Finanzas eclesiásticas

El Vaticano en el laberinto de su economía

La pandemia y los esfuerzos para mantener 'limpias' las finanzas complican la crisis económica vaticana

Pope Francis waves from the window of the apostolic palace overlooking St  Peter s Square during the weekly Angelus prayer on February 7  2021 in the Vatican  during the Covid-19 pandemic  (Photo by Filippo MONTEFORTE   AFP)

Pope Francis waves from the window of the apostolic palace overlooking St Peter s Square during the weekly Angelus prayer on February 7 2021 in the Vatican during the Covid-19 pandemic (Photo by Filippo MONTEFORTE AFP) / FILIPPO MONTEFORTE

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Una papelería que desde hace años funcionaba en Borgo Vittorio, cerca de la basílica de San Pedro, recientemente bajó la persiana, y trasladó su negocio a internet "de manera definitiva", como confesó una empleada. Estaba en uno de los alrededor de 600 bajos comerciales y oficinas que el Vaticano alquila en Roma, y la crisis le ganó. No es, por supuesto, un caso aislado. 

La pandemia ha aflorado el difícil momento que vive el Vaticano de Francisco, quien prometió limpiar las finanzas vaticanas, Ya en febrero, la Secretaría para la Economía vaticana estimó que el déficit para el año 2021 será de casi 50 millones de euros, que podría ascender a 80 millones si el Vaticano no puede usar los fondos que recibe como donaciones. Y los expertos consultados no descartan que la cifra sea mayor. 

La causa más inmediata remite a la emergencia sanitaria. Desde el inicio de la pandemia, han caído las principales fuentes de ingresos del Vaticano: además de los procedentes de los alquileres de las oficinas, también los de las alrededor de 2.400 viviendas que la Santa Sede posee, y las entradas de los Museos Vaticanos. 

Ser limpios cuesta

Años atrás, la Santa Sede podía compensar todo ello con incursiones en industrias rentables pero contrarias a su propio Evangelio, como hizo con la bélica Lokheed o las pastillas anticonceptivas. Como dice el vaticanista Francesco Antonio Grana: "Es evidente que, en el sistema económico actual, cualquier banco de un Estado laico puede hacer inversiones no éticas, por ejemplo en la industria armamentística. Este tipo de inversiones suelen ser muy rentables, pero Francisco ha dejado claro que esto es lo que no quiere". Moraleja: ser limpio tiene un precio.

Inés San Martín, periodista argentina y coeditora en Roma del periódico sobre temas religiosos Crux, tiene una visión similar. "El Vaticano, que durante mucho tiempo invirtió en distintas empresas que contradecían las enseñanzas de la Iglesia católica, ahora está haciendo un esfuerzo activo para evitarlo", señala, al añadir que aún así cree que todavía "sigue habiendo escándalos por revelar" sobre las finanzas vaticanas. "Escándalos que creo yo que van a seguir saliendo, lo que podría agravar, por ejemplo, la situación de la colecta del óbolo de San Pedro, donde se canalizan las donaciones al Papa de los fieles de todo el mundo", afirma.

En realidad, la situación viene de atrás. Lo explicaba a un medio vaticano el prefecto de Economía del Vaticano, el religioso español Juan Antonio Guerrero Alves. "Entre 2015 y 2019, la recaudación disminuyó un 23%. A esta disminución se suma la de 2020, primer año de covid, en que los ingresos del óbolo fueron un 18% menos. Es probable que este año aún se note la crisis del covid", dijo Guerrero Alves. La recaudación fue en 2019 de 53 millones de euros, y, en 2020, de 44 millones.

Altibajos

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Frente a esto, Francisco, no ha dado marcha atrás en las reformas. En abril, el Papa vetó las inversiones 'off shore' y se ha puesto en marcha un reglamento para transparentar los contratos y licitaciones públicas. Además, está casi cerrado el traspaso de los fondos y funciones económicas de la Secretaría de Estado de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que antes administraba el patrimonio inmobiliario del Vaticano, a Guerrero Alves. El pequeño país ha así recibido, “por sus importantes avances”, el aplauso de Moneyval, el organismo de vigilancia de los sistemas financieros del Consejo de Europa, pero también lamentó la escasez de recursos para investigar y luchar contra la corrupción

Imponer austeridad, ha sido la estrategia de Francisco para la curia romana. Pero hay tropiezos, como demuestra la protesta de los funcionarios, formalizada en una carta enviada al mismo Papa, en la que se denunció la disparidad salarial. "No ha de sorprender —dice Grana— porque hay diferencia entre quitarle 500 euros a un cardenal que cobra 5.500, y congelar el sueldo de un empleado laico mileurista. Lo veo mejorable", afirma.