hábitos de consumo

La pandemia acelera la muerte de los centros comerciales en EEUU

Los 'malls' han articulado la vida de los suburbios y las pequeñas ciudades del interior del país durante décadas

El número de quiebras empresariales va camino de superar las cifras del 2010, el año más sangriento de la Gran Recesión

Mujer en Estados Unidos mirando el aparador de una tienda de ropa, durante la pandemia.

Mujer en Estados Unidos mirando el aparador de una tienda de ropa, durante la pandemia. / Etienne Laurent (EFE)

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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Es difícil entender la vida estadounidense de las últimas décadas sin los centros comerciales que articulan la vida de los suburbios y las pequeñas ciudades del interior del país. Nacieron tras la construcción de la red de carreteras interestatales a mediados del siglo pasado, cuando millones de jóvenes se mudaron a los relucientes suburbios en busca de espacio y comodidad, las 'cajitas' de inquietante uniformidad parodiadas por Pete Seeger en 'Litlle Boxes'. Unos perseguían su bocado del sueño americano; otros escapaban de la masiva migración negra a las ciudades del norte. Y los 'malls' no solo se convirtieron en sus catedrales consagradas al consumo, sino que han servido de plaza pública, de espacio de socialización, el lugar donde se va a ligar, a espiar al vecino o a pasar el día.

Pero las transformaciones sociales de los últimos años no les han sentado bien. Su modelo comercial llevaba años en declive y el coronavirus no ha hecho más que acelerar su lenta agonía. "El problema con los 'malls' es que se construyeron demasiados, muchos más de los que el mercado podía absorber", explica Mark Cohen, profesor de la Universidad de Columbia y antiguo consejero delegado de Sears en Canadá, uno de los buques insignia que durante años coparon el espacio en los centros comerciales. "El comercio electrónico acabó con la dependencia casi absoluta que muchos estadounidenses tenían de ellos. Empezaron a bajar las visitas y ahora el virus los ha mantenido cerrados durante meses. Muchos vuelven a reabrir, pero los clientes ya no van. La prioridad son las compras esenciales, no la moda o los artículos de decoración".

Es pronto para evaluar las dimensiones del cataclismo económico provocado por el Covid-19, pero Estados Unidos va camino de batir este año el número de quiebras que se produjeron en el 2010, el año más sangriento de la Gran Recesión. Hasta el 9 de agosto, 420 grandes empresas se habían declarado en bancarrota, según un informe de S&P Global. Una cifra que no incluye los miles de pequeños comercios que han bajado para siempre la persiana. Ese régimen jurídico permitirá a algunas franquicias restructurarse, pero otras pasarán simplemente a la historia. La debacle se ha llevado por delante a nombres de cabecera como Hertz (alquiler de coches), Chesapeake Energy (gas y petróleo), McClatchy (periódicos) o la rama estadounidense de Le Pain Quotidien (restaurantes).

Pero el peor parado está siendo el comercio minorista, los grandes almacenes y la ropa, precisamente el tipo de escaparates que han dominado durante décadas el paisaje del 'mall'. Entre las víctimas hay emporios con tanta solera como Lord & Taylor, el más antiguo de los grandes almacenes del país, fundado en 1826 por dos inmigrantes ingleses, cuando Texas era todavía parte México y la limpieza étnica de los indios no era más que un proyecto en ciernes. O los lujosos almacenes Neiman Marcus, así como los más asequibles JC. Penney, todos ellos hundidos por unas deudas masivas anteriores al parón de la pandemia. Sears hace tiempo que redujo su impronta para sobrevivir, mientras Macy's perdió en el tercer trimestre del año 360 millones de euros. Su futuro pende ahora de un hilo.

Franquicias en riesgo

No solo están desapareciendo los pesos pesados del mall. También las franquicias de ropa que lo han poblado. "La pandemia ha dejado millones de parados. Quien sigue trabajando, lo hace a menudo desde casa, de modo que hay pocos incentivos para comprar ropa. El estilo se está volviendo todavía más informal", dice Cohen. Se ha declarado en quiebra Brooks Brothers, que ha vestido a la clase dirigente desde 1818, pero también las marcas de trajes para hombres que han vestido al hombre común, como J. CrewJosh. A. Banks o Men’s Warehouse. Solo esas dos primeras tenían 1.400 tiendas repartidas por todo el país y unos 18.000 trabajadores. 

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Algunos 'malls' están tratando de reinventarse dedicando parte de su espacio a apartamentos, hoteles, oficinas, gimnasios o restaurantes. Pero las predicciones para el sector, que mantiene más de 1.700 centros comerciales en todo el país, son sombrías. Diversos analisis estiman que en los próximos cinco años desaparecerán el 50% de los 'malls', una cifra susceptible de aumentar en función de la duración de la pandemia. "Su modelo de negocio, que consiste en atraer al máximo número posible de clientes para que se queden dentro todo el tiempo posible, se está yendo a pique", ha dicho Neil Saunders, director de la consultora Global Data Retail. "Esto va a cambiar la fisonomía de América", afirmó desde Coresight, Deborah Weinswig, en una entrevista en el USA Today. 

En la muerte del 'mall' hay algo de justicia poética. Y es que fueron esos mismos centros comerciales los que acabaron con el comercio local de pueblos y pequeñas ciudades, convertidas en desolados páramos comerciales. Por lo que no es descabellado pensar que la muerte del 'mall' podría resucitar con el tiempo al negocio de proximidad. "No leeremos mucho al respecto, pero al igual que después de un incendio aparecen poco a poco los brotes verdes, también sucederá con el comercio local", opina Cohen desde la Universidad de Columbia.