Testimonio

La otra cara de la recuperación: "No sabes si te llaman para renovar o para firmar el finiquito"

  • Tomás vuelve a trabajar de barrendero, tras 10 meses en paro; encadena contratos temporales tras estar 40 años como encargado de almacén

Tomás, lo acaban de volver a llamar para trabajar como barrendero tras 10 meses en paro.

Tomás, lo acaban de volver a llamar para trabajar como barrendero tras 10 meses en paro. / Álvaro Monge

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Gabriel Ubieto
Gabriel Ubieto

Redactor

Especialista en Mercado laboral, empresas, pensiones y las diferentes derivadas del mundo del trabajo

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Tomás, de 56 años, volvió a calzarse el mono de trabajo el lunes pasado tras 10 meses en el paro. Es barrendero en el distrito de Sant Martí, concretamente a él le toca peinar la parte barcelonesa de Rambla Prim. Un trabajo que, en otra zona pero para la misma empresa, ya realizó en otoño del 2020. “Lo he llevado mal, pensaba que ya se habían olvidado de mí”, reconoce. 

Tomás es la cara precaria detrás de parte de la recuperación de la economía española, sustentada en contratos temporales. Seis de cada 10 empleos recuperados tras el terremoto inicial del coronavirus son eventuales, según refleja la última EPA. Así como 9 de cada 10 contratos firmados este julio, según los datos actualizados este martes. Tomás entra y sale del mercado laboral desde que fue despedido de la tienda de artesanía en la que trabajó durante casi 40 años. "Desde los 18 años hasta los 54", recuerda. Allí era jefe de almacén, la mano derecha del dueño de una empresa familiar del barrio de Gracia que entre la anterior crisis y el relevo generacional quedó muy tocada. “Ya pensaba que me jubilaría allí, pero…”, recuerda.

Al perder ese empleo, ese día a día de casi 40 años, Tomás se vio arrojado a una situación totalmente nueva para él. En la que las ofertas de empleo ya no están en el diario del domingo, sino en la panoplia de portales de empleo. Y en la que él tiene 40 años más. “Envías el currículo y nunca te llaman. Una vez sí me citaron para una entrevista en Decathlon, en la que coincidí con un montón de gente joven. Me recibieron, pero veía que me estaban escuchando y que no volverían a llamarme”, explica este barcelonés con 40 años de experiencia en gestión de almacenes. “No se si piensan que vienes con una serie de vicios adquiridos y no vas a saber adaptarte o que no vas a querer trabajar por el sueldo que te ofrecen o es por cuestión de imagen… La cuestión es que no te llaman”, añaden. 

A partir de una edad no te llaman, no se si piensan que sabrás adaptarte o es por imagen, pero no te llaman”

Y así pasaron dos años y medio, en los que agotó la prestación de paro mientras encadenaba currículos huérfanos de respuesta. Tomás, no obstante, no recuerda esa época con especial dolor; la memoria tiende a dejar más espacio a los buenos momentos. Y es que durante esos años Tomás tuvo el tiempo que no había tenido hasta ahora para estar con su hija y recuperar aquellas cotidianidades que hasta ahora lo pillaban en al almacén, como prepararle el desayuno, llevarla a la escuela o jugar con ella por las tardes.   

Las penas mejor en compañía

Tomàs, en la asociación T'Acompanyem.

/ Álvaro Monge

“Mi familia me ayudó mucho”, cuenta. Su otro gran apoyo fue la asociación T’Acompanyem, un espacio con sede en la calle Biscaia de Barcelona para que las personas en paro compartan y vean que el desempleo no es un fracaso individual, sino una lacra que afecta actualmente a 3,4 millones de personas en toda España. “No nos solucionamos la vida, pero podemos hablar”, afirma. Una presencia compartida, una charla como terapia comunal que ahora la pandemia ha obligado a limitar. Pues el coronavirus no solo ha generado más paro -actualmente hay unas 400.000 personas más sin empleo que en julio del 2019-, sino que ese desempleo es más solitario.

En T'Acompanyem no nos solucionamos la vida, pero podemos hablar

Fue a través de T’Acompanyem que consiguió reengancharse al mercado laboral como barrendero. Trabajó 10 meses, no fue renovado durante otros tantos y ahora lo han vuelto a llamar. Tomás no esconde que el hecho de tener un contrato temporal le angustia. “Te levantas contento, pensando que ese será el día que te llamarán para volver. Luego llega la una del mediodía y ya intuyes que hoy no será el día y la cosa se pone mal”, explica. De momento tiene contrato hasta octubre y no sabe si la empresa le renovará o no. “El mismo día que te vence el contrato te citan para firmar la renovación o el finiquito”, cuenta. “¿Es justo? No, pero son las normas que les permiten y te tienen cogido porque saben que necesitas trabajar”, añade. 

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La recta final de la vida laboral no es lo tranquila que él se esperaba hasta hace bien poco. Se ha vuelto una lucha del día a día, de contrato a contrato; haciendo bueno ese refrán catalán de 'qui dia pasa, any empeny'. "Aún me falta para jubilarme. Lo ves allí cerca, pero el alivio todavía está lejos"; afirma. Hasta entonces Tomás sigue remando con ánimo.   

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