Igualdad

La pandemia agrava la pobreza menstrual: calcetines y cartones en lugar de compresas

Una de cada cinco mujeres en España se encuentra en riesgo de pobreza y la regla supone un agravio económico añadido a su situación

La pandemia agrava la pobreza menstrual: calcetines y cartones en lugar de compresas
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Violeta Molina
Violeta Molina

Periodista

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En España hay miles de mujeres que no pueden costearse los productos de higiene íntima y tienen que recurrir a calcetines, toallas, trozos de cartón, pañales recortados o papel higiénico cuando tienen la regla, lo que impacta en su salud física y mental. Es la pobreza menstrual, una carencia derivada de la pobreza económica que tiene rostro de mujer y de la que sólo ha empezado a hablarse a raíz de la pandemia.

"La pobreza menstrual es la falta de recursos económicos que padecen aquellas mujeres que tienen que decidir entre comprar harina, arroz o pasta o comprar productos para su higiene menstrual. Es una derivada de la pobreza económica", explica a 'El Periódico de España" Ana Enrich, directora de Period Spain, una asociación que nace durante el confinamiento para erradicar la pobreza y el estigma menstrual.

Un agravio económico

Las mujeres tienen que hacer frente a la menstruación mes tras mes durante 35 o 40 años de su vida. Tampones, compresas, copas menstruales y otros productos de higiene íntima son caros, continúan estando gravados al 10 %: a pesar de que el Gobierno se comprometió en su acuerdo de coalición a reducir este IVA, un año más este punto ha quedado fuera de su proyecto de ley de Presupuestos.

En España, más del 20 % de ciudadanas se encuentra en riesgo de pobreza y más del 12 % en situación de carencia material severa. Para estas mujeres, los productos de higiene femenina son un lujo que no está a su alcance.

"Nos olvidamos de esto cuando atendemos a personas en situación de vulnerabilidad en un comedor social o en un banco de alimentos: se dan muchos productos necesarios pero se nos olvida repartir tampones y compresas, que son igualmente necesarios", incide Enrich. La variable del género contribuye a su invisibilización.

Ante la imposibilidad de comprar estos productos, muchas chicas y mujeres adultas se ven obligadas a recurrir a alternativas insalubres como usar una compresa durante tres días, calcetines, cartones, toallas, pañales o trozos recortados de pañales de bebés o personas dependientes para recoger la sangre de la menstruación.

Consecuencias para la salud

La pobreza menstrual, explica la directora de Period Spain, tiene consecuencias físicas y psicológicas. Utilizar estos apaños provoca infecciones vaginales y urinarias y sensación de humillación y vergüenza, reducción de la autoestima e incremento de la ansiedad. Algunas chicas dejan de ir a clase cuando tienen la regla. Las mujeres sin hogar no tienen acceso a lavabos.

Enrich destaca que las consecuencias de esta pobreza menstrual tienen un impacto a su vez en el sistema sanitario, cuestión de más para que las administraciones empiecen a poner soluciones al problema, que empezó a evidenciarse a raíz de la crisis sociosanitaria: "La pandemia ha puesto de relieve esta problemática que no sabíamos que existía".

Otros países llevan ventaja: en Escocia todos los edificios públicos administran estos productos de manera gratuita, en Nueva Zelanda se reparten en institutos de zonas desfavorecidas, en el Reino Unido se eliminó la tasa del IVA e Irlanda ha prometido hacerlo en 2022, mientras que Francia y Alemania también lo han bajado.

Despertar institucional

En España, a nivel institucional son varias las iniciativas que se han debatido en los últimos meses para abordar la pobreza menstrual: el Congreso de los Diputados aprobó en verano una proposición no de ley pidiendo al Gobierno que reduzca el IVA de los productos de higiene íntima y el Senado ha dado luz verde esta semana a una moción en la que se solicita al Ejecutivo que trabaje junto al resto de administraciones para acabar con la pobreza menstrual.

"Las mujeres no decidimos tener la menstruación, es innata en nosotras por el hecho de ser mujeres. (...) Es un proceso natural que supone un agravio económico para más del 50 % de la población", aseveraba la senadora que defendía esta moción, Elisenda Pérez (ERC), quien criticaba que artículos indispensables sigan siendo considerados como productos de lujo.

En las Cortes Valencianas hay una iniciativa legislativa popular para la gratuidad de estos artículos y en la Asamblea de Madrid se debatió (y rechazó) la puesta en marcha de un Plan Integral de Salud Menstrual que proponía Más Madrid para, entre otras medidas, la gratuidad de los productos de higiene en los centros públicos, la elaboración de un estudio sobre la pobreza menstrual, garantizar el acceso a lavabos públicos de mujeres vulnerables y la inclusión de contenido relacionado con salud menstrual en todos los ciclos educativos.

La responsable de Mujer de Más Madrid y diputada regional Loreto Arenillas, que defendió esta propuesta en la Asamblea, critica que la clase política haya ignorado de forma sistemática la realidad de la menstruación, "un tema básico" que ha estado invisibilizado y estigmatizado y del que se ha pasado por alto sus aspectos económicos, culturales, ambientales y psicoemocionales. La cuestión que subyace a este histórico mirar para otro lado es que la regla sólo afecta a las mujeres.

"Diferenciamos tipos de pobreza, por eso hablamos de pobreza energética y nadie lo cuestiona. ¿Por qué entonces se cuestiona la menstrual? Es un razonamiento machista", asevera Arenillas.

Un tema tabú

Rememora la diputada regional cómo otros diputados de la Asamblea bajaban la vista durante el debate de su propuesta cuando sacó una compresa: "Fue verdaderamente bochornoso. Fue el debate más vergonzoso del mundo, no salió adelante porque les daba vergüenza".

La regla continúa siendo un tema tabú en todos los estratos socioculturales y existe un gran desconocimiento sobre sus implicaciones en la salud y su impacto económico y psicológico. Para muestra, el efecto que la vacuna contra la covid-19 ha tenido en los ciclos menstruales de las mujeres. Tanto Arenillas como Enrich solicitan que se estudie en profundidad la magnitud de la pobreza menstrual.

El primer paso para avanzar, coinciden, es hablar con naturalidad de la menstruación y elaborar investigaciones a nivel estatal.

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La directora de Period Spain indica que la pobreza menstrual se combate con campañas de sensibilización que contribuyan a acabar con la vergüenza en torno al periodo, con la reducción del IVA de los productos de higiene íntima y garantizando que los colectivos vulnerables puedan obtenerlos de forma gratuita en espacios públicos. Los ayuntamientos de Sant Cugat y Sant Quirze han estado repartiendo estos artículos durante la pandemia.

"Es una cuestión de salud universal, de justicia social y de responsabilidad ciudadana", recalca.