polítca monetaria

El BCE ampliará la compra de deuda y la inyección de liquidez barata a la banca

Lagarde concreta las medidas que prepara el banco central para su reunión de diciembre

La presidenta del organismo enfría el optimismo sobre el efecto a corto plazo de las vacunas

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. 

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.  / EFE / ARMANDO BABANI (EPA)

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P. Allendesalazar

El Banco Central Europeo (BCE) prepara la ampliación en diciembre del programa de compras de emergencia de deuda pública y privada por la pandemia (dotado hasta ahora con 1,35 billones de euros hasta finales de junio del 2021) y de las inyecciones de liquidez barata a los bancos para que concedan créditos. Así lo ha anunciado este miércoles su presidenta, Christine Lagarde, que ha concretado de esta manera el mensaje que lanzó hace unas semanas, cuando aseguró que el consejo de gobierno de la institución tiene previsto "ajustar sus instrumentos, según proceda" en su reunión del mes que viene.

Durante su intervención en el foro anual del BCE (que tradicionalmente tiene lugar en verano en la localidad portuguesa de Sintra, pero este año se realiza de forma virtual y en otoño), la alta funcionaria francesa ha confirmado así lo esperado por los analistas. En consecuencia, ha reducido la expectativa de otras medidas, como las rebajas adicionales de tipos de interés o la ampliación de otros programas de compra de deuda que no permiten centrar las adquisiciones a corto plazo en los países más afectados por el coronavirus, como España

"Aunque todas las opciones están sobre la mesa, el PEPP (programa de compras por la pandemia) y los TLROs (inyecciones de liquidez a los bancos) han demostrado su efectividad en el contexto actual y pueden ser ajustados de forma dinámica para reaccionar a cómo evoluciona la pandemia. Es probable, por tanto, que sigan siendo los principales instrumentos para ajustar nuestra política monetaria", ha anunciado Lagarde. 

Recuperación inestable

La presidenta de la autoridad monetaria de la zona euro también ha querido enfriar el optimismo generado por el reciente anuncio de Pfizer sobre la eficacia de su vacuna. "Estamos viendo un fuerte resurgimiento del virus y ello ha provocado una nueva dinámica. Si bien las últimas noticias sobre una vacuna parecen alentadoras, aún podríamos enfrentarnos a ciclos recurrentes de aceleración de la propagación del virus y endurecimiento de las restricciones hasta que se logre una inmunidad generalizada", ha advertido.

La recuperación económica, ha añadido, puede ser "inestable, intermitente y supeditada al ritmo del lanzamiento de la vacuna", por lo que una "respuesta política continua, poderosa y específica es vital para proteger la economía, al menos hasta que pase la emergencia sanitaria". No es el momento, ha advertido Lagarde, de estar preocupados por la posible "zombificación" de las empresas o porque se impida su "destrucción creativa" (es decir, que haya compañías inviables que sobrevivan por el apoyo público y que este obstaculice su desaparición, alterando la libre competencia en perjuicio de las más fuertes).

Recesión excepcional 

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La banquera central, en esta línea, ha advertido de que la segunda ola del coronavirus "no representa un peligro menor para la economía" incluso si resulta ser "menos intensa" que la primera. El mayor riesgo, ha alertado, es que la población deje de percibir la pandemia como un acontecimiento único y excepcional y, en consecuencia, se produzcan cambios de comportamiento más duraderos. Si es así, ha sostenido, las familias tendrán más miedo sobre su futuro y tenderán a gastar menos y ahorrar más, lo que perjudicará a la actividad. 

La consecuencia, ha continuado, es que muchas empresas que han sobrevivido aumentando su endeudamiento podrían decidir cerrar, lo que a su vez afectaría a las compañías que les prestan servicios o suministros. La recesión dejaría así de afectar solo a los sectores más directamente afectados por la pandemia. Los bancos, ha relatado Lagarde, comenzarían a endurecer las condiciones de sus créditos ante la creencia de que la capacidad de repago de las empresas se ha reducido, lo que a su vez provocaría que cada vez menos compañías estuvieran dispuestan o pudieran pedir préstamos.