POLÍTICA MONETARIA

China también lidera la carrera por la moneda digital

El gigante asiático aventaja a Europa, Japón o Estados Unidos en la introducción de criptomonedas soberanas

Un billete de 100 yuan. 

Un billete de 100 yuan.  / FRED DUFOUR (AFP)

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Adrián Foncillas

Tarjeta o teléfono, preguntan en una cafetería pequinesa. "Efectivo". Estupor, nervios, preguntas por la llave de la caja, recuento compulsivo del cambio… El dinero físico ya es semiclandestino en China y no es improbable que la nueva divisa digital la elimine del mapa. Supone la depuración máxima del método de pago: ya no serán necesarias ni siquiera las aplicaciones en el móvil de Wechat o Alipey vinculadas con los fondos bancarios que concentran más del 80% de las compras urbanas actuales. 

La Moneda Digital para Pagos Electrónicos (DCEP, por sus siglas inglesas) concentra para Pekín lo mejor de los dos mundos. Prescinde de intermediarios y se beneficia de una robusta encriptación, así que supera en seguridad y agilidad al sistema SWIFT, que requiere de varios días para cerrar algunas transacciones y ha sido sufrido robos multimillonarios.  

Las monedas son creadas, firmadas y emitidas por el Banco Popular de China. Los particulares pueden descargarse las divisas en sus carteras virtuales como si extrajeran billetes de un cajero y pagar incluso sin acceso a internet. Su valor, grapado al yuan, no depende de los vaivenes especulativos de la oferta y la demanda de las criptomonedas. Pekín enumeraba sus ventajas meses atrás: reducirá costes, mejorará la eficacia y la seguridad de la política monetaria, aligerará y abaratará las transacciones internacionales y combatirá el lavado de dinero y otras actividades delictivas.  

A las 1.600 criptomonedas en circulación y las DCEP les une la tecnología y les separa su naturaleza: las primeras persiguen deslindar el dinero de los estados y las segundas los atan. No está China sola en la misión de la moneda digital soberana, pero aventaja en muchos cuerpos a Europa, Japón o Estados Unidos. La transición hacia la divisa digital se antoja mucho más veloz desde los pagos telefónicos que desde el efectivo.  

Pekín ya le daba vueltas al asunto cuando el anuncio de Libra, la nueva divisa de Facebook, aconsejó acelerar los trámites en junio del pasado año. China comparte con el resto de gobiernos globales los temores sobre divisas que escapan a la soberanía nacional y, además, la ausencia del yuan en la cesta de monedas de Libra acrecienta los riesgos de devaluación y de fuga de capitales. 

El proyecto empezó en mayo en cuatro ciudades (Chengdu, Shenzhen, Xiongan y Suzhou) y se ha extendido ya a Pekín y zonas del sur del país. Participan gigantes chinos de la banca y telecomunicaciones y también multinacionales como Starbucks, Subway y McDonalds. Cubre sectores como el transporte, la educación y la sanidad y un distrito de Shenzhen, el Sillicon Valley chino, repartió esta semana 10 millones de yuanes (unos 1,2 millones de euros) en sobres de regalo de 200 yuanes (25 euros) entre sus vecinos. El plan prevé que esté ya operativo en todo el país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín en el 2022.   

No escasea estos días el entusiasmo. Chandler Guo, pionero y gurú chino de las criptomonedas, ha pronosticado que "todo el mundo usará las DCEP en el futuro" y ha recordado que 40 millones de nacionales viven en la diáspora. Xu Yuan, profesor de Economía de la prestigiosa Universidad de Pekín, ha igualado su efecto histórico al del patrón oro adoptado en 1816 o al consenso sobre el dólar en los acuerdos de Bretton Woods tras la Segunda Guerra Mundial que aún rige hoy. 

No hay dudas sobre su éxito en el mercado interno. Se unen el empuje oficial, el entusiasmo de la población ante cualquier avance tecnológico y su despreocupación por el Gran Hermano. El pago por teléfono actual, de hecho, ya permite saber dónde está el particular y en qué gasta su dinero.  

"Muchos países están pensando ya en la divisa digital pero van mucho más retrasados. Si China quiere conseguir algo, pone todos los puentes necesarios", señala Jeffrey Towson, profesor de inversiones en la Escuela de Gestión Guanghua de la Universidad de Beijing. Las necrológicas del efectivo en China son precipitadas, advierte, porque seguirá vigente en asuntos que los chinos quieren blindar del ojo estatal como los impuestos.   

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Los DCEP son también un arma geoestratégica contra el dólar después del terco fracaso de sus intentos para aminorar su relevancia como moneda global. El billete verde concentra el 60% de las reservas extranjeras de los bancos centrales, seguida del euro con un 20%, mientras el yuan apenas se queda con el 2%. El SWIFT y el CRIPS, dominadas por Occidente, monopolizan las transacciones internacionales. En los DCEP confía China para levantar su propia arquitectura de pagos para incrementar su influencia y vadear la hipotética expulsión de los sistemas de pago occidentales en estos días convulsos para las relaciones bilaterales. Washington ya ha utilizado sus semiconductores como arma política y no es descartable que use su sistema bancario contra China como ya lo hizo con Rusia.  

Es previsible que la iniciativa triunfe en los países del entorno continental y que las reticencias hacia China la traben en el resto. Es una hipótesis factible: China paga a un país B con DCEP y este las destina para adquirir bienes a un país C, que las empleará para sus operaciones con un país D… todo el rastro podrá ser fiscalizado por Pekín. "No es una cuestión tecnológica sino política. Algunos países han seguido a Estados Unidos en su veto a Huawei y otros no lo han hecho", sostiene Towson.