Muchos están en buen estado

Amazon destruye cada día en España miles de productos sin vender

La compañía asegura priorizar la reventa o donación, pero imágenes y testimonios demuestran que destruye cantidades ingentes

Productos de Amazon destinados a la destrucción.

Productos de Amazon destinados a la destrucción. / El Periódico de España

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Analía Plaza
Analía Plaza

Periodista

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Amazon destruye miles de productos cada día en España. Son productos procedentes de devoluciones, que tienen alguna pequeña tara —embalajes dañados o electrónica a la que le falta una pieza— o que no merece la pena retornar al vendedor original porque sale más a cuenta deshacerse de ellos. Muchos están en buen estado. Amazon reconoce que la gestión de productos no vendidos es "un desafío" para todas las empresas y asegura que prioriza su reventa, reciclaje o donación.

La mayoría son artículos electrónicos, pero en las cajas que salen directas a las plantas de destrucción también hay ropa, líquidos, cosméticos y hasta alimentación, según han explicado distintas fuentes conocedoras del proceso a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Este medio ha accedido, además, a imágenes de centros logísticos de Amazon con decenas de cajas embaladas y preparadas para destruir.

Como se puede observar, las cajas llevan pegatinas identificativas de DESTROY [destruir en inglés] junto al tipo de producto que va dentro. Los RAEES son, por sus siglas, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Los líquidos y cosméticos llevan las siglas HAZMAT de 'Hazardous Materials', materiales peligrosos en inglés. El resto son cajas de ropa y cajas mixtas.

La empresa no da datos sobre cuántos kilos de producto destruye cada semana. Pero las distintas fuentes implicadas en el proceso hablan de hasta cinco tráilers diarios solo en la Comunidad de Madrid. Amazon cuenta ya con ocho centros logísticos en todo el país: San Fernando de Henares y Alcalá de Henares (Madrid), El Prat, Castellbisbal y Martorelles (Catalunya), Illescas (Toledo), Dos Hermanas (Sevilla) y Corvera (Murcia). Lo que sucede en España no es muy diferente a otros países. La cadena británica ITV News destapó el pasado mes de junio prácticas similares en el almacén de Dunfermline, en Escocia.

En un comunicado enviado a El Periódico de España, la compañía afirma que "gestionar las devoluciones y los productos no vendidos es un desafío, no solo para Amazon sino para todos los minoristas, tanto online como en tiendas físicas. Nuestra prioridad es revender, donar o reciclar los artículos devueltos, en ese orden de prioridad. Estamos comprometidos a reducir la eliminación de productos que para nosotros -al igual que para otros minoristas- es la opción menos atractiva, tanto desde el punto de vista medioambiental como económico".

"Amazon destruye a lo salvaje", resume una persona que conoce muy bien esta parte de la empresa y el sector. La destrucción no la hace Amazon, sino que se la subcontrata a una empresa especializada llamada Saica. Saica es una papelera con sede en Zaragoza que tiene una filial de gestión de residuos, Saica Natur, con planta en el polígono industrial de San Martín de la Vega, al sur de Madrid.

Es un lugar rodeado de basura, de pequeños trocitos de plástico y papel que traspasan los muros de la nave. Dentro, una operaria gira la cabeza al responder a cuántos kilos de material destruyen cada día de Amazon. "Muchos, muchísimos". Desde el departamento de comunicación de Saica señalan que "por confidencialidad" no pueden hablar sobre la actividad de sus clientes.

Saica Natur no puede destruir todo tipo de materiales. Los residuos electrónicos y peligrosos necesitan un tratamiento especial. Así que subcontrata a otras empresas. "Colaboramos con varios agentes que garantizan la correcta manipulación de los residuos", confirma la compañía. Saica Natur también tiene planta en Escocia y fue recientemente pillada por la policía del país enviando toneladas de residuos ilegales a China, hecho sobre el que han preferido no hacer comentarios.

¿Qué productos van a la trituradora de Amazon? ¿Qué sucede para que un objeto en buen estado termine en las cajas de destruir?

EL PERIÓDICO DE ESPAÑA ha reconstruido varios posibles supuestos a través de fuentes que han trabajado tanto en la compañía como en la destrucción. Hemos hablado, además, con varios vendedores españoles que utilizan la plataforma de Amazon para entender de primera mano cómo se gestionan las devoluciones y destrucciones.

Robots que destrozn productos

Rosa (nombre ficticio) trabajó en el departamento de calidad del centro de Amazon en Dos Hermanas, Sevilla. Por sus manos pasaban productos sobre los que tenía que decidir qué hacer: si enviar a destruir o a 'Damage Land', el lugar al que Amazon envía los productos rotos, pero recuperables, y que en español se traduce como 'la tierra de los objetos dañados'. La jerga de la compañía es la misma en todo el mundo.

