Pesca

La larga sombra de la veda a la anchoa

En 2005 entró en vigor la decisión de la Comisión Europea para mantener los niveles de stock de la especie

La medida impactó de lleno en la flota: parte de los trabajadores del sector tuvieron que reconvertirse

Tripulantes de un pesquero con cajas recién desembarcadas de anchoas. 

Tripulantes de un pesquero con cajas recién desembarcadas de anchoas.  / ESTEBAN COBO

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Lidia Montes

La decisión de la Comisión Europea de prohibir, en julio de 2005, la pesca de anchoa en el Golfo de Vizcaya tuvo un gran impacto en la flota gallega y todas aquellas que dependían de este caladero. La decisión de cierre tenía por objetivo mantener los niveles de producción suficientes de esta especie para responder a la demanda de 25.000 toneladas anuales de producto, lo que obligó a las conserveras a importar anchoa, entre otras regiones, de Argentina y el Mediterráneo.

La veda se levantó en 2010 tras la recuperación del stock de esta especie, pero no sin consecuencias para la actividad pesquera de Galicia, País Vasco y Francia, concretamente la Bretaña francesa. Ahora, un estudio científico evalúa los impactos socioeconómicos derivados de las medidas de adaptación a la veda de la anchoa para estos tres territorios desde 2005 a la actualidad. “Fue un cierre de la pesquería muy importante para estas zonas y no hay estudios de valoración retrospectiva de respuestas del sector a largo plazo y de cómo los sistemas productivos y de gestión respondieron a este problema”, introduce el propósito del proyecto FishAdapt Sebastián Villasante, profesor investigador de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y coordinador del proyecto de investigación EqualSea.

Los impactos asociados a la veda de la anchoa han sido dispares en función de los territorios analizados. Para la flota gallega, que contaba con 70 embarcaciones dedicadas a esta pesquería, la imposibilidad de faenar implicó la jubilación de un gran número de trabajadores de la anchoa. “Muchos tuvieron que retirarse, otros tuvieron que desguazar sus embarcaciones”, cuenta Villasante.

Lo ejemplifica con el caso concreto de Cambados. La localidad pontevedresa contaba con una docena de embarcaciones dedicadas a la anchoa. “El 80% de sus ingresos provenían de esta pesquería”, afirma el investigador. La moratoria de veda de la anchoa obligó a muchos trabajadores del sector a reconvertirse. Peor suerte corrieron otros, y es que entre un 45% y un 50% de la flota se vio obligada a desguazar o vender sus embarcaciones. “El nivel de incertidumbre era muy grande. Algunos armadores siguieron trabajando, pero otros no pudieron. Algunos que estaban a punto de jubilarse, se jubilaron. Los hijos de los armadores que no veían claro el futuro de la pesca optaron por vender algunas de las embarcaciones. La casuística fue variada para el sector gallego”, analiza Villasante.

En Cambados, la veda de la anchoa no llegó a traducirse en el cierre de un gran número de empresas, pero sí conllevó una crisis importante para muchas de ellas. La medida tuvo un impacto de género, explica Villasante, pues no solo afectó a los hombres, es decir, a los marineros sino a todas las mujeres con trabajos vinculados a compañías conserveras en donde manipulaban el pescado. “La respuesta de las conserveras fue traer anchoas de Marruecos, de Perú e incluso anchoa de Argentina para cubrir ese nicho de mercado. Fue la reacción de un sector que pretendía seguir abasteciendo a un mercado que continuaba demandando. “ Resulta complicado recuperar estos mercados si los pierdes. El sector fue capaz de responder a los cambios”, indica el investigador de la USC.

La comparativa

El que es el primer estudio internacional de las consecuencias de la veda de la anchoa revela cómo la adaptación fue distinta en Francia y en España. Las primeras conclusiones de la investigación apuntan a una respuesta a esta crisis más homogénea entre la flota gala. “El número de barcos que dependían de esta pesquería era menor. En Galicia y País Vasco teníamos mayor diversidad de flota y esto pudo contribuir a que la respuesta de Francia fuera distinta”, reconoce.

Las ayudas que recibieron los armadores vascos fueron ligeramente superiores a las que recibieron los gallegos. Los subsidios eran de 45 días para armadores y tripulantes además de un suplemento que aportaba la comunidad autónoma. “Entre los factores condicionantes figuran que los barcos vascos eran más grandes y llevaban más tripulantes, dos elementos que constaban entre los baremos establecidos para recibir estas ayudas”, matiza Villasante. “Galicia tenía, de media, 12 tripulantes frente a los 15 de País Vasco”.

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La pesquería se cerró porque estaba en una situación crítica. “La biomasa en aquel momento estaba en mínimos históricos y se apostó por campañas de monitorización del stock. La investigación pone sobre la mesa el gran impacto de esta medida para el cantábrico noroeste y Francia. Una evaluación realizada a través de entrevistas a los patrones mayores y ex patrones mayores de Portonovo, Cambados, Portosín, Sada, Foz y Caión que pretende marcar el camino para lo que pueda suceder con otras pesquerías de este tipo como la sardina: “son especies muy sensibles y vulnerables al cambio climático”, apunta el investigador de la USC.

El proyecto FishAdapt, que investiga cómo las comunidades pesqueras se han adaptado a un cambio a gran escala: el colapso de la pesquería de la anchoa entre 2005 y 2010 en el Golfo de Vizcaya, está coordinado por Jennifer Beckensteiner y Olivier Thebaud, de AMURE (Unidad de Investigación Universidad de Bretaña Occidental). En el proyecto también están participando Raul Prellezo (AZTI), Sebastian Villasante, Ana Tubio y Mariana Herrera (Universidad de Santiago de Compostela), y la Federación Gallega de Cofradía de Pescadores. Esta colaboración se enmarca también dentro del proyecto EqualSea-Transformative Adaptation Towards Ocean Equity, financiado por el Consejo Europeo de Investigación.

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