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Las historias tras la crisis del covid: "Me he quedado en paro a dos años de jubilarme"

  • La pandemia ha dejado, en su primer año, más de medio millón de nuevos parados, como Eduardo, que perdió su empleo tras cerrar la empresa donde trabajaba

  • Unas 750.000 personas han empezado el 2021 en erte. Macarena lleva así desde marzo, cuando comenzó la pandemia, y no sabe cuándo volverá a reincorporarse al 100%

Las historias tras la crisis del covid: "Me he quedado en paro a dos años de jubilarme"

J. Cotrina / R. Cugat

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Gabriel Ubieto
Gabriel Ubieto

Redactor

Especialista en Mercado laboral, empresas, pensiones y las diferentes derivadas del mundo del trabajo

Escribe desde Barcelona

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La crisis del coronavirus ha dejado, en su primer año, más de medio millón de nuevos parados. Las últimas estadísticas de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicadas este jueves revelan un balance desolador para el empleo. No obstante, detrás de las tendencias generales y de cada una de las cifras existe una historia, con sus acentos y matices. En este reportaje damos voz a dos personas a las que la crisis del covid les ha impactado directamente en sus carreras laborales. Eduardo, tras casi cinco décadas trabajando, ha perdido su empleo tras cerrar la empresa donde trabajaba. Y Macarena lleva desde que empezó la pandemia en erte, con la incertidumbre de cuándo podrá volver a trabajar con una cierta normalidad.

Eduardo Turégano: "Necesito cotizar un par de años más para poder jubilarme"

Eduardo Turégano ya trasteaba entre motores antes de hacer de ello su profesión. “Con 13 años mi hermano me castigaba mandándome al garaje a lijar y pintar coches”, recuerda. Un año después comenzaría formalmente su carrera laboral, a la edad de 14 años, en una cadena de alimentación. Y hasta hoy, que tiene 61 años y la crisis del covid lo ha dejado en paro. Eduardo las ha visto de todos los colores en casi cinco décadas de calzarse el mono de trabajo (casi) todas las mañanas. La crisis del petróleo (“antes de que gobernara Felipe González”, rememora) también provocó que perdiera su empleo. La del ladrillo la capeó, hasta que la del ‘bicho’ lo ha vuelto a apear, por el momento, del mercado laboral.


/ Jordi Cotrina

Eduardo llevaba 15 años en Establiments Coll, una empresa casi centenaria dedicada a los recambios de la automoción y con cerca de 300 trabajadores, que en septiembre presentó concurso de acreedores y cerró sus tiendas y talleres. Eduardo ha sido una de las muchas víctimas que está dejando la tormenta perfecta que vive la industria del automóvil: en plena transición hacia el vehículo eléctrico, acelerada por la covid y que, a su vez, ha provocado un desplome de la demanda. 

En los 47 años que lleva trabajando, Eduardo ha montado cabinas de pintura, ha arreglado elevadores de coche, se ha encargado del mantenimiento de máquinas de reciclaje disolvente y un largo etcétera de roles vinculados al auto. Hasta que llegó la pandemia. “El sábado estaba en el teatro viendo al ‘Tricicle’ y a la semana siguiente me mandaban a casa con un erte”, recuerda. Eduardo volvió en primavera a trabajar unas semanas, hasta que finalmente la empresa, “de buenas a primeras”, les anunció que pasaba del erte al ere.  

"He tenido problemas para cobrar el paro y al casero le debo mes y medio"

Tras formalizarse el despido colectivo, Eduardo ha tenido problemas para darse de alta en el Sepe para cobrar la prestación de paro. Uno de los miles de casos que han sufrido el especial colapso de las oficinas públicas de empleo en la provincia de Barcelona. “En principio ya está arreglado, debería cobrar este mes”, cuenta, un poco más aliviado. Durante los últimos tres meses Eduardo ha estado sin ingresos debido a esa incidencia en la prestación. “Al casero le debo mes y medio”, cuenta. 

Eduardo está en paro, pero se resiste a quedarse quieto. Lo que peor lleva del confinamiento municipal es que no puede moverse más allá de Barcelona para ir a tirar currículos. “Tras tantos años trabajando conoces a un montón de gente y yo necesito ir a los sitios”, explica este veterano. “Necesito cotizar un par de años más para poder jubilarme”, cuenta, tras casi cinco décadas contribuyendo al fisco.  

Macarena de Rosa: "Con la mitad del sueldo, vivo para pagar facturas"

Para Macarena, como para cientos de miles de trabajadores, el 2020 ha sido un año de erte. Unas siglas desconocidas para el común de los mortales hasta la llegada del virus y que hoy son tan habituales como WIFI o OK. Desde que comenzó la pandemia, esta contable ha estado en erte. Primero total, durante la etapa más dura del primer estado de alarma, y desde el verano parcial, de media jornada. ERTE, cuarto palabras que han servido para que Macarena mantuviera su empleo, pero que también le han dejado menos ingresos al final de mes en su cuenta y le han supuesto horas de silencio, con un Sepe comunicando al otro lado de la línea. 


/ Ricard Cugat

Tras la penúltima renovación de los ertes en octubre, todas las empresas que seguían en suspensión tuvieron que volver a enviar la documentación de sus trabajadores para que estos siguieran cobrando la prestación por desempleo. Al contrario que a muchos, que tuvieron retrasos al inicio de la pandemia y que luego se fueron solventando, ha sido en esta tercera ola cuando a Macarena le han llegado los problemas con el Sepe. 

Un error en la documentación librada por la empresa la ha dejado sin cobrar la prestación hasta este final de enero. “Con la mitad del sueldo [unos 650 euros], solo vivo para pagar facturas”, cuenta. Este mes ya respira más aliviada tras cobrar la parte del erte, pero la posibilidad de cualquier gasto imprevisto la ha tenido angustiada hasta ahora. “Suerte que mi pareja encontró trabajo durante la pandemia, debe ser la excepción que confirma la regla”, comenta. 

"¿Qué pasará si la empresa cierra el año que viene y me quedo sin trabajo"

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Cada mañana, desde principios de noviembre y hasta mediados de diciembre, Macarena repetía la misma rutina. Se levantaba y a las nueve de la mañana marcaba el número del Sepe, siempre con el mismo resultado: una grabación que no le daba respuestas. “Nunca pude contactar por teléfono. Tuve suerte y al final conseguí dos meses después cita en Sabadell”, dice. “No sabes donde quejarte y al final acabas enfadado contigo mismo, cuando no tienes culpa. Y yo la situación que tengo no es tan grave como la de otras personas…”, añade. 

A Macarena le queda tiempo de erte todavía. La gestoría donde trabaja está especializada en restaurantes, bares y locales del ocio nocturno; tres gremios que no pasan precisamente por sus mejores momentos. “Ellos no tienen faena y nosotros tampoco”, se resigna. El mecanismo del erte ha sido un salvavidas para el empleo, pero no un milagro ante la crisis sin precedentes que ha originado el covid. Macarena le da vueltas a la declaración de la renta que tendrá que pagar este año, con dos pagadores (su empresa y el Estado). También vive preocupada por el derecho a paro futuro que está consumiendo estos meses. “¿Qué pasará si la empresa cierra el año que viene y me quedo sin trabajo”, se pregunta.