"Cuando algo se rompe o se devuelve, pasa por calidad y se revisa. Si está bien, vuelve. Si tiene algún rayón o sabes que el cliente se va a quejar, las opciones son 'destroy' [destruir] y 'damage' [dañado]", explica. "Los productos que caen en 'damage' se los llevan a Madrid para reacondicionarlos. Los 'destroy' son los que sabes que no se pueden vender".

En las cajas se puede leer 'Destroy RAAES' (residuos electrónicos).

/ El Periódico de España

Mandar cosas a 'destroy', reconoce Rosa, es "un dolor". "Móviles sin cargador, cajas dañadas, aparatos electrónicos a los que les falta una mínima pieza. Ropa con alguna manchita. Recuerdo ver una caja llena de artículos electrónicos carísimos. A alguien se le ocurrió dejar encima un artículo de limpieza que se derramó. Permeó las cajas pero los artículos estaban bien. ¿Qué se hizo? 'Destroy'", enumera.

El centro logístico de Sevilla está robotizado, así que un escenario habitual es que a los robots se les caigan productos al suelo, les pasen por encima y los dañen.

Los robots, como se puede observar en vídeos sobre este tipo de almacenes, son parecidos a las aspiradoras Roomba y llevan hasta siete palés encima. Los almacenes de Amazon son iguales en todos los países, así que el relato de estos procesos coincide con el que hicieron trabajadores estadounidenses a 'The New York Times'.

"Muchas veces el almacén está por encima de sus capacidades y los 'stower' [mozos de almacén que colocan productos en los palés] sobrecargan al robot. Cuando este avanza, se le empiezan a caer las cosas y se genera mucha mercancía dañada", relata.

Amazon tiene un puesto dedicado exclusivamente a solucionar ese tipo de problemas: los 'amnesty', que llevan chalecos blancos.

"Si se caen cosas, las sacan. Te diría que entre el 20% y el 30% de lo que sacan va a destrucción. Pasa mucho con las tarjetas de memoria, con los maquillajes, incluso con los 'Kindles'. La instrucción general es que pienses en el cliente y en si lo va a querer. Pero es muy arbitrario, no se vigila demasiado. La empresa no funciona con criterios de calidad, sino de productividad", concluye esta antigua empleada.

Destrucción gratuita

Amazon gestiona dos tipos de inventario: el propio y el de terceros, los vendedores que usan su plataforma. Las fuentes consultadas coinciden en que las condiciones para estos últimos son cambiantes y no siempre iguales para todos.

Carlos Fernández es fundador de BuyBox, un software para gestionar ventas en distintas plataformas de internet, Amazon entre ellas. Conoce bien las tripas del gigante porque ha dirigido una empresa española especializada en vender productos pequeños (electrónica, material de oficina, herramientas, etc.) en Amazon.

"El vendedor envía productos al almacén de Amazon. Si alguno llega en mal estado, te lo comunican y tienes dos opciones: o te lo devuelven para que lo arregles o te lo destruyen. Eso tiene un precio que cada día cambia, aunque a nosotros no nos cobran nada", explica Fernández.

¿Qué significa llegar en mal estado? "Un producto con un leve toque en la caja no es apto para la venta", añade.

Una tercera opción es ponerlo a la venta en liquidación. Ahí va a parar a Warehouse, un apartado de productos de segunda mano. Todo esto sucede también con productos que no se venden y ocupan espacio en el almacén.

Amazon publica las tarifas por devolver productos a sus vendedores y por ponerlos de nuevo a la venta. Es más caro revender que devolver al vendedor. Las tarifas de destrucción no son públicas. Fuentes cercanas a Amazon señalan que destruir es la opción más cara para desincentivarla, pese a que Fernández asegura que en su caso la destrucción es gratuita.

El proceso es similar si un cliente compra y devuelve un producto.

"Si está en buen estado, vuelve al ciclo de venta. Si llega mal o han dado un cambiazo (la gente se queda con el producto que ha comprado pero lo devuelve metiendo otro en la caja), la mayoría de las veces Amazon asume el problema y te lo abona. Nosotros como vendedores recuperamos el dinero. Qué hacen con ello no lo sé: probablemente lo destruyan".

Cabe recordar que, para el cliente, la mayoría de devoluciones son gratuitas en Amazon, una política que promueve este tipo de comportamientos.

Relojes nuevos a la trituradora

Un último caso identificado por este periódico es el de la destrucción de stock por disputas con el vendedor. Le sucedió a Lluís Cerrillo, dueño de Saturday Trade, una pyme madrileña que vendía en Amazon y a la que el gigante presuntamente puenteó 'robándole' los proveedores. Saturday Trade ya ha demandado: reclama 4,5 millones de euros a Amazon, 1,5 millones por mercancía destruida.

Lo primero que destaca su abogado, Juan Luis Aguilera, es la abusiva cláusula sobre destrucción de productos incluida en el contrato entre Amazon y el vendedor. "Amazon impone su derecho a destruir la mercancía del empresario sin su voluntad ni derecho a indemnización", resume Aguilera.

