30 nov 2020

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MESA DE EXPERTOS

La movilidad urbana necesita acelerar su proceso de transformación

El covid-19 ha generado múltiples cambios sociales y de costumbres en los desplazamientos, pero al margen de los efectos de la pandemia, las ciudades deben tender a un modelo verde, compartido y conectado

MONTSERRAT BALDOMÀ

Resumen de la mesa de expertos sobre movilidad urbana post-covid, organizada por Prensa Ibérica, EL PERIÓDICO y Acciona. / EL PERIÓDICO

El covid-19 ha venido a cambiar muchos hábitos, desde la forma de trabajar a la de consumir. En definitiva, ha cambiado la manera de vivir. Y este cambio afecta a la movilidad urbana. El teletrabajo, por ejemplo, reduce los desplazamientos y los atascos, y por ende, la contaminación, pero se está observando en estos meses un mayor uso del transporte privado en detrimento del  público. Las ciudades ya estaban inmersas antes de la pandemia en planes para lograr una movilidad sostenible, pero el covid-19 quizás obliga a repensarlos y, seguro, empuja a acelerar la transformación.

Para hablar de la movilidad post-covid, Prensa Ibérica, EL PERIÓDICO y Acciona han reunido a un grupo de expertos en la materia. En el encuentro, de carácter virtual, participaron Filippo Brunelleschi, director de expansión de Acciona servicios de movilidad; José Luis Zimmermann, director general de Adigital y Smart Mobility; Miquel Estrada, subdirector de los estudios de máster de la Escuela de Caminos de la UPC-BarcelonaTech; Joan Cavallé, responsable de automoción y movilidad de Accenture en España, Portugal e Israel; y Adrià Gomila, director de servicios de movilidad del Ajuntament de Barcelona.

Sostenibilidad, la máxima absoluta

Menos desplazamientos y más trayectos a pie, en bicicleta o en patinete. Pero también, por miedo al contagio, mayor uso de vehículos privados de combustión. Esto es lo que por ahora deja la pandemia en movilidad urbana, según coincidieron los expertos. Y de ahí que sea necesario actuar sin dilación para que a los propios efectos negativos  de la situación no se sumen nuevos problemas. Porque lo que el covid no ha cambiado son los principios que deben regir la movilidad del futuro. Y el primero es, sin duda, la sostenibilidad. "Debe ser una máxima absoluta en el desarrollo de las ciudades, porque ya antes del covid estaban en un punto de casi no retorno en cuanto a congestión y emisiones", sentenció Zimmermann, quien agregó que vamos a una movilidad diferente. "Es imparable e importante que se acelere y eso depende de la regulación, de la voluntad de los legisladores", remarcó.

Con o sin pandemia, afirmó Gomila, los objetivos a largo plazo siguen siendo válidos: "Reducción de la siniestralidad, reducción de la contaminación y mejora de la calidad del aire". ¿Cómo se consigue esta sostenibilidad? "Creemos en una movilidad conectada, eléctrica y compartida", declaró el representante de Acciona, a lo que Cavallé añadió que ésta además tiene que ser ‘human centric’, ‘end to end’ y escalable.

A los vectores de sostenibilidad, seguridadinteligencia, conveniencia y equidad destacados por todos los ponentes, Estrada sumó la resiliencia de las ciudades. "Tenemos que hacer ciudades eficientes con una red de movilidad muy competitiva", explicó. En materia de sostenibilidad, Barcelona tiene su meta: «Nuestro objetivo es que en el 2025 el 82% de los desplazamientos se produzcan con modos sostenibles», anunció Gomila.

Las ciudades de 15 minutos

El diseño de la ciudad, y no solo de la red de transporte, es fundamental para avanzar en esa nueva movilidad que, por otra parte, según recordaron Zimmermann y Gomila, no solo afecta a las personas, sino también a las mercancías, y más con el auge del comercio electrónico.

París ha popularizado el concepto de la ciudad de 15 minutos: esto es, que todo lo que un ciudadano tenga que hacer no le ocupe, en cuanto a distancia y tiempo, más de un cuarto de hora. Eso requiere una transformación de la ciudad. En este sentido, Gomila abonó la idea de evitar los desplazamientos innecesarios, pudiendo hacer trámites más cerca o telemáticamente, y una mayor mixtura de usos de los espacios de la ciudad. "Nos aportará beneficios individuales, laborales y colectivos", opinó.

