Perspectivas

El FMI pide a los bancos centrales planes para actuar con rapidez si se desboca la inflación

  • Las alteraciones en las cadenas de suministros y el alza de los precios lleva al organismo a rebajar las previsiones de crecimiento

  • El organismo corrige a la baja las previsiones de EEUU, Alemania, España y Japón, entre otras economías avanzadas

Gita Gopintah, economista jefe del FMI.

Gita Gopintah, economista jefe del FMI. / Reuters / James Lawler Duggan

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Durante meses desde numerosos bancos centrales, gobiernos y despachos de algunos analistas han estado lanzándose mensajes tranquilizadores sobre la inflación como un fenómeno transitorio vinculado a la salida de la crisis inédita que ha provocado la pandemia del coronavirus. Cada vez, no obstante, hay más dudas sobre cuánto tiempo y con qué profundidad va a mantenerse ese alza de precios y más temor de que se prolongue. Y este martes el Fondo Monetario Internacional, en otra señal de la “tremenda” incertidumbre creciente, ha urgido a los bancos centrales a preparar planes que permitan actuar con rapidez si se desboca la inflación o los riesgos se vuelven demasiado pronunciados.

“Aunque la política monetaria puede por lo general ignorar las subidas transitorias de inflación los bancos centrales deben estar preparados para actuar con rapidez si los riegos se materializan en esta recuperación inexplorada”, ha escrito en el informe sobre Perspectivas Económicas Mundiales presentado en Washington Gita Gopinath, economista jefe del FMI. Y se les pide que caminen por la fina línea entre "actuar pacientemente para apoyar la recuperación” y, a la vez, estar preparados para esa actuación rápida si fuera necesario. “Los bancos deben trazar acciones de contingencia, establecer claras referencias y actuar en línea con esa comunicación”, insitió Gopinath en rueda de prensa.

La economista pidió también “claridad y acciones consistentes” y urgió a evitar “accidentes políticos innecesarios que sacuden los mercados financieros y complican la recuperación global”, citando como ejemplos las luchas políticas en Washington sobre la elevación del techo de la deuda, las reestructuraciones desordenadas de la deuda en el sector de la propiedad en China o la tensiones comerciales y tecnológicas crecientes entre las dos naciones. Asimismo, recordó que aunque las respuestas deben ser diseñadas según las particularidades de cada país, en las conversaciones multilaterales debe tener un papel central la consideración de los posibles efectos de acciones monetarias y fiscales que no están sincronizadas.

Perspectivas rebajadas

A los miedos inflacionarios se dedica todo un capítulo en el informe, un documento en el que el FMI recorta ligeramente las previsiones del crecimiento global para este año al 5,9%. Es una rebaja de una décima respecto a lo que el organismo había calculado en julio, impulsada en parte por el descenso de la previsión de expansión de las economías avanzadas del 5,6 al 5,2%. La corrección afecta, sobre todo, a las economías avanzadas, con recortes de un punto en EEUU (la previsión de crecimiento para este año baja al 6%); de 0,6 puntos en Canadá (hasta el 5,7%) o de medio punto en Alemania y España (hasta el 3,1% y el 5,7% respectivamente).

Tras los números revisados a la baja para 2021 (mientras los cálculos para 2022 se mantienen en un crecimiento que se moderará hasta el 4,9%) hay otras razones y en el informe hay también más alertas. Porque el FMI subraya a las también crecientes divergencias y profundos desequilibrios entre países en la respuesta tanto sanitaria como política y económica a la pandemia.

Ahora, con el riesgo de la contagiosa variante delta aún vivo, el virus sigue amenazando la salida de la crisis, especialmente ante la gigante brecha en las vacunaciones entre los países según su nivel de desarrollo, lo que lleva al FMI a urgir a acabar con esa brecha en el acceso a inmunizaciones (cerca del 60% de la población vacunada en las economías avanzadas, solo un 4% en los países más pobres). “Los hechos han dejado meridianamente claro que estamos en esto juntos y la pandemia no acabará en ningún sitio hasta que acabe en todos”, dijo Gopinath, que urgió a asegurar que se de “amplia liquidez y alivio de la deuda a naciones más pobres”.

Inflación y problemas de suministros

El FMI marca otras prioridades como el combate contra la crisis climática pero en esta ocasión es el alza inflacionaria la que se lleva la parte central de la atención. Esta ha sido sustancial en muchos países, incluyendo EEUU, Reino Unido y Alemania y aún más pronunciada en economías emergentes o en desarrollo, pero también es heterogénea, como recordó en rueda de prensa Gita Gopinath, economista jefe del FMI, que destacó que “en las economías avanzadas los riesgos están ahí”.

Tanto ella como el informe señalan concretamente a los desequilibrios entre oferta y demanda que, como la pandemia, están prolongándose. Y aunque la previsión del FMI es que persistan unos meses tanto el aumento de la demanda y las alteraciones en las cadenas de suministros como las tensiones inflacionarias que provocan, se vislumbra que se empiece a volver a niveles de inflación anteriores a la pandemia a mediados del año que viene.

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Gopinath, no obstante, ha querido hacer hincapié en la “tremenda incertidumbre”. “Nunca hemos visto una recuperación de este tipo, donde hay desabastecimiento en el mercado laboral a la vez que hay altos niveles de desempleo; con puertos incapaces de descargar los contenedores”, declaró, señalando concretamente a Estados Unidos. “Tenemos que ser particularmente vigilantes para que estos shocks en el lado de la oferta no acaben desanclando las expectativas de la inflación o creando espirales salariales porque entonces empezarían a aparecer en la inflación subyacente y requerirían fuertes respuestas de política monetaria”, dijo la economista, que anunció que el FMI prestará particular atención a señales como esa potencial inflación salarial o a los efectos del alza en los precios de la vivienda.

Su informe también alerta sobre la subida de los precios de los alimentos, que se han elevado un 40% desde el inicio de la pandemia. Es algo con implicaciones especialmente graves en países de bajos ingresos, donde ya la inseguridad alimentaria es más alta y se eleva el peso en los hogares más pobres y el riesgo de revueltas sociales”.