Banderas del Reino Unido y la Unión Europea.

Brexit, un golpe de 15.500 toneladas en cuotas de pesca

Adrián Amoedo / Lara Graña | 01 enero 2021

El Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la Unión Europea y el Reino Unido ya está, finalmente, disponible. Más de 48 horas después de que se cerrase el periplo de cuatro años de negociaciones por el Brexit, y ante la total falta de información oficial desde Bruselas, el documento de 1.246 páginas está en manos de los armadores comunitarios. La pesca, como uno de los ejes sobre los que se centraron buena parte de las conversaciones entre Michel Barnier y David Frost, tiene un capítulo especial en el que se recoge cómo quedará el reparto de cuotas para las especies que la UE captura en aguas británicas y la relación entre ambas partes. Es decir, el tijeretazo en las posibilidades de pesca para la flota gallega y del resto de España. Si bien a priori no se verán afectados los cupos de las especies que se capturan en aguas ibéricas –especialmente aquellas que son objetivo de la flota de bajura–, el golpe en Gran Sol sigue presente y preocupa al sector, sobre todo de cara negociaciones futuras.

En base al acuerdo, Reino Unido dispondrá de un 25% del valor de las cuotas en juego (160 millones de euros) y se fija un período transitorio para los próximos cinco años y medio en los que el acceso a aguas estará garantizado. Pero los arrastreros y palangreros de fondo de Galicia que faenan en el histórico caladero sufrirán las consecuencias del pacto a partir ya de 2021: en base a las últimas cuotas acordadas, las de este año, España perderá al menos 15.500 toneladas de especies de gran importancia como la merluza, rape, rapante, cigala, rayas o bacaladilla, una vez se consume la transferencia total y gradual a Londres al final del pacto, a partir del verano de 2026. Y el sector en Galicia lo tiene claro: no se va a recuperar en el futuro lo perdido en el presente.

La Comisión Europea publicó el texto completo ayer por la mañana. Los países disponen de unos días para examinar los distintos compromisos pactados de cara a facilitar la aplicación provisional del acuerdo a principios de año. La pesca, prioridad máxima para Galicia una vez salvados los aranceles a otros sectores de vital importancia como la conserva, la automoción o el textil, figura en un apartado concreto de 14 páginas.

El articulado para la relación pesquera, que se recoge a continuación, cubre todos los aspectos que más polémica suscitaron –y todavía suscitan– tras el referéndum de 2016 e incorpora otros, como la situación del bacalao en Svalbard (Noruega). El apartado está encabezado por un acuerdo para la cooperación a la hora de “asegurar que las actividades pesqueras de poblaciones compartidas en sus aguas sean ambientalmente sostenibles a largo plazo y contribuyan a lograr beneficios económicos y sociales”.

Las cuotas

Lo que más preocupa al sector comunitario es cómo se organizará esa cesión para Reino Unido del 25% del valor medio de las cuotas que captura en aguas británicas (valorado en total en 640 millones de euros). Los cuatro anexos con las tablas recogen el porcentaje que irá creciendo en favor de Londres mientras se reduce el que tiene Bruselas de forma gradual y hasta 2026. Esto afectará a varios países, como España, en base al mal llamado principio de estabilidad relativa.

Este sistema de reparto, pergeñado principalmente por cinco Estados en el 1983 –Francia, Dinamarca, Bélgica, Alemania Occidental y la el propio Reino Unido– fue mínimamente modificado para hacer un pequeño hueco a España y Portugal, que se incorporarían tres años más tarde a la Comunidad Económica Europea. La española se quedó con menos de un reintegro: el 7% de las cuotas, que todavía preserva. Es la misma ratio que Holanda; pero este último país cuenta con el 6,6% de la capacidad pesquera de Europa (que se mide en toneladas GT), y la flota española roza el 22%.

Desde Bruselas ya anticiparon hace tres años que, pasase lo que pasase con el Brexit, los pesqueros gallegos no verían mejoradas sus posibilidades pese a la baja de Reino Unido del club comunitario. “La Comisión no ve ninguna razón para modificar la Política Pesquera Común, que continuará implementándose en todos sus aspectos”, zanjó el entonces presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker.

