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La inflación se desboca hasta el 4% y amenaza la recuperación

  • La escalada del nivel general de precios, que ha llegado a una tasa interanual del 4% en septiembre, tiene que ver con la energía y presenta riesgos para la economía

  • La electricidad, el gas y las materias primas complican la remontada tras la crisis del covid, pero el BCE insiste en que se trata de un fenómeno transitorio

Contadores de electricidad en un edificio de viviendas de Barcelona.

Contadores de electricidad en un edificio de viviendas de Barcelona. / REUTERS / ALBERT GEA

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Agustí Sala
Agustí Sala

Redactor jefe de Economía

Especialista en Además de El Periódico, trabajé de 1989 a 1990 en La Economía 16, como responsable de Economía en el Diari de Barcelona, de 1989 a 1990; en la sección de Economía de TVE Catalunya de 1987 a 1989, en Antena 3 de Radio, de 1985 a 1987 y en el Diari Menorca, de 1983 a 1985 y Radio 80-Menorca. Además la licenciatura en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona (1992-1986), tengo un posgrado en dirección general (PDG) 2011-2012y un curso de Márketing Digital y Redes Sociales por la EAE Business School

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En los últimos meses, el índice de precios de consumo (IPC), que recoge la cesta de la compra, se ha disparado hasta niveles de hace 13 años, con una tasa interanual del 4%, siet6e décimas más que en agosto, como indica el último dato avanzado del Instituto Nacional de Estadística (INE). La escalada registrada en los precios del energía, que coincide con el inicio de la recuperación tras la crisis provocada pro el coronavirus, tiene mucho que ver en en esta evolución. El Banco Central Europeo (BCE) y su presidenta, Christine Lagarde, insisten en que se trata de un fenómeno pasajero, pero hay expertos que ya vislumbran futuras subidas de los tipos de interés, que podrían empezar por EEUU y seguir en Europa. En contraste con estos mensajes públicos tranquilizadores de las autoridades monetarias, hay expertos que avisan de que la situación empieza a ser preocupante, dado que las economías europeas, en plena recuperación, son menos flexibles que la de EEUU, afirma, Pedro Aznar, profesor de Economía de Esade.

La energía

El precio de la energía tiene mucho que ver con la escalada que registra en los últimos meses el conjunto de la inflación. En agosto, el IPC ya alcanzó una tasa interanual del 3,3%, lo que suponía un nivel máximo desde 2012. Los sucesivos récords en el precio de la luz empujaron al conjunto, a pesar de que las medidas del Gobierno contuvieron una parte de ese impacto. Con todo, la electricidad subió un 7,8% en un mes y un 35% en 12 meses. El gas natural es uno de los principales causantes de la escalada en los mercados eléctricos europeos, junto con la cotización del CO2.

La tasa interanual de inflación subyacente, la que no incluye los elementos más volátiles como los alimentos no elaborados y la energía, ha escalado también tres décimas con respecto la mes anterior, hasta situarse en el 1%, tres puntos porcentuales por debajo del nivel general, la diferencia más alta desde 1986. Pero, en todo caso, indica que el despegue de la energía se estaría trasladando al conjunto de la economía, aunque todavía hay mucha distancia entre la inflación más volátil y la estructural. De ahí que las autoridades monetarias no estén todavía preocupadas o así lo manifiesten públicamente.

El encarecimiento de la energía complica las cosas más a España, que la paga más cara, que a otros países, lo que le hace perder competitividad. Y además, se trata de un bien poco elástico, por loq ue su encarecimiento hace que aumente la desigualdad, explica el profesor de Economía de Esade, Pedro Aznar.

Las materias primas

A pesar de considerar que la actual subida del nivel general de precios es un fenómeno transitorio, hay otros elementos que pueden complicar la situación y truncar na recuperación que parece consolidada en la mayoría de los países, como es el de la escasez de materias primas, provocada por el desajuste tras la paralización por la pandemia y la posterior recuperación, que ha dejado la oferta por debajo de la demanda y que eleva los costes de producción. Esto se ha visto en la evolución de los últimos datos de los precios industriales, con la mayor subida en cuatro décadas, según los datos de agosto. Un ejemplo son los chips, que han provocado parones en la producción de vehículos, como es el caso del último expediente de regulación temporal de empleo (erte) de Seat. El BCE admite, en todo caso, el riesgo que supone la escasez de materias primas y que esta pueda ser "más persistente" o que la inflación "resulte en unas demandas salariales" superiores. Todo ello puede derivar en lo que los economistas denominan efectos de segunda ronda, cuando las empresas pueden sentirse tentadas a subir los precios de sus productos y servicios para recuperar el margen perdido con el incremento de los costes, explica Pedro Aznar, profesor de Economía de Esade.

Los sobrecostes

Cuanto más elevada es la inflación más porción de los presupuestos públicos puede 'comerse' por el sobrecoste que significará en actualización de las pensiones, que se vuelven a ligar al IPC, y los salarios de los funcionarios y los empleados públicos. A su vez, recorta el poder adquisitivo de los asalariados y el rendimiento (ya muy limitado) de los ahorradores en depósitos bancarios, que retribuyen como mucho una media del 0,50% a más de un año y hasta dos, según los últimos datos del Banco de España. La inflación reduce el valor real del dinero. Con la misma cantidad se pueden adquirir menos bienes y servicios que unos mees atrás.

En esta situación, a su vez, crece la presión por las subidas salariales para recobrar poder de compra. Hasta agosto pasado, el incremento salarial medio pactado fue del 1,5% para 5,6 millones de trabajadores. No llega ni al 20% los convenios vigentes que incluyen cláusulas de garantía salarial que aseguren una revalorización –normalmente en línea con el IPC– a final de año. La herramienta tradicional para evitar sobrecalentamientos de la economía (despegue del a inflación), la subida de los tipos de interés, no la ha mencionado aún el BCE, pero hay expertos que temen que esté más cerca que lejos. En EEUU, con una inflación del 5%, ya se empieza a debatir sobre ello. Y se puede afirmar que "en el 90% de los casos, cuando ha habido subidas de tipos de interés en EEUU, las ha acabado habiendo en Europa", afirma Aznar. No es por mimetismo sino para evitar pérdida competitividad frente al dólar.