Testimonios

"Yo no sé nada de ninguna recuperación"

María, de 48 años, lleva desde el 2018 en paro y hace tiempo que agotó su prestación

A Elsa, de 50 años, se le acabó el contrato en julio y todavía no ha cobrado el paro; mientras a Laura la empresa le obligó a dimitir para ahorrarse el despido

María, en la sede de la organización T’Acompanyem.

María, en la sede de la organización T’Acompanyem. / Jordi Cotrina (El Periódico)

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El mercado laboral español ha registrado en este septiembre 'pandémico' cifras históricas. Nunca el empleo había crecido tanto y nunca el paro había bajado tanto en un noveno mes del año. No obstante, los buenos datos de ocupación que constatan una incierta recuperación de la economía no consiguen eliminar la presión sobre los colectivos más vulnerables. Mujeres, jóvenes y temporales son los eslabónes más débiles del mercado laboral a los que la recuperación se resiste a llegar. Estos son algunos de sus testimonios.

María lleva desde noviembre del 2018 en paro. Su derecho a prestación hace tiempo que lo agotó y desde entonces echa mano de los ahorros (que ya se le acaban) y de toda la ayuda que le puedan prestar. Está parada, pero no quieta. María recita de memoria casi una decena de portales de empleo on line en los que rastrea diariamente empleo. «Ofertas hay, pero por cada una hay tantos candidatos», cuenta. «Yo no se nada de ninguna recuperación», añade.

La del coronavirus no es la primera crisis que le tocá sufrir a María. En el 2010 fue despedida en un ere cuando ejercía como recepcionista en Radio Barcelona. "Ya pensaba que era un trabajo para toda la vida", cuenta. Antes había desempeñado cargos de administrativa en la clínica del Pilar, en el Hospital Dos de Maig o en una agencia inmobiliaria. Tras el ere, María no puede volver a reengancharse al mercado laboral por una tormenta perfecta de magras perspectivas y un padre enfermo que requiere de cuidados. De todos sus hermanos (hombres), ella tuvo que "cargar con todo", recuerda.

Mientras no encuentra empleo, María es una de las miles de personas que está esperando a que le tramiten el nuevo Ingreso Mínimo Vital. A la expectativa de si finalmente le reconocerán o no el subsidio, acude a la asociación T'Acompanyem para hacer cursillos de orientación laboral, como preparase entrevistas, consejos para encontrar trabajo... Y lo que más valora en su situación: un grupo donde sentirse apoyada. Un colectivo que le permite ver que lo suyo no es un fracaso personal, sino una lacra social que afecta a 3,7 millones de desempleados más en España. El país de la UE que más empleo ha perdido durante la pandemia y que ya de antes era el segundo que mayor tasa de paro arrastraba.

Esperando al paro desde julio

Voluntarias de la organización T'Acompanyem preparan alimentos para repartir / jordi cotrina (el periódico)

Las limitaciones al despido impuestas desde el Gobierno no han evitado que muchos trabajadores hayan perdido su empleo durante la pandemia. Elsa es una de ellas. A esta mujer de 50 años le venció el contrato temporal en julio. Y, pese a registrarse al poco como desempleada, todavía no ha cobrado su prestación. «Te pasas el día llamando y cuando te responden te dicen que todo está colapsado, que falta persona y que hay que esperar», cuenta.

Elsa acude a la asociación T’acompanyem para recoger bolsas de comida con las que ir tirando. A esta mujer le han cortado los suministros en casa y hace malabares mientras espera que vuelvan a llamarla para trabajar de la ETT. «A pesar de los golpes de la vida, hay que caminar y caminar», dice, pensando en sus cuatro hijos. 

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Laura, de 53 años, no perdió su empleo porque le venciera el contrato, sino porque su empresa le obligó a renunciar al mismo. «Me acorralaron y me mareraron con mil papeles para que firmara», dice. Así la dirección esquivó la norma que impide despedir por causa de la covid. No tenía dinero entonces para un abogado y la cuota del sindicato dejó de pagarla hace meses para recortar gastos.

Laura estaba empleada en una fundación haciendo tareas de acompañamiento laboral e inserción. Llegó el virus y la formación dejo de servir caterings o realizar cursos de formación. «A mi trabajo no me faltaba», cuenta. Ahora rastrea internet buscando un nuevo empleo y desde julio espera a que le tramiten el Ingreso Mínimo. «Yo no como de manera retroactiva», dice.  

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