Un capital inmovilizado

Hoy en día, subrayaron, no es necesario poseer un vehículo en propiedad para desplazarse. "Con la tecnología y la oferta que hay ya podríamos dejar de tener vehículo en propiedad, sobre todo en las grandes ciudades", opinó Brunelleschi, quien recordó que el coche particular es un capital con un alto coste operativo y que solo es funcional un 5% del tiempo. El resto, está aparcado. Gracias a la tecnología, prosiguió, las nuevas generaciones están menos interesadas en la propiedad y más en el pago por uso o suscripción.

Pero aunque el coche en propiedad pierda terreno, esto no convertirá a la producción de vehículos en una industria residual. Primero, porque los propios fabricantes también están transitando hacia nuevos modelos de movilidad, entrando en la multimodalidad, y segundo, como apuntó Cavallé, solo para reciclar a modelos sostenibles una parte del actualmente muy contaminante parque automovilístico mundial ya deberían fabricarse millones de vehículos.

Conveniente para el ciudadano

Con el coche privado de uso exclusivo saliendo de la ecuación de la movilidad urbana, "la propuesta de valor de los vehículos compartidos" gana en atractivo, enfatizó Brunelleschi. El transporte público es un elemento básico y estructural de las ciudades y debe jugar un papel principal en la modalidad del futuro, aunque como apuntó Estrada, "tiene poco margen de maniobra en adaptabilidad". En opinión de Gomila, el transporte público se basta para cubrir las necesidades en los centros urbanos, pero le cuesta más ser una opción competitiva en relación al resto de modos a medida que se aleja del centro. Y es ahí, añadió, donde la complementariedad con los otros modos "debe coger más fuerza". La multimodalidad es, a juicio de Brunelleschi, uno de los elementos clave de la movilidad del futuro.

Sin embargo, todos coincidieron en que en este escenario de movilidad multimodal se deben poner las cosas fáciles al ciudadano y no descargar en él la responsabilidad de cómo moverse. "Tiene que ser una movilidad pensada en la persona, que resuelva toda su movilidad, y no pensada en los medios de transporte", apostilló Cavallé.

Plataformas integradas

La tecnología es clave en todo este proceso. Para Cavallé, hay tecnología suficiente para todas las decisiones que tiene actualmente la movilidad, aunque admitió que "la tecnología se ha desarrollado de forma individual y por necesidad" y que, por tanto, al no estar integrada, no cubre por ahora una movilidad multimodal. "Aquí es donde debemos dar el siguiente paso", agregó, para añadir a renglón seguido que, "en bien de la ciudad" se debería caminar "hacia un escenario en el que los datos de movilidad en la ciudad sean públicos". La disponibilidad de tecnologías como el 5G permitirá, a juicio de Zimmermann, un salto en movilidad. "Este será el decenio en que pasaremos de una movilidad entendida como física a una movilidad entendida en una plataforma digital conectada con todos los actores", resumió Estrada. 

Innovación: de BCN a Estocolmo pasando por Toronto

Barcelona está, según Miquel Estrada, en primera línea de la innovación en materia de movilidad urbana. No en vano fue elegida para ser la sede del centro de movilidad urbana promocionado por el Instituto de Tecnología e Innovación de Europa, que aportará una inversión de más de 1.600 millones de euros en los próximos años.

Muchas son las ciudades del mundo que ofrecen buenos ejemplos sobre la movilidad urbana del futuro. Joan Cavallé destacó Toronto, que desde hace años goza de un sistema de movilidad integrado, que es "sostenible, eficaz, conveniente y pensado para el usuario". Gracias al conocimiento que tiene de las necesidades de movilidad de su población, la ciudad canadiense puede diseñar las infraestructuras que necesita cara al futuro.

Helsinki, Stuttgart y Múnich están desarrollando iniciativas de urbanismo táctico, de crear zonas en la ciudad flexibles que, en función de las necesidades, puedan tener un uso variable.

Dentro de los proyectos del Instituto de Tecnología e Innovación, Estocolmo está trabajando en autobuses eléctricos e incluso autónomos y modulares. La idea pasa por crear unidades pequeñas de buses que se puedan ir uniendo, sumando, pero constituyendo un solo vehículo de transporte. Estos buses gozarían de prioridad semafórica.

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