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Fluidra: El trampolín de la internacionalización

Fluidra recibe el premio Projecta, que distingue a las compañías con vocación e implantación internacional

Eloi Planes   Presidente Ejecutivo de Fluidra

Eloi Planes Presidente Ejecutivo de Fluidra / Carlos Garralaga

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Alberto González Reina

A veces parece que hablar a las pymes de internacionalización es no tener los pies en el suelo. “Suficiente tengo con encargarme de pagar las nóminas a final de mes como para pensar en eso”, te dicen. Pero quizás repasar otros casos de éxito pueda servir para iluminarles. Un ejemplo es Fluidra, empresa nacida en 1969 de la mano de cuatro familias catalanas, como suministradora de equipamiento para piscinas. Poco tardaron los administradores de aquel pequeño taller del Poblenou (Barcelona) en darse cuenta de que el mercado catalán y español no daba tanto de sí, y que había que empezar a mirar más allá. Así fue como comenzaron a cruzar los Pirineos para llevar su producto a Francia o a Italia. Actualmente tienen filiales en 45 países de los cinco continentes, más de 135 delegaciones comerciales y más de 35 centros de producción en todo el mundo. Además, cuentan con plataformas logísticas distribuidas estratégicamente para dar soporte tanto a los centros de producción como a los de distribución. Y, por si fuera poco, el pasado 29 de marzo Fluidra entró en el Ibex. Esta capacidad de posicionarse a escala internacional, convirtiéndose en embajadora de la calidad, la competitividad y la excelencia del sector empresarial catalán le ha hecho valedores del Premi Projecta.

Evolución del negocio

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“Nuestros clientes son los profesionales de las piscinas, a los que proporcionamos todo lo que puedan necesitar”, asegura Bea Strebl, directora de comunicación de la empresa: “filtros, bombas, sumideros, iluminación, productos químicos, equipos de desinfección, automatismos, conectividad, etcétera”.

Aunque en estos momentos, más que en la construcción de nuevas piscinas, “el negocio se encuentra en el mantenimiento y la mejora del parque existente”, explica la misma fuente. “Lo que se lleva ahora es, por ejemplo, no tener que echar el cloro manualmente para desinfectar el agua, sino la instalación de un equipo de electrólisis salina que genera cloro por sí solo”. Pero aún hay otra vuelta de tuerca. “Lo próximo es la conectividad, el poder controlar la piscina desde una app pidiéndole que encienda las luces, que caliente el agua, que retire la cubierta o que active la filtración”. Y, en este sentido, aún hay mucho camino por recorrer: “Este no es un sector donde se adopten rápido estas novedades. Hay que ir haciendo poco a poco”, admite la directora de comunicación. “En España, por ejemplo, hay 1’1 millones de piscinas residenciales. Conseguir explicar los beneficios de estos desarrollos será un proceso lento. Pero es el futuro, porque son sinónimo de comodidad, seguridad y sostenibilidad”.

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