Lo que no se esperaba el sector, después de cuatro años de unión de los Veintisiete en esta y otras materias, es que finalmente la pesca se convirtiese en moneda de cambio en la mesa de Barnier y Frost y sufriese un descenso en sus cuotas, ya de por sí escasas. Según cálculos realizados por este periódico y en base a los porcentajes que se quedará Reino Unido a partir de 2026 –cuando finaliza la aplicación gradual– y a la estabilidad relativa, España perdería más de 15.500 toneladas de sus especies principales, donde el grueso (más de 8.800) serían de bacaladilla, especie clave para intercambios, pero que también incluyen otras de vital importancia como la merluza, rape, rapante, cigala o rayas de Gran Sol. Traducido en facturación, y de acuerdo a los precios medios de primera venta durante 2019, el montante total que dejaría de ingresar la flota se situaría en 36,7 millones de euros.

Si bien la afectación es distinta por especies y hay algunas que se han quedado fuera, lo que hace que España no sea de los más afectados (son las especies de aguas ibéricas), el país cuenta con cupo en un total de 17 de las 32 especies en las que habrá cesiones a Downing Street. Eso sí, finalmente no se entregarán cupos de especies de aguas profundas, como besugo, alfonsino, sable negro o granadero.

Otra cosa es lo sucede en pesquerías fuera de la UE. El sector pesquero se quedó a cuadros al ver que el acuerdo incorporaba también el reparto de cuotas de bacalao en NAFO, cuya división para la zona 3M ya se dio a conocer en la reunión anual para decidir las cuotas en este caladero, y de Svalbard, donde Reino Unido se quedará con un 25% de las posibilidaes de pesca. Esta cuestión, que se cita como “caso especial” y que pilló por sorpresa –e indignado– al sector, se estima en un golpe a la flota española de otras 1.200 toneladas a mayores.

Las cuotas pesqueras tras el Brexit. / HUGO BARREIRO

/ El Periódico

Negociación

Además del reparto de las cuotas, el documento también estipula cómo se organizará la negociación de los totales admisibles de capturas (TAC) para este período. Así, “a más tardar el 31 de enero de cada año” ambas partes se asegurarán de establecer un calendario de consultas con el fin de establecer los TAC para las especies compartidas. El objetivo de estas consultas es que como muy tarde el 10 de diciembre de cada año queden establecidas las posibilidades de pesca para estos mismos cupos en el siguiente curso, añadiendo que si para el 20 de diciembre no hay acuerdo sobre alguna especie, se establecerá un cupo de acuerdo a la recomendación científica.

En este artículo también se incluyen los intercambios entre las dos partes, para lo que se establecerá “un mecanismo para transferencias voluntarias durante el año”.

Acceso

El acceso a aguas está recogido en el artículo 8 del apartado de pesca. “Cada Parte otorgará a los buques de la otra Parte acceso para pescar en sus aguas en las subzonas ICES pertinentes ese año”, siempre y cuanto se haya establecido un TAC antes y “con el objetivo de asegurar un equilibrio mutuamente satisfactorio entre los intereses de ambas Partes”. Esto también se aplicará para las especies que no están en el sistema de cuotas, aunque en este caso el límite estará fijado por la media de capturas del período 2012-2016.

Este acceso se permitirá también para las aguas que se encuentran entre las millas 6 y 12 a contar desde la costa para aquellos que “tuvieran acceso a esas aguas el 31 de diciembre de 2020”. Este último punto también especifica que la prórroga de las cuotas acordada para el primer trimestre de 2021 se aplicará como TAC provisional para permitir el acceso a los buques pesqueros.

Rescisión y compensaciones

De igual forma el acuerdo incorpora las posibles “medidas compensatorias acordes al impacto económico y social de un cambio en el nivel y las condiciones de acceso a las aguas”. En el artículo 9 aparece reflejado que ese impacto “se medirá sobre la base de pruebas fiables y no meramente en conjeturas y posibilidades remotas” y que sus efectos pueden ser la suspensión “total o parcialmente” del acceso a sus aguas, así como levantar “el trato arancelario preferencial otorgado a los productos pesqueros”. Además, se “podrá solicitar el establecimiento de un tribunal de arbitraje” para vigilar el proceso y no estará permitido invocar “el Acuerdo de la OMC ni ningún otro acuerdo internacional para impedir que la otra Parte suspenda obligaciones” compensatorias.

En cuanto a la rescisión del pacto, el documento estipula que será posible con un aviso de nueve meses de antelación, cuestión que también aplica para lo acordado en aviación, comercio y transporte.

