Abuso laboral

Amazon vigila a sus repartidores con unas cámaras inteligentes que les castigan injustamente

  • Una investigación de Vice destapa que el sistema de Inteligencia Artificial penaliza a los conductores incluso cuando no cometen infracciones

  • Empleados denuncian que Amazon se niega a atender las quejas por un modelo que les sanciona con importantes recortes salariales

Una furgoneta de Amazon descargando en una calle de Barcelona.

Una furgoneta de Amazon descargando en una calle de Barcelona. / RICARD CUGAT

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

Escribe desde Barcelona

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Enésimo escándalo en Amazon por abusos laborales. El gigante del comercio electrónico anunció en febrero que instalaría en sus furgonetas de reparto cámaras de vigilancia equipadas con Inteligencia Artificial (IA) para “mejorar la seguridad” de los repartidores. Sin embargo, una investigación de Vice ha destapado que este sistema penaliza injustamente a los trabajadores de la empresa por infracciones que no han cometido, lo que termina traduciéndose en recortes salariales.

Las cámaras con las que trabaja Amazon están desarrolladas por la startup Netradyne y sirven para vigilar a los conductores y detectar si cometen algún error durante sus jornadas laborales de reparto de paquetes por todo el país. Todas las imágenes que registran como infracción terminan siendo enviadas a un equipo de la compañía que evalúa lo sucedido.

Los repartidores de Amazon —así como los empleados de almacenes— trabajan bajo sistemas que captan y puntúan constantemente su rendimiento. Documentos internos de la compañía obtenidos por Vice apuntan a que si en 100 viajes detectan cinco o más “eventos de distracción” eso termina penalizando a los repartidores hasta el punto de hacerles perder un bonus económico.

Infracciones injustas

La gravedad del asunto llega porque el sistema de IA usado por esas cámaras perjudica automáticamente a los conductores por procedimientos poco sospechosos de ser infracciones. Así, la investigación destapa que se computa como fallo mirar por el retrovisor —pues supone quitar los ojos de la carretera— o si otro vehículo se acerca demasiado al de la compañía —pues supone no mantener la distancia de seguridad—. Además, por cada error la cámara avisa al repartidor. "Me grita una voz robótica, oscura y realmente distópica”, explican.

Para acelerar la entrega de sus productos por todo el país, Amazon subcontrata a empresas de reparto en las que trabajan conductores. El propietario de una de esas empresas en Washington ha explicado a Vice que, lejos de lo que dice públicamente, Amazon no les ha entrenado para usar esas cámaras con IA. “Dicen que es para tener una fuerza laboral más segura, pero en realidad están usando las cámaras para no pagar a las empresas de mensajería”, señala.

Recortes salariales

La suma de errores —aunque injustos— niega la bonificación, lo que supone un duro golpe económico para esas empresas subcontratadas y para sus repartidores. “Esta cámara nos cuesta cientos de dólares en ingresos cada semana que necesitamos para entrenar a los conductores y sobrevivir. Sin el bono, cierra el negocio”, apunta. Lo que Amazon se ahorra sirve para engrasar las cuentas del gigante, propiedad de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo.

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Repartidores contactados por Vice explican que, sabiendo que no han cometido ningún error, han intentado hablar con Amazon para que les muestren pruebas sobre esas supuestas infracciones, pero que la compañía ha ignorado sus quejas. “No hay posibilidad alguna de discutir sobre la posibilidad que quizás los datos de la cámara no son correctos”, apuntan. “Si planteamos problemas con las cámaras los gerentes los esconden debajo de la mesa, solo les preocupa sacar los paquetes”. Eso ha llevado a varios de ellos a cubrir las cámaras con ropas o pegatinas para evitar que los sometan a una vigilancia constante.

Este abuso no es nuevo. En febrero la Comisión Federal de Comercio de EEUU dictaminó que Amazon debe pagar 61.700 millones de dólares a repartidores de todo el país por haberse quedado ilegalmente con sus propinas. Ese modelo empieza a asomar la cabeza en Europa.