Cuentas de 2020

El grupo BFA-Bankia perdió 5.517 millones antes de la fusión con CaixaBank

  • Los números rojos responden a un efecto contable por la integración y no aumentarán la cifra del rescate

  • El FROB también sufrirá pérdidas pero no afectarán a las cuentas públicas ni a la recuperación de ayudas

  • La participación del Estado se ha revalorizado en 1.700 millones desde septiembre y en unos 625 millones en 2021

José Ignacio Goirigolzarri y Gonzalo Gortázar, hace unas semanas en Valencia. 

José Ignacio Goirigolzarri y Gonzalo Gortázar, hace unas semanas en Valencia.  / GERMÁN CABALLERO

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Pablo Allendesalazar
Pablo Allendesalazar

Periodista

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El grupo BFA-Bankia perdió 5.517 millones de euros el año pasado, frente al beneficio de 310 millones de 2019. Se trata de los terceros números rojos desde su nacimiento en 2010, los primeros que sufre desde su nacionalización en 2012 (21.238 millones) y los décimos mayores registrados por una empresa española. El resultado negativo de 2020, sin embargo, no tiene nada que ver con el que experimentó el año de su intervención. El rescate público permitió entonces aflorar y sanear las pérdidas ocultas en su balance, sobre todo en activos inmobiliarios, mientras que ahora lo que se ha producido es un efecto meramente contable como consecuencia de la fusión por absorción de Bankia por parte de CaixaBank.

Hasta que se cerró esa operación hace unas semanas, el grupo bajo control público tenía una estructura doble. Por encima estaba la matriz, BFA, entidad poseída al 100% por el Estado, que a su vez tenía una participación del 61,83% en Bankia. Dicha participación le daba el control de su filial, por lo que ambas entidades presentaban unos resultados como grupo consolidado, además de los individuales (Bankia sola ganó 230 millones en 2020, mientras que BFA perdió 832 millones por la caída en bolsa de su participada). 

La fusión del banco con CaixaBank, sin embargo, obligó al grupo a reclasificar su participación en Bankia como disponible para la venta en sus cuentas del año pasado, ya que BFA iba a dejar en breve de controlar la entidad resultante (ahora tiene el 16,1% de la misma, frente al 30% de la Fundación Bancaria La Caixa). La normativa contable obliga a las empresas a recalcular el valor de los activos que van a traspasar y de ello se derivó una devaluación de los de Bankia en el balance del grupo de 5.584 millones, hasta los 204.243 millones, que es la que explica las pérdidas de 5.517 millones de la cuenta de resultados. 

Menos que el valor contable

Para entender esa devaluación hay que tener en cuenta que todos los bancos -salvo Bankinter- valen hoy por hoy en bolsa bastante menos del valor que dan a sus activos en sus libros de contabilidad (los inversores ven al sector poco atractivo por los tipos negativos del Banco Central Europeo, pero las entidades entienden que tienen más capacidad de generar resultados de la que se les reconoce). CaixaBank, así, ha pagado por Bankia un precio de mercado (unos 3.812 millones) muy inferior a su valor en libros y a su patrimonio neto, lo que ha obligado a BFA-Bankia a disminuir el valor de los activos de la filial en esos 5.584 millones.

Ello no implica que la fusión vaya a ser necesariamente un mal negocio para los contribuyentes. La participación pública en Bankia y desde hace unas semanas en CaixaBank se ha revalorizado en unos 1.700 millones desde que se anunciaron las negociaciones de integración en septiembre y en unos 625 millones en lo que va de 2021, hasta los 3.375 millones. Esta revalorización no se hubiera producido con casi total seguridad de seguir las entidades en solitario, ya que los inversores entienden que la entidad integrada tienen más capacidad de generar beneficios, y por tanto de pagar unos dividendos que permitan al Estado recuperar ayudas públicas. La nueva CaixaBank estima que podrá recortar sus gastos en 770 millones y aumentar sus ingresos en 290 millones al año.

La factura final del rescate, en todo caso, no se sabrá hasta que el Estado salga del capital (se acaba de dar hasta el final de 2023 para hacerlo). De momento, solo ha ingresado 346 millones de euros, un 1,4% de los 24.069 millones que inyectó. Bankia ha devuelto 3.303 millones, pero esos fondos nunca han llegado a las arcas públicas porque han servido para cubrir parte de la caída en el patrimonio de BFA provocada por las pérdidas que ha acumulado desde el 2015 a causa de la bajada en bolsa de su participada

Efecto en el FROB

Como adelantó EL PERIÓDICO en octubre, la fusión también va a impactar en las cuentas de Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), el organismo estatal dueño de BFA. Al ser el accionista de control tanto de la matriz como de la filial, el ente público no contabilizaba su participación en ambas según su hipotético valor de mercado, sino en función del patrimonio neto de todo el grupo menos los intereses minoritarios (básicamente, la parte del patrimonio neto de Bankia que correspondía al resto de sus accionistas que no eran el Estado). Así, le daba un valor (lo que llama "importe recuperable" de las ayudas) de 9.530 millones en el 2019.

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A finales de mayo presentará previsiblemente las cuentas de 2020. De mantener el mismo criterio contable, tendría que apuntarse unas pérdidas de 3.557 millones por su participación en BFA-Bankia, ya que el patrimonio neto del grupo menos intereses minoritarios bajó a 5.973 millones el año pasado como consecuencia del cambio contable respecto a la filial. Sin embargo, al dejar de ser un grupo consolidado, lo normal sería que opte por valorar su participación según el patrimonio neto solo de la matriz BFA, que bajó a 4.029 millones, con lo que las pérdidas para el FROB ascenderían a 5.501 millones.

El organismo está ultimando con su auditor, Mazars, qué criterio de valoración utiliza. Existen otras alternativas (como el valor razonable menos los costes de venta o el valor actual de los flujos de efectivo futuro derivados de la inversión), pero todas darán lugar a una abultada pérdida que previsiblemente llevará a negativo su patrimonio neto (2.231 millones en 2019) y le hará probablemente volver a convertir en capital parte del préstamo que recibió del Estado hace años (le quedan 7.456 millones). Esta operación, en cualquier caso, no aumentaría la cifra del rescate a la banca, no afectaría a la capacidad del Estado de recuperar las ayudas, ni tendría impacto en el déficit y la deuda públicas.