Malvinas

Por otro lado, y fuera de todo lo relativo a la pesca, el acuerdo refleja lo que recogía el adelanto de un día antes por parte del Gobierno de Boris Johnson en lo relativo a Malvinas. El resumen por capítulos de Londres estipulaba, entre otras cuestiones, que los pactos alcanzados entre Reino Unido y la UE no afectan a los territorios de ultramar como Malvinas, a la que en el texto completo citan directamente confirmando lo publicado ayer por este periódico: a partir del 1 de enero la flota gallega con bandera malvina sufrirá unos aranceles de entre el 6% y el 18% sobre el pescado que llega a Europa, en su mayoría a través del puerto de Vigo, y que nutre –principalmente con el calamar– la industria transformadora de la comunidad.

Lo que sí aparece en el apartado pesquero, en el artículo 10, es la excepción para las Dependencias de la Corona (Crown Dependencies), es decir, los paraísos fiscales de la Isla de Man (entre Irlanda y Escocia) y las de Jersey y Guernsey (en el Canal de la Mancha), que se incluyen en el acuerdo y a las que sí se permitirá el acceso a los barcos de pesca.

Ratificación del acuerdo en Londres

Los británicos no se tomarán con excesiva calma el análisis de las 1.246 páginas que componen el acuerdo del Brexit. La intención de Boris Johnson es que la Cámara de los Lores dé su visto bueno al texto la próxima semana, el 30 diciembre, pese a los intrincados preceptos legales que lo aderezan. No espera contratiempos. Theresa May fracasó en tres ocasiones.

Turno del Parlamento europeo para votar

Los Veintisiete irán con más calma. “El Parlamento Europeo se tomará su tiempo antes de aprobar finalmente el texto”, aseguró el eurodiputado Manfred Weber. El jefe de la Cámara, David Sassoli, apuntó además que pretende analizar “en detalle” el complejísimo documento. El acuerdo del Brexit se ejecutará, por tanto, de forma provisional a partir del 1 de enero.

¿Caben contratiempos?

Desde luego. Los jefes de Gobierno tienen poder de veto, y el acuerdo no quedará ratificado hasta que reciba los síes de todas las partes. Emmanuel Macron, con elecciones a la vista, advirtió que no dudaría en ejercer el suyo. Pero uno de los sectores más sensibles, el de la pesca, ha recibido el pacto con templanza. El director general de la principal patronal de armadores gala (Comité National des Pêches Maritimes et des Élevages Marins), Jean-Luc Hall, se mostró medianamente satisfecho. “El riesgo era perderlo todo, hemos salvado lo principal”. Sus barcos, como siempre quisieron e hicieron, podrán operar por dentro de las 12 millas. “Lo importante para nosotros era poder seguir accediendo a las aguas británicas porque no todas las especies están en cuota. Algunas son de alto valor de mercado, como el calamar o el salmonete”, apuntó a France Info. Macron les ha avanzado también ayudas para asimilar los recortes.


¿Habrá aranceles?

El hecho de que se haya alcanzado un acuerdo no implica que el Brexit no se haya consumado. Reino Unido no forma parte de la UE con todas las consecuencias, aunque se ha salvado –de momento– la opción de una salida dura. El acuerdo comercial, con exención de tasas, no será de aplicación para las Falkland Islands, como avanzó ayer FARO. “Este acuerdo no es de aplicación por parte de los territorios de ultramar”, dice el texto en su página 402. Uno de ellos, citado expresamente, es Malvinas. La flota abonará hasta un 18% sobre el valor del producto.

¿Y para los productos de España?

No. De igual modo que se ha salvado el acceso a aguas británicas, como enfatizan en Francia, no habrá un sobrecoste derivado de aranceles. “Tendrá graves consecuencias para las pesqueras danesas, pero es mejor de lo que me temía”, declaró a través de Twitter el ministro Rasmus Prehn. “Hay libre comercio, eso es bueno para nuestras empresas”. Eso sí, el coste logístico y burocrático no se ha cuantificado, y también es relevante.

¿Qué pasa con la conserva gallega? Partía con la barrera arancelaria más elevada en caso de un Brexit duro, de hasta el 24%, lo que implicaría la práctica expulsión de esta industria del mercado británico. Se ha evitado ese perjuicio con el tratado comercial. Eso sí, deberá adaptarse a gestiones de registro y certificaciones.

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