirá este año es elevar la parte del exceso de reservas que no está penalizada, si bien es un asunto que ha generado tradicionalmente polémica en su consejo de gobierno porque algunos de sus miembros lo ven como una subvención implícita al sector financiero. La razón de que esté sobre la mesa es que los ingresos obtenidos por los bancos por las condiciones especiales del TLTRO III son superiores a la penalización que pagan por las reservas, pero eso dejará de ser así cuando estas acaben. Según cálculos de ING, el saldo pasará en junio de ser positivo para el sector en 300 millones al mes a ser negativo en 700 millones, si bien las entidades españolas e italianas seguirán entre las beneficiarias netas, aunque no así otras como las alemanas, francesas y holandesas.