La cláusula, incluida en la demanda a la que ha accedido El Periódico de España, establece que Amazon podrá deshacerse "de las unidades no aptas (y se considerará que usted accede a nuestra acción) inmediatamente" si esas unidades representan algún riesgo para la seguridad o si el vendedor ha participado en "actividades fraudulentas".

Amazon también destruirá productos no aptos si el vendedor no ordena que le sean devueltos en 30 días. Es decir, destruye por defecto si el vendedor no pide lo contrario.

Cerrillo vendía, entre otros productos, relojes de la marca Casio. "Un día nos dijeron que cuatro relojes de distintos modelos eran falsos. No nos bloquearon la cuenta entera, solo la venta de productos Casio. En la web que tienen para los vendedores, veía cómo mi inventario iba bajando: un día tenía 3.000, al día siguiente 1.500 y al siguiente 500. Me dijeron que si quería seguir trabajando con ellos tenían que destruir producto por valor de 180.000 euros. Solo me pagaron 50.000 euros, fue la única oferta", explica.

Pese a esa destrucción por sospechar que el producto era falso, Amazon siguió bloqueando los Casio a este empresario. Un empleado de la multinacional reconoció a Cerrillo estar peleando internamente para que le devolvieran los 130.000 euros restantes de valor del stock destruido.

Más adelante, Cerrillo tuvo el mismo problema con CD de la marca Verbatim. "Tuvimos una reclamación de un cliente, que probablemente era la competencia, diciendo que esos productos eran falsos. Empezó una carrera contrarreloj para demostrar su autenticidad", explica. Fue entonces cuando Amazon le bloqueó la cuenta entera y empezó la batalla legal. La compañía estadounidense retuvo en su almacén productos de Saturday Trade por valor de 1,5 millones.

"Supuestamente lo han destruido. Eso, o lo han revendido sin mi consentimiento", resopla Cerrillo. Consultada por este periódico, Amazon apunta que no comenta sobre casos abiertos y que, según su política de de protección de marca, destruye productos si descubre que son falsificados.

El sector: "Es súpernormal"

Las fotografías y testimonios anteriores demuestran que la política de Amazon con la destrucción no es ni mucho menos exquisita. Ni siquiera es la última opción, pese a que desde la compañía insistan en que priorizan la reventa y la donación. Para ello se apoyan en acciones solidarias, como una donación a Cruz Roja de productos por valor de 160.000 euros.

Una persona que trabajó en la fase de destrucción, una vez los productos han salido del almacén de Amazon, destaca que en las cajas de 'destroy mixto' se colaban demasiados tipos de residuos mezclados. "Lo mismo llegaba un jamón, que un coche con pilas, un cartón de leche, aerosoles o minibotellas de butano", indica. Lo ideal sería que los residuos fueran separados, aunque las empresas de destrucción pueden hacer esta tarea y cobrar por ella.

Fuentes del sector de la gestión de residuos consideran que semejante destrucción de productos no es un asunto "turbio".

"Es súper normal. Hay determinadas marcas de perfume de prestigio que, si al cabo de seis meses o un año no han vendido, destruyen para que no se revenda. Es habitual con medicamentos y con aparatos eléctricos o electrónicos", indican estas fuentes.

Las empresas suelen asegurarse de que la destrucción se lleva a cabo mediante un notario o cámaras de seguridad. "En el sector de los residuos a veces pasa que los empleados se apropian de productos que están bien. Hay marcas textiles que llevan a sus propios guardias a ver cómo se destruye la ropa para que no la birle ningún trabajador y no termine en mercadillos", indica otra persona conocedora del sector.

El destino de los productos destruidos es distinto según el material del que estén hechos. Hay materiales que pueden ser reciclados, pero Amazon no desglosa qué porcentaje de material destruido se recicla. Sí informa de diversos programas para reciclar los materiales de embalaje, como el plástico y el cartón.

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Con respecto a los residuos electrónicos, Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción, apunta que en España "no se trata ni una tercera parte de los residuos que se generan. O se exporta a terceros países sin una garantía de que se vaya a hacer bien o no se valorizan —valorizar es recuperar subproductos, metales como el oro, la plata y el zinc— porque es caro y no sale a cuenta. O se exporta o se vierte ilegalmente".

Hasta hace pocos meses, si el gestor de residuos —en el caso de Amazon, Saica Natur— incurría en ilegalidades, el responsable era él y no la empresa contratista. "La ley de residuos permitía que el productor se lavara las manos. Eso beneficiaba a los gestores 'low-cost', porque se buscaban los más baratos y lo que pasara con el residuo daba igual: ya se encargará el otro. Con la nueva ley de residuos, que se está tramitando, y el real decreto de traslados de hace un año, eso cambia y la responsabilidad del productor permanece hasta el final", zanja Arribas.

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