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César González-Bueno: Con la sonrisa... casi siempre

El nuevo consejero delegado del Sabadell reconstruyó NCG y fue el hombre fuerte de ING, entre otros cargos

César González-Bueno, consejero delegado del Sabadell

César González-Bueno, consejero delegado del Sabadell

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Julio Pérez

En poco más de dos años al frente de la nacionalizada fusión de las cajas gallegas, a César González-Bueno le dio tiempo a construir una entidad a su imagen y semejanza. Por parecerse, hasta el nombre elegido para la marca comercial, NCG, imitaba indisimuladamente su pasado como todopoderoso hombre de ING en España. Sacó adelante dos ERE para casi 3.000 trabajadores. Diseñó otro banco para segregar y vender la red foránea. Aligeró hasta lo mínimo la cartera industrial, incluidas algunas participaciones históricas. Y mantuvo siempre la sonrisa pública. O casi. 

El jueves 26 de abril de 2012 apareció por sorpresa en una de las numerosas manifestaciones convocadas por los afectados de las preferentes de Caixa Galicia y Caixanova en el pueblo de Moaña. Fue allí como podría haber sido en Vigo, en A Coruña, Lugo... Los más de 112.000 pequeños ahorradores atrapados en Galicia se convirtieron en un símbolo para el país entero, todos los días en la calle gritando por sus derechos, y el entonces consejero delegado de NCG sabía que sin solucionar el conflicto era imposible despejar el camino al plan del presidente y ex número dos de Inditex, José María de Castellano, de colocar el banco entre fondos extranjeros. 

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Juntos acudieron a Bruselas a pedir algún tipo de mecanismo para compensar a los tenedores. “Se nos llegó a decir que dejásemos de molestar”, confesó González-Bueno durante su comparecencia en la comisión de investigación de las cajas en el Parlamento de Galicia. Fue uno de los pocos que no mintió sobre la solución: “Jamás se resolverá del todo”. Tampoco el objetivo de su jefe Castellano. NCG acabó en manos de Banesco después de una subasta pública. Los dos se fueron sin mucho ruido y 600.000 euros de indemnización.

Madrileño, de 60 años, lleva casi un cuarto de siglo en lo alto de las cúpulas bancarias pese a que prefiere “el talento y no las jerarquías”. Pasó por Argentaria, Citibank e ING, a donde volvió tras su salida de NCG y una estancia de tres años en Kuwait como CEO de Gulf Bank. Es, según los que trabajaron con él, “lo más parecido al buen rollo que puede existir en un ejecutivo del mundo financiero”. Ahora es fácil verle sin su eterna corbata. La sonrisa la